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Porfirio López

¿Qué hemos aprendido y que nos falta por aprender en y con democracia?

El pasado domingo se celebraron elecciones en Estado de México, Coahuila, Nayarit y Veracruz para renovar gubernaturas y presidencias municipales. La jornada electoral deja lecciones políticas para todos los partidos políticos, los aspirantes a la presidencia de la República, los organismos electorales, los tribunales electorales y los ciudadanos.

Los resultados obtenidos en dichas contiendas es apenas una radiografía breve de lo que viene para el año próximo cuando se dispute electoralmente la titularidad del Poder Ejecutivo, el Senado de la República, el Congreso de la Unión y muchos legisladores locales y presidentes municipales intenten reelegirse.

El cuatro de junio reflejo lo mucho que hemos aprendido y lo que nos falta por aprender en y con la democracia. Mucho de ese aprendizaje o la resistencia de no aprender ejercicios democráticos se lo debemos a los actores políticos que intervinieron en las contiendas políticas. Lo cual evidencia que en el año próximo la ignorancia de los candidatos y sus equipos, la guerra sucia y las descalificaciones en elecciones seguirá siendo un arma para desacreditar adversarios.

¿Qué hemos aprendido y que nos falta por aprender en democracia? Empezaré por lo primero. Ya hemos aprendido que las elecciones son el medio para transitar hacia la alternancia electoral, que las elecciones son vigiladas por ciudadanos que tienen simpatías por un gran número de partidos políticos y que firman las actas correspondientes cuando concluye la elección.

También hemos aprendido que existen organismos electorales que se integran por ciudadanos ajenos a los partidos políticos y ese aprendizaje se ha trasladado a las jornadas electorales cuando un contingente de ciudadanos ejerce su trabajo de funcionarios electorales en sus respectivas colonias y son ellos los que cuentan los votos de los ciudadanos y los exhiben públicamente al terminar la votación.

Otro aprendizaje que hemos asimilado a lo largo de más de veinte años de celebrar jornadas cívicas es que existen tribunales electorales para dirimir las diferencias o problemáticas cuando los actores políticos en las contiendas electorales sienten que han sido afectados en los márgenes de votación.

Un aprendizaje de nuestra vida democrática es que existen una mayor cantidad de candidatos porque existe un mayor número de partidos políticos que participan en elecciones bajo esquemas de alianzas, frentes o coaliciones. A esa dinámica hay que agregar una nueva figura política que surgió en este sexenio que son los candidatos independientes y los próximos procesos de reelección legislativa y municipal.

¿Qué no hemos aprendido en y con la democracia? No hemos aprendido que en democracia se gana o pierde por escaso margen de votación, la tendencia en las últimas elecciones estatales y municipales se ha tenido esa dinámica y por ello existen una multiplicidad de acusaciones silvestres de fraude electoral o de compra de votos, bloqueo de instalaciones y falta de reconocimiento a los candidatos electos.

No hemos aprendido que quien pierde se tiene que retirar para volver a contender bajo formas democráticas en la siguiente elección y los ciudadanos que participaron al otro día tienen que trabajar como sucede en toda democracia. En lugar de ello hemos presenciado desconocimiento de las autoridades electorales, incertidumbre sembrada en conferencias de prensa, descalificaciones a las instituciones, acarreo de clientela electoral y la técnica de “si no ganó yo, entonces hay fraude electoral o elección de Estado”, sin que medie una investigación seria o pruebas contundentes.

En y con democracia no hemos aprendido que se debe participar cuando se desarrollan elecciones y esa tarea de convencimiento no es solo de las autoridades electorales, sino parte de la participación les corresponde a los partidos políticos. Una de las causas de que los ciudadanos no vayan a las urnas y se tengan tasas bajas de participación ciudadana en elecciones se debe a la baja calidad moral y la pésima percepción que se tiene de todos los partidos políticos y sus respectivos candidatos.

En y con democracia no hemos aprendido que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) estará en las próximas elecciones federales, estatales y municipales con una maquinaria territorial que es envidia de todos los partidos políticos. La oposición política no ha aprendido otro discurso que no sea invocar al PRI como si el siglo XX no se hubiera ido y lo peor cuando un partido de oposición llega al poder su comportamiento es similar a los esquemas de gobierno priista, lo cual genera un desencanto social.

Con esos lastres a cuestas es como se desarrollaron las elecciones del pasado cuatro de junio. Las elecciones del 2018 no serán diferentes, el nivel caminara por la ruta de las descalificaciones, de las agresiones, los discursos huecos a favor y en contra de quien detenta el poder, grabaciones, flujos de dinero en efectivo, recursos millonarios provenientes de las autoridades electorales, presunción de logros gubernamentales, maquinarias territoriales aceitadas para ganar o torpedear elecciones, gobernadores metidos a estrategas electorales, candidatos independientes que no emocionan a nadie, presidentes municipales recaudando dinero para pagar operadores en colonias y ejidos, pleitos internos entre los actores de los principales partidos políticos y exhibición de la miseria política en las redes sociales. Todo ello más lo que se acumule, servirá en el año 2018 para evidenciar que el mexicano promedio ha aprendido poco cuando se trata de convivir en y con la democracia.

 

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