Regionvalles

Porfirio López

AMLO y la tierra prometida.

Andrés Manuel López Obrador quien tomará posesión como presidente de la República en quince días tiene la tierra prometida a sus pies. Tiene la mayoría legislativa en el Congreso de la Unión, en el Senado de la República, cuenta con la bendición de la clase empresarial del viejo régimen, tiene en sus manos un amplio poder de convocatoria, tiene simpatías en los emporios de radio, televisión y medios digitales o alternativos como las redes sociales y la mayoría de los gobernadores no han hecho ni una declaración que ponga en entredicho la denominada Cuarta Transformación.

Ello ocurre porque el país que tiene enfrente López Obrador está sumido en una gran crisis de corrupción, opacidad, claroscuros en la rendición de cuentas y en la transparencia gubernamental. Paralelamente esos efectos han transformado al país en la última década en un gran depósito de cadáveres en diversas entidades federativas y una alta presencia de grupos criminales que han diversificado sus actividades ilícitas. Por ello ganar la presidencia fue fácil y contundente para un luchador social que había venido denunciando todas las pifias del sistema de procuración de justicia y todos los elementos del sistema político, sin que supuestamente la corrupción y demás agregados lo alcanzaran.

Justo cuando está a punto de gobernar Andrés Manuel López Obrador muestra que todo lo que él denunció y encabezó a lo largo de más de tres décadas -desde la toma de pozos petroleros hasta la mafia del poder- sigue ahí, está presente y con más de uno de los íconos de la denominada “mafia” ha tenido que sentarse a dialogar si quiere cumplir lo que prometió en todas sus andanzas por la República Mexicana. Cantar las mañanitas al presidente electo, aprobar lo que el presidente electo quiere y mande y atender todas sus recomendaciones u ordenes no son otra cosa que una postal de pasado, una fotografía del México que se creyó extinto cuando en el año 2000 se produjo la primera alternancia, pero que, a dieciocho años de distancia, está más vivo que nunca con toda sus corrupción y opacidad en todo el andamiaje que ha armado el hoy presidente electo. No hay otra cosa más viva del viejo régimen que la figura de Porfirio Muñoz Ledo en la presidencia del Congreso de la Unión.

Tres preguntas son las que muestran que el país y la tierra prometida por AMLO no es otra cosa que lo mismo que nos vienen prometiendo desde la transformación del país en los años noventa, cuando se decidió desde la cúpula del poder político, económico y financiero -al igual que ahora-  que México se abriera al Libre Comercio y realizará un espiral de reformas denominadas neoliberales que terminaron limitando la libre competencia y generando monopolios en diversos sectores económicos, muchos de los cuales están presentes y tomando decisiones dentro del círculo íntimo de Andrés Manuel López Obrador.

¿Qué tanto va a cambiar el país con cambiarle el nombre a la Secretaría de Desarrollo Social a Secretaría del Bienestar Social? Si la Sedesol -creada por el gobierno de Carlos Salinas y que tuvo como primer secretario al extinto Luis Donaldo Colosio- fue acusada de ser la reserva de votos del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y después de lo mismo se ocupó durante doce años el Partido Acción Nacional (PAN), ahora que se llamará de Bienestar Social las cosas no pintan diferente. Se harán censos casa por casa para afiliar a quienes necesitan bienestar. Solo se cambian las palabras como en su momento Solidaridad se cambio por Progresa, después por Oportunidades y recientemente por Prospera. La realidad es que la desigualdad ahí sigue, permanece a la espera de que con el nuevo gobierno siga el disfrute del dinero público y de los programas sociales que generan clientela electoral en zonas urbanas, semi urbanas y comunidades rurales e indígenas.

¿Qué tanto va a cambiar el país retornando la creación de una Secretaría de Seguridad Pública y Protección Ciudadana y quitándole a la Secretaría de Gobernación la coordinación de Protección Civil? Parece que no cambiará mucho porque la presencia de efectivos de la Marina y del Ejército Mexicano seguirá en las calles de numerosas ciudades porque no existe confianza en la acción y presencia de policías municipales o estatales. Colocarle el adjetivo de protección ciudadana a una dependencia federal en tiempos donde los ciudadanos no tienen confianza en las instituciones de procuración de justicia y prefieren ellos mismos linchar delincuentes no parece ser la solución en el corto o mediano plazo para bajar la incidencia criminal en el país. Hay que recordar que es con Vicente Fox en el primer gobierno federal de alternancia cuando se crea la Secretaría de Seguridad Pública, aparece la Agencia Federal de Investigación (AFI) y se crea todo un andamiaje policial que no erradica la presencia de grupos criminales, sino al contrario todo termina en alta presencia criminal, en mayor capacidad de fuego y con proliferación de las denominadas células criminales en todos los estados de la República que en los últimos diez años han diversificado sus actividades ilícitas lo mismo en las grandes urbes como la Ciudad de México o  Monterrey que en zonas indígenas de Chiapas o Oaxaca.

Por último ¿Qué tanto va a cambiar el país con la aparición de la figura de delegados estatales o denominados coordinadores en los estados nombrados por el presidente? La respuesta en este caso no admite dudas: no cambiará nada. El delegado estatal nombrado por el presidente será la oreja del presidente y la sombra del gobernador en turno. El Congreso de la Unión de mayoría morenista aprobó la creación de una figura que será nombrada directamente por el presidente de la República, que no necesitará ni experiencia política, mucho menos experiencia académica, para tratar todos los asuntos derivados de la aplicación de recursos públicos. Si los delegados no necesitarán esa experiencia y si serán nombrados por el dedo del presidente ya nos podremos imaginar que función y que acciones emprenderán los denominados delegados estatales en cada una de las entidades. En síntesis, la tierra prometida por López Obrador sigue oliendo a más salinismo, a más neoliberalismo y a más desigualdad social, esos tres vértices seguirán aportando beneficios para abonar clientelas electorales y en consecuencia. la transformación del país bien puede esperar otra elección.

 

 

Commentarios

comentarios

To Top
Abrir Chat
1
Close chat
Hola gracias por visitarnos.

Empezar