Miscelánea

‘Cuando eres joven, el éxito es una medicina peligrosa’

Solo, a los once años, en un internado en Kansas, Alejandro Legorreta se partió un brazo en tres. Uno de los padres benedictinos, a cargo de los alumnos, lo llevó al hospital. Ahí, mientras lo enyesaban, le contó que tenía tres objetivos en la vida: cuidar estudiantes, meditar y viajar una vez al año para ayudar a niños africanos.

Quedó impresionado. Además, aquella conversación le hizo sentido con las enseñanzas de su madre, quien adquiría más obligaciones de las que podía asumir en su afán por ayudar. De otro modo, era estéril gozar de una situación de privilegio.

Legorreta, miembro de los Consejos de Administración de Casa de Bolsa Acciones y Valores Banamex (Accival) y Afore Banamex, se formó en leyes en la Universidad Anáhuac. Para él, el derecho era una vía para trabajar por los demás. Tras unos meses en un despacho, supo que lo suyo eran las finanzas y los negocios, y en particular el vínculo entre economía y conducta.

Estudió un MBA por el IE Business School de Madrid y se especializó precisamente en economía conductual, en Harvard Business School y Wharton School of Management.

Miembro del Patronato del Instituto Nacional de Cancerología, Legorreta es un admirador de los sistemas y su funcionamiento: “Cuando el sistema tiene procedimientos y normas claras, cumple con su función y resulta perfecto para la sociedad y el universo.

Las abejas, se sabe, tienen muy delimitado su trabajo en todo el aparato y le dan la vida. Ha, por ejemplo, las que aletean para generar calor y que las larvas se desarrollen y así las nuevas abejas exploradoras sean más fuertes y lleguen más lejos”.

Además de respaldar a apicultores yucatecos (a través de la Fundación Legorreta Hernández), él mismo se ha vuelto un apicultor relevante de meliponas.

Legorreta conoció y comprendió las tripas del sistema financiero internacional en un año intenso de trabajo en JP Morgan. Volvió a México y después de trabajar en algunos fondos de inversión, se independizó para aplicar la economía conductual y la teoría de sistemas.

Entonces fundó Sabino Capital, una firma de inversiones mexicana.

“Al poco tiempo tuve el descalabro profesional más importante. Cometí errores, de acción y de omisión.

Tomé muy malas decisiones en un vehículo de inversión. Invité a un socio a operarlo y en un exceso de confianza, prácticamente desapareció. Pero entendí muchas cosas importantes, como que es imposible construir una carrera de éxito de manera lineal constante y que el éxito es una medicina peligrosa, y más cuando estás joven”, cuenta el fundador de la Beca Legorreta Hernández de la Maestría en Periodismo sobre Políticas Públicas del CIDE.

“Sólo alguien con esas heridas sabe entender por dónde pueden venir los potenciales riesgos, tratándose de inversiones o de cualquier otra cosa”.

Como Sabino, otro vehículo de inversión, Acacia, le debe su nombre a la afición por los árboles del inversionista.

“Restaurando haciendas en Yucatán, naturalmente me fui involucrando con los árboles y con las abejas. Así entendí que las cosas buenas toman su tiempo; sembrando aprendí que no hay que tomar atajos, porque no hay atajos que perduren, y empecé a observar, conforme sembrando más árboles, que a los más grandes, como el ahuehuete, les toma tiempo crecer y necesitan más agua; que muchas de las decisiones que se toman pueden no tener vuelta atrás, como cuando uno siembra dos árboles demasiado juntos y la sombra de uno daña al otro.

Hay un momento en que tienes que elegir cuál de los dos vas a sacrificar. La vida es así, de pronto exige que uno decida qué camino va a tomar”.

-Vicente Leñero decía que él prefería un poste de luz a un árbol. ¿Por qué?

-Porque el poste es producto del trabajo y el esfuerzo del hombre; el árbol no. Pues ahora se necesita mucho más esfuerzo y mucha educación para no matar árboles. Es uno de los dilemas más complejos: cómo hacer para crear los incentivos suficientes para que no se talen los árboles.

Creo que ésa es una visión arcaica. Al final, no es un tema debatible, los árboles son vida.

Fundador y presidente del Instituto VIF, organizador del Value Investing Forum, una organización que promueve las inversiones y la conciencia social en el sector empresarial mexicano, sostiene que procura que sus acciones filantrópicas no se despeguen de lo institucional.

“He procurado desde hace diez años, cuando nació el VIF, que las acciones filantrópicas que ahí se emprenden sean institucionales para que perduren, porque nosotros estamos de paso.

Este foro tiene un ingrediente que me parece fascinante: que en el mismo evento –que ha convocado a expresidentes, empresarios mexicanos y extranjeros, grandes inversionistas, funcionarios del gobierno de Estados Unidos y otros personajes de la vida pública nacional– tenga un ingrediente social preponderante, y que podamos vincular ambas cosas. Para mí el VIF es una ventana para promover lo mejor de México y vincularlo con un temas sociales fundamentales”.

Los fondos que se recaudan en el VIF son destinados a distintas causas, proyectos e instituciones sociales, como al Instituto Nacional de Cancerología o a comedores populares.

-¿Te da culpa vivir en la cima del privilegio?

-No, cero. Me dan ganas de que no se acaben los días, para aprovecharla al máximo y apoyar desde el punto de vista social.

VÍA ELFINANCIERO

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