Porfirio López

Acabar con la corrupción y “lacras” del antiguo régimen mediante memorándum.

El presidente de la República Andrés Manuel López Obrador acaba de publicar de nueva cuenta un comunicado donde pide a todos los secretarios de gobierno federal, a los directores de empresas u organismos paraestatales y a los servidores públicos en general no permitir que regresen las lacras del antiguo régimen: no permitir bajo ninguna circunstancia la corrupción, el influyentismo, el amiguismo y el nepotismo reza la doctrina del presidente en el documento oficial.
No es el primero ni el único presidente de la República que ha intentado publicar mecanismos de adoctrinamiento a sus funcionarios o subordinados. Lo implementó el ex presidente Miguel de la Madrid en los años 80 mediante la denominada Renovación Moral, veinte años después lo intentó el ex presidente Vicente Fox con su Agenda de Buen Gobierno, cuando llegó la alternancia democrática electoral en el año 2000 y recientemente el ex presidente Enrique Peña cuando presentó el modelo del Sistema Nacional Anticorrupción.

El documento expresa lo que para millones de mexicanos es un consenso, el poder público no debe servir como mecanismo de botín en ninguna esfera de gobierno, el poder debe estar al servicio del ciudadano. El gran problema que tenemos hoy es un extenso camino pavimentado de corrupción pública que le permitió primero a De la Madrid Hurtado, luego a Vicente Fox y recientemente al presidente López Obrador llegar a la titularidad del Ejecutivo. La gran virtud de ellos es que atinaron en el diagnóstico, pero en la práctica la corrupción sigue consentida en los tres niveles de gobierno.

Pensar que con un “memo” se puede reducir la corrupción acumulada durante treinta años es una ilusión. Manifestar que bajo ninguna circunstancia se pueden hacer gestiones, tramites o hacer negocios con el gobierno en beneficio o a favor de “recomendados” es digno de alabarse, pero el país no es Dinamarca o Suecia, es México y aquí el gran problema del poder público es la corrupción y la impunidad que atraviesa los tres niveles de gobierno y acompaña todo lo que el presidente López Obrador redacta en su memorándum.

Si en verdad quiere combatir la corrupción y hacer realidad lo que dice su documento, existen varios ejemplos donde existen dudas sobre los dichos presidenciales. Por ejemplo, en el caso de nepotismo, concepto que un amplio sector social recuerda por dos postales, la primera cuando el ex presidente José López Portillo cuando designó como subsecretario de Estado a su hijo José Ramón y la segunda cuando en plena alternancia electoral los hijos de Marta Sahagún de Fox hicieron negocios al amparo del poder presidencial. Tan solo por esos dos casos, hoy el presidente de la República nos tiene que explicar con claridad cuál es la función de su hijo José Ramón en el partido político que él fundo y porque anda en las entidades federativas adoctrinando a seguidores de Morena o porque su esposa Beatriz Gutiérrez Müller utilizó Notimex, la agencia de noticias del gobierno para promocionar sus canciones.

Si en verdad el presidente López Obrador quiere erradicar otra lacra del antiguo régimen conocido como el amiguismo y por qué se mantiene como una constante que el presidente de la República, el gobernador de la entidad, el senador de la República, el diputado federal, el diputado local o el presidente municipal sea del partido que sea asigna puestos estratégicos a sus amigos, el presidente de la República autonombrado honesto nos debe una explicación contundente sobre cómo llegó a la dirección de Petróleos Mexicanos Octavio Oropeza Romero y Rocío Nahle García a la titularidad de la Secretaría de Energía, si es por amiguismo o qué méritos tienen esos dos personajes públicos.

Si en realidad el presidente de la República quiere acabar con la corrupción y no permitir nada de nada, otra lacra del antiguo régimen expuesta por el presidente López Obrador es el influyetismo y de nueva cuenta surgen dudas en torno a la eficacia del memorándum presidencial. Por ejemplo, el presidente Andrés Manuel designó sin tener ninguna experiencia diplomática a Romeo Ruiz Armenta como embajador de México en Guatemala, su única relación es sentimental con Layda Sansores compañera de lucha social del presidente y actual presidenta de Álvaro Obregón en la Ciudad de México.

El mismo caso aplica para Yasmín Esquivel Mossa nombrada recientemente como ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación a pesar de estar casada con José María Rioboó, asesor, contratista y empresario preferido de la obra del aeropuerto de Santa Lucía. Mas casos de influyentismo, amiguismo y otras lacras del antiguo régimen representan la designación de la secretaria de Economía Graciela Márquez Colín quien está casada con Gerardo Esquivel quien solo tiene experiencia docente y fue designado por el presidente López Obrador en una posición estratégica como sub gobernador del Banco de México.

El memorándum presidencial si en realidad quiere ser tomado como un asunto serio y no como un distractor de la vida nacional o una simulación a favor de la corrupción consentida, nos debe como sociedad muchas explicaciones. Ejemplos en la Cuarta Transformación sobran, resalta el caso de Luisa María Alcalde Lujan nombrada por el presidente como titular de la Secretaría del Trabajo, sin experiencia previa más que la de ser activista pro AMLO en el desafuero de 2005 y participante en el bloqueo de Paseo de la Reforma de 2006, la hoy funcionaria pública es hija de Bertha Luján contralora del gobierno de la Ciudad de México en tiempo de López Obrador y una de las artífices para no saber con transparencia el costo de los segundos pisos.

La honestidad del presidente conforme avance el sexenio se irá poniendo a prueba, sobre todo si no ofrece los resultados esperados. Alguien debe avisarle al presidente de la República que la Administración Pública no se mueve solo en base a memorándums, existe un marco jurídico, un acto administrativo, un esquema de transparencia, mecanismos de rendición de cuentas. Operar y estar al frente de un cargo público requiere de conocimiento, experiencia en base al mérito y eso aplica en todas las esferas gubernamentales y demás espacios denominados de poder público, si el presidente quiere adoctrinamiento y sumisiones en lugar de sanciones, va directo al sendero de las simulaciones. Gobernar y ocupar espacios públicos no es un acto de fe o de lealtad a quien te regaló el puesto, el gobierno en sus tres esferas no es una agencia de colocaciones, es un acto de responsabilidad pública y eso por el momento no está sucediendo en la denominada 4T, ni en los gobiernos estatales, mucho menos en los espacios locales.

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