Reportaje

Beto Ramón, el curandero que traspasó las fronteras

Además de sus parajes naturales, su deliciosa gastronomía, su música y demás expresiones  culturales, la región Huasteca suele ser conocida por ser una zona en la que la vasta variedad de follaje crea una serie de paisajes tan similares y únicos a la vez, que enamoran a aquel que por primera vez recorres estos lugares.

Más allá de una belleza atractiva para el ojo humano, entre las muchas especies que conforman la flora de la región existen plantas con propiedades curativas y medicinales para el ser humano, mismas que han sabido ser utilizadas a lo largo de los años para diezmar, inclusive curar los padecimientos de la gente.

Muchos han sido aquellos que a través de los años han dedicado su vida a esta práctica, pero de entre todos existió una persona que sobresalió debido a la efectividad de su trabajo y cuya figura trascendió las esferas sociales del país y fue reconocida más allá de las fronteras, me refiero a “Beto Ramón”, ese personaje oriundo de esta Huasteca Potosina, quien gracias a su vasto conocimiento dejó un legado que continúa presente aún después de su muerte hace casi quince años.

Domingo Ramón Guadalupe, nació en el rancho Aguacatitla, perteneciente al municipio de Axtla de Terrazas, el 14 de noviembre de 1936, sus padres fueron el señor Ramón y la señora Guadalupe, nombres de los cuales provienen sus apellidos según la tradición Náhuatl.

Su abuela Lupe era una conocida curandera de esa localidad y fue gracias a ella que tuvo su primer acercamiento con las plantas medicinales, dándose cuenta rápidamente que tenía el don de curar las enfermedades a base de hierbas, por lo que decidió continuar estudiando las propiedades curativas de las plantas, y realizando diversas combinaciones entre éstas para poder curar diferentes enfermedades.

Fue solo cuestión de tiempo para que de boca en boca surtiera efecto y el rumor de que en Axtla había una persona que curaba todo padecimiento a base de productos naturales se extendió rápidamente entre la región, el estado, el país e incluso más allá de las fronteras.

Fue en el mismo pueblo que lo vio nacer, donde Beto Ramón instaló su consultorio, siendo este una construcción de varios niveles que a día de hoy es conocido como “El castillo de la salud” y que debido a sus vivos colores y exuberantes formas resulta además un atractivo visual dentro de esta comunidad.

Ahí, la gente llegaba por centenares en busca de una cura para los padecimientos que sufrían, incluso muchos de ellos tenían que pasar la noche a la intemperie para poder tener una consulta con él, personas que venían tanto del interior del país como procedentes de Estados Unidos, América Latina o Europa. Se dice que en sus mejores tiempos Beto Ramón atendía a 150 personas diariamente.

Entre sus pacientes más reconocidos destacaron nombres como el Presidente de la República, Adolfo López Mateos; los cantantes Leo Dan, Joan Sebastián y Frank Sinatra, por mencionar solo algunos, pero se dice que fueron muchos los famosos y políticos que acudieron a él en busca de alguna cura. 

Fue presidente municipal de Axtla en el año de 1993, y para 1995 fundó el laboratorio de plantas medicinales “Santo Domingo”, y transmitió sus conocimientos y sabiduría a sus hijos Armando y Praxédis Ramón, para que continuaran con su encomienda.

El negocio familiar pasó de una simple consulta a convertirse en todo un emporio que a día de hoy cuenta con un gran número de gente trabajando en diferentes departamentos, además de tener sucursales para la venta de sus productos a lo largo y ancho del país.

Debido al fuerte poder que fue adquiriendo con el paso del tiempo, tanto económico como político y social, no estuvo exento de polémicas pues se decía entre la gente del pueblo que a pesar de haber ayudado a mucha gente con la construcción de sus casas, de escuelas y pozos comunitarios también se rumora que hacía a veces de cacique y actuaba manipulando a la gente de la localidad a su antojo, y según lo que él consideraba que era correcto, o no.

A él se le adjudica también la introducción de energía eléctrica, drenaje y otros servicios, al ejido pues su casa fue la primera en contar con éstos servicios, y de ahí se extendieron hacia el resto de la localidad.

Beto Ramón es recordado también como un hombre de carácter recio que hablaba sin tapujos y que estaba acostumbrado a que se hiciera su voluntad, pero también se dice que era estricto y disciplinado, y fue un creador de empleos durante una dura época de crisis en el país en esta zona donde la alta marginación prevalece aún hoy en día.

Fue padre de 22 hijos que tuvo con seis mujeres, sin que esto significara un punto negativo al menos entre los nativos de la zona pues de acuerdo a las costumbres, un hombre puede tener las mujeres que pueda mantener y las reunía en una misma morada, lo cual no es mal visto pues representa poder y fuerza para la familia.

Beto Ramón falleció a la edad de 68 años el 12 de abril del año 2004 a consecuencia del cáncer, enfermedad que no pudo curarse a sí mismo.

Querido y admirado por muchos quienes además de un benefactor vieron en él a una persona que utilizó sus dones para ayudar a la demás gente, y repudiado por otros que aseguran que no era más que un farsante que supo cómo aprovecharse de la ignorancia y la necesidad de la gente para sacar provecho, lo cierto es que Beto Ramón dejó un legado que a poco menos de quince años de su muerte sigue vigente.

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