Porfirio López

Ciclovía, centro histórico y ciudad administrativa.

El gobierno local que encabeza Adrián Esper Cárdenas y la Secretaría de Turismo del Gobierno del Estado que dirige Arturo Esper Sulaimán presentaron en días pasados sus anteproyectos ante el gobernador Juan Manuel Carreras López. Lo que ahí se evidenció es lo que el munícipe local había presumido en su campaña política y que un año después presenta junto con el titular de turismo estatal ante el mandatario potosino, lo cual en la maqueta se ve bien, pero ahora habrá que analizar si ello se puede consolidar durante el tramo gubernamental que le falta cubrir al gobernante municipal o se queda solo en eso: en proyectos.

De entrada, habrá que decir que los anteproyectos tales como la ciclovía, la remodelación de la plaza o jardín principal, el Centro de Policía y Seguridad Pública y la construcción de un edificio que se llamará Ciudad Administrativa y Judicial, es un largo anhelo para edificar otra Ciudad Valles. Ello tiene que ver con diversas cosas o circunstancias de índole política y económica suscitados en los últimos años, por ejemplo, el aprovechamiento de la ribera del río Valles, la continuación de proyectos pasados que consideraron en su momento otros gobiernos locales sin poder concretar o implementar, el reordenamiento del primer cuadro de la ciudad y el tan llevado y traído tema del aprovechamiento de la región huasteca como destino turístico.

En muchos sentidos, cobra relevancia lo presentado por Esper Cárdenas y su equipo de trabajo. Al margen si son obras de impacto, si la ciudad lo requiere, si es mejor pavimentar calles, si es más optimo atender comunidades marginadas, si es parte de un capricho personal del alcalde o de cualquier otra situación que genera “grilla política”, Ciudad Valles tiene que verse a futuro y al menos en la presentación lo que ahí se vio y observó es una idea de ciudad para el futuro: espacios públicos recuperados para atraer turismo, vías ordenadas de ciclopista para reducir emisiones de contaminantes, una remodelación integral de la plaza o jardín municipal y reducción de gasto de operación al colocar en un mismo sitio un ciudad administrativa con lo cual el gobierno local dejará de pagar onerosas rentas o de colocar áreas gubernamentales distantes de la ciudadanía.

Muchos ciudadanos se estarán preguntando si esos anteproyectos se harán realidad cuando en repetidas ocasiones -al menos en la última década- se han presentado maquetas o ideas sobre un reordenamiento urbano. Quien no recuerda cuando en el trienio de la recién fallecida profesora Socorro Herrera Orta se presentó la maqueta del andador turístico denominado Bicentenario en las orillas del río Valles, la idea de la Ciudad SOL (Segura, Ordenada y Limpia) presumida por el ex alcalde Rómulo Garza, proyectos locales que terminaron en la sospecha de la corrupción consentida: la planta tratadora de aguas residuales Birmania, el proyecto del relleno sanitario y las consecuentes multas, el proyecto de un rastro municipal con registro TIF, la instalación de parquímetros con esquemas de participación escasos de transparencia, la edificación en la opacidad del complejo deportivo Manuel Gómez Morín, la construcción del fraccionamiento Bicentenario y otros tantos proyectos en materia de turismo, seguridad pública o recuperación de espacios públicos que quedaron en el olvido en los últimos quince años.

Ahora estamos en la misma encrucijada, creer o no creer en la remodelación de la plaza, creer o no creer que atraparán delincuentes en tiempo récord, creer o no creer en la inversión de miles de millones de pesos, creer o no creer en la que dice un alcalde, un secretario de Estado o un gobernador constitucional, creer o no creer que el anuncio de remodelaciones y la creación de una nueva infraestructura local va a generar el empleo que se necesita y el desarrollo económico que requiere la tercera ciudad en importancia en la entidad.

Quizá por esa desconfianza acumulada a lo largo de trienios anteriores y que terminaron en altos indicadores de corrupción, es que hoy que se anuncian de nuevo obras que algunos podrían denominar como “faraónicas” de “culto a la personalidad” existe la duda ciudadana, si ello se convertirá en realidad. Quizá por esa alta desconfianza es que el ciudadano de a pie no cree cuando el presidente municipal declara que atrapará delincuentes en cuarenta y ocho horas y mejor se ocupa de los memes vertidos en torno a esa declaración del gobernante en turno.

El dilema en torno a los proyectos presentados por Esper Cárdenas y Esper Sulaimán radica precisamente en la alta tasa de desconfianza y de incredulidad que permea sobre las capacidades de los gobiernos locales y sobre las múltiples acusaciones de corrupción generalizada cuando el gobierno local decide emprender obra pública. Es precisamente esto último lo que se debe cuidar y manejar respecto a los anteproyectos presentados.
Lo que se requiere para aminorar la incredulidad y la desconfianza social, es acompañar los anteproyectos por planes maestros, por evidencia y soporte presupuestal, por transparencia y rendición de cuentas o esquemas de gobierno abierto, por inclusión bajo modelos de presupuesto participativo, por creación de agenda pública inclusiva que no deje a nadie fuera del desarrollo, por mayor activismo de redes de organismos de sociedad civil, por exigencias de resultados a corto, mediano y largo plazo, por procesos de licitación ejemplar para que no quede la sombra de la adjudicación directa. Si los anteproyectos tienen todo lo anterior, entonces podremos estar en la ruta de construir y vivir en una ciudad inteligente, ordenada en sus ejes viales, amable con el medio ambiente, una ciudad incluyente, conectada y ataviada con procesos de gobierno adecuados a los requerimientos del siglo XXI.

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