Porfirio López

Concesionar la feria

Por lo menos desde hace quince años se ha venido diciendo que la realización de la Feria Nacional de la Huasteca Potosina (Fenahuap) que tiene su sede en está ciudad no es negocio, que no reditúa en nada a las finanzas públicas locales, que no deja ganancias para quienes organizan, que solo vale en razón de una cartelera musical, que tiene que cambiarse de fecha, que se tiene que reubicar, que no es una feria nacional, que es solo una cantina grandota, que debe durar una semana, que deben traer a determinado artista o grupo musical, que si cobran cara la entrada, en fin una gran cantidad de comentarios surgen cada que se retoma el tema de la Fenahuap y se arma un gran ruido mediático.

Este año no es la excepción, recientemente el presidente municipal Adrián Esper Cárdenas ha declarado lo que ya se venía presumiendo en ediciones feriales anteriores, que la Fenahuap se tendrá que concesionar para que se realice porque al gobierno local le sale muy caro organizar esa festividad. En si no hay nada de raro en eso, la mayoría de las ferias de este país que están incluidas en el catalogo de ferias nacionales están concesionadas. León, San Marcos o Texcoco son grandes ferias nacionales concesionadas desde hace muchos años, su cartelera musical, su palenque, sus stands o pabellones, su infraestructura, así como la afluencia turística e inversión está garantizada año con año.

Las razones que expone el presidente Esper Cárdenas están en la dirección correcta, lo que no deja ganancia a la hacienda pública local se le tiene que buscar opciones de rentabilidad. Pasa lo mismo con la basura, por ejemplo, que ha sido un servicio concesionado en numerosos municipios del país debido a los altos costos que implica todo el proceso de limpia pública. Con la Fenahuap tendría que pasar algo similar, es más en otras ocasiones ya se ha reiterado la posibilidad de entregar la feria a particulares para modernizar la concepción de una feria y lo que puede ofrecer a los turistas y principalmente a los inversionistas.

Aquí lo que habrá que señalar es que al ser la Fenahuap, el único evento anual donde una amplia capa social disfruta de una cartelera musical a bajo costo, se ha convertido en una tradición y cuando se intenta inaugurar una nueva opción vienen las contradicciones o la dosis de incertidumbre. Esa barrera de incertidumbre es precisamente la que tienen que derribar las autoridades, el cabildo y la sociedad civil para poder hacer de la Fenahuap de aquí en adelante, un espacio para la inversión, la productividad, la rentabilidad y la exposición de la tercera ciudad en importancia en el estado ante el resto del país para atraer turismo.

El gran problema en torno a la probable concesión de la Fenahuap es que no se tiene esa tradición, entonces cuando el presidente sale a los medios y deja la declaración a la rienda suelta de los medios tradicionales y las redes sociales se genera la duda y en ese sentido todas las dudas son válidas. Sobre todo, porque existe la percepción que cuando el municipio deja entrar a particulares en zonas estratégicas o sensibles a la mayoría social, existe incertidumbre. Así paso, por ejemplo, cuando entraron en operación los parquímetros en el centro de la ciudad, hubo muchos ciudadanos molestos por la escasez de transparencia en el proceso de concesión del espacio público.

En consecuencia, en torno a la posible concesión de la Fenahuap, habrá que cuestionar y la autoridad tendrá que responder en un marco de transparencia y rendición de cuentas ¿A quién se le va a a concesionar? ¿Va a existir una convocatoria? ¿Sería una adjudicación directa? ¿Cómo va a ser el proceso? ¿Cuántos años va a operar la concesión? ¿A cambio de qué se va a concesionar? ¿Quiénes serían los interesados en operar la Fenahuap? ¿Qué implicaciones legales y financieras implica la concesión? ¿Qué ganaría el municipio en torno a la concesión? ¿Quién se haría cargo de la seguridad pública? ¿Qué opina el cabildo? ¿Qué opina el sector comercial que cada año tiene su stand? ¿Qué opina el sector agrícola y ganadero? ¿Qué expresa el ramo restaurantero y hotelero?

En suma, la Fenahuap ya no puede ser vista como la feria del siglo XX, una feria de puestos de comida, una cartelera musical diversa y unas atracciones mecánicas para la diversión familiar. Si el municipio le está apostando por la innovación gubernamental, por hacer una ciudad incluyente, por hacer una ciudad con movilidad, por la política pública argumentada, medible y evaluada no puede errar, ni puede generar incertidumbre cuando sale a declarar lo que piensa hacer.

Las nuevas ferias que necesitan los municipios que rebasan los 150 mil habitantes requieren amplia modernización, participación de sociedad civil, infraestructura, generación de transferencia de tecnología, conectividad, atracción de inversión para los sectores productivos, pabellones tecnológicos, países o entidades invitadas, generación de turismo, energías limpias y espacios para la movilidad e inclusión. Por lo pronto la Fenahuap tal como está adolece de todo ello, habrá que esperar si se consolida la idea de la concesión, si ese proceso trae otra dimensión del entretenimiento familiar y de la inversión local o si solo es una ocurrencia que no va más allá del calor de una declaración banquetera.

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