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Porfirio López

Ante la corrupción, primero negar todo y luego no pasa nada

El último escándalo de corrupción que exhibe a Emilio Lozoya Austin ex director de Petróleos Mexicanos (PEMEX) quien habría recibido un soborno de diez millones de dólares por parte de ejecutivos de alto nivel de la empresa brasileña Odebrecht, volvió a colocar en la agenda nacional una moda entre la clase política mexicana de este sexenio, que consiste primero en recibir mediante sorpresa el golpeteo mediático internacional y luego salir con comunicados o mediante la red de Twitter negar toda acusación y exigir justicia por difamación.

El asunto de la presenta corrupción de Lozoya Austin es el último escándalo que involucra a diversos personajes y políticos mexicanos que han laborado en el actual gobierno federal que encabeza el mexiquense Enrique Peña Nieto. Como nunca hemos sido testigos de acusaciones graves contra un segmento del andamiaje gubernamental y como nunca hemos atestiguado como las acusaciones en diversas circunstancias se han ido desvaneciendo en la marea informativa en lugar de proceder judicialmente o penalmente contra los acusados.

Negar las acusaciones de corrupción que han sido evidenciadas en diversos reportajes e investigaciones de medios de comunicación impresos y digitales ha sido una constante del sexenio de Peña Nieto. Él mismo negó acusaciones de corrupción o sobornos cuando ocurrió el escándalo de la famosa Casa Blanca y en un alarde de transparencia mando a auto investigarse para que no quedara duda de su honestidad y la Secretaria de la Función Pública concluyo en  sus investigaciones que el presidente quedaba exonerado de conflicto de intereses.

Después de ese evento nada fue igual, con ello se inauguró una nueva etapa del político mexicano en  el actual sexenio, negar toda acusación  o toda investigación periodística se volvió recurrente. Meses después el entonces secretario de Hacienda y hoy titular de Relaciones Exteriores Luis Videgaray Caso y el secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong fueron vinculados a sobornos millonarios  recibidos por empresas inmobiliarias ligadas al primer círculo político del presidente de la República. La versión final también fueron declaraciones de los involucrados que negaron todo y atribuyeron las investigaciones a rencores políticos.

A ello le siguió una retahíla de versiones de corrupción que carcomió toda el andamiaje político a nivel federal y estatal. Más de un gobernador fue exhibido en diversas investigaciones periodísticas de tener nexos con grupos criminales, de tener propiedades en zonas de elite en el extranjero, de desviar millones de pesos a procesos electorales, de enriquecerse de forma ilícita, de tener acceso a compras millonarias de joyería y otros enseres domésticos, de tener ranchos con sistemas modernos de riego y con ganado de alto registro, de hacer depósitos millonarios, de tener empresas en territorio nacional y en el extranjero y de usar a su familia como prestanombres.

Pero de forma inmediata a la versión periodística, los involucrados hacían aparecer a su equipo de abogados para negar la  acusación, hacer vídeos, usar la red social Twitter, aparecer en entrevistas de radio y  televisión y ponerse a disposición de la autoridad correspondiente para que su nombre y su honorabilidad familiar salieran limpios.

Así encontramos personajes de la talla de los dirigentes nacionales del Partido Acción Nacional (PAN) y del Partido de la Revolución Democrática (PRD) Ricardo Anaya y Alejandra Barrales cuando descubrieron los medios de información sus  constantes viajes al extranjero del primero y los departamentos costosos de la segunda. Situación que nunca pudieron explicar, pero que lo primero que se les ocurrió hacer fue negarlo todo.

Recientemente Eva Cadena una operadora del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) y aspirante a presidenta municipal en Las Choapas, Veracruz fue exhibida en una serie de vídeos recibiendo dinero en efectivo, cuando fue descubierta la política local lo negó todo. Historia similar ha ocurrido con el futbolista Rafael Márquez y el cantante de música regional Julión Álvarez, quienes fueron vinculados a lavado de dinero, de entrada lo que hicieron fue la negación de las acusaciones.

Por tanto que hoy Lozoya Austin aparezca vinculado a sobornos recibidos por la empresa brasileña Odebrecht que tiene un historial de corrupción que involucra a ex mandatarios en Sudamérica no es una sorpresa, como tampoco es una sorpresa que niegue las versiones del periódico  O´Globo. Lo interesante de todo ello es el desenlace que ese nuevo escándalo sobre todo por la conexión que la empresa tendría con el grupo compacto del presidente Peña Nieto cuando éste era candidato presidencial, lo que escalará de aquí a que inicie el proceso electoral del año 2018 y lo que es peor si todo ello quedará como una anécdota que ingresará al anecdotario nacional de la corrupción que carcome a la clase política enquistada en todas las franquicias electorales.

 

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