Porfirio López

El 2020: la incertidumbre se mantiene.

El año 2020 será de acuerdo con los reportes internacionales un año complejo y difícil para México, sobre todo si se toma como indicador básico el porcentaje de crecimiento económico que apenas rozará el uno por ciento. En consecuencia, lo que nos espera en el año que va corriendo es el mantenimiento de la incertidumbre y es precisamente ésta la que no hace que la economía mexicana despegue.

Existe estancamiento debido a razones que padecimos el año pasado: llegada de un nuevo gobierno, destrucción de políticas públicas, erosión de la confianza gubernamental, anuncios de cancelaciones como la del aeropuerto, la construcción de una refinería y la suspensión de las rondas petroleras no fueron buenas noticias para los inversionistas extranjeros ni para los mercados internacionales que reaccionaron de forma negativa y aceleraron la desconfianza hacia un gobierno que cada mañana en voz del presidente señala a diestra y siniestra a la corrupción gubernamental del pasado reciente como la causante de todos los males nacionales.

En contraparte a la desconfianza global, el escenario nacional se mantuvo como en los dos últimos sexenios: bajas tasas de empleo, erosión de las instituciones, alta violencia criminal, baja recaudación en las entidades federativas, desigualdad social, enfrentamientos armados y crecimiento de grupos delincuenciales en diversas entidades y municipios. A ello habrá que agregar la crisis o el desabasto de medicamentos en el sector salud, la retirada de titulares de organismos autónomos como los comisionados del sector energético, la llegada de la nueva titular de los Derechos Humanos y la retórica estridente del titular del Ejecutivo.

¿Qué expectativas existen sobre México en el año que apenas lleva un mes? Los análisis serios de la Comisión Económica para América Latina (Cepal), del Fondo Monetario Internacional (FMI), del Banco Mundial (BM) y de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) no mienten, ni tienen otros datos: el año 2020 sería un periodo de bajo crecimiento para México dadas las altas dosis de incertidumbre que se tiene sobre la conducción del gobierno y los reiterados anuncios presidenciales que abonan a mantener una política asistencialista en varios frentes sociales.

México seguirá siendo frágil en el tema del crecimiento económico y eso impactará en lo que quiera o pueda realizar este gobierno federal denominado como Cuarta Transformación. Al correr un año ha quedado claro que una cosa es anunciar, polemizar y denunciar en la plaza pública la corrupción y otra es aplicar el Estado de Derecho, procesar a los denunciados y ofrecer resultados gubernamentales. Hasta el momento y dada la polarización política que vive el país, el gobierno federal que encabeza Andrés Manuel López Obrador se ha quedado en lo primero. El presidente se ha quedado con la estafeta de un buen denunciante, de un buen comunicador, pero un pésimo rendidor de cuentas y resultados.

Luego de un año de ejercicio gubernamental, ni sus programas asistencialistas, ni sus recortes en áreas sensibles, ni sus arengas contra la corrupción en la plaza pública, ni sus dichos religiosos, ni sus iniciativas de reforma han hecho que la economía mexicana muestre fortalezas. Su idea retórica de “tengo otros datos” se transforma en “chunga y una colección de memes” casi de forma cotidiana. En la practica el presidente López Obrador se ha convertido en un político “destruye todo”, por lo cual, en lugar de generar confianza, aleja las posibilidades de atraer inversión global. Nadie va a invertir en un país donde su presidente cada mañana se define como un terco, se presume experto en todos los temas, aunque no tenga razón en lo que expone y mantiene su postura de no interactuar en el extranjero, bajo el argumento de ahorrar gasto público. La economía mexicana no se va a recuperar mientras no haya una reforma fiscal y una mejora sustancial en la implementación del gasto público para incrementar las tasas de empleo y seguridad social.
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desde el Ejecutivo se insiste en que vamos “requetebién”, si el presidente ofrece rifar el avión presidencial para después sonreír a plenitud por la avalancha de burlas en las redes sociales, si se insiste en las giras presidenciales para supervisar carreteras, en comer en una fonda, en exhibir una llanta ponchada o hacerse acompañar de infantes que le cantan al presidente no habrá dinamismo en la economía mexicana, ni ánimos en el exterior para invertir, dado que el presidente y el resto de su gabinete no genera esa confianza.
Por último, el gran desafío del año 2020 tiene que ver con la seguridad pública.

Ahí radica uno de los yerros de los últimos tres presidentes de la República. La estrategia de seguridad se mantiene, más efectivos militares permanecen en las calles. En la Cuarta Transformación ha quedado claro que lo aplicado desde Felipe Calderón es la única estrategia. Al cerrar el primer año de AMLO el número de homicidios aumentó. El gobierno de la 4T ya acumula 34, 582 homicidios dolosos de acuerdo con cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, la cifra más alta desde que se inició el conteo de víctimas en el país.

No se ha dicho mucho sobre eso, lo único que se alcanza a ver es a un presidente de la Republica que sin ser experto en el tema explica en las mañanas desde láminas de Power Point, que echa culpas al pasado y que pide tiempo a la ciudadanía cuando ocurre una masacre como la ocurrida hace unos días en Chihuahua o en Guerrero, sobre lo cual -como lo hicieron los dos últimos presidentes- se lamenta, ofrece condolencias y solo alcanza a decir que “fue un mal día” lo acontecido en Guerrero.

En síntesis, el año 2020 será el termómetro para el gobierno federal si en verdad quiere hacer realidad las promesas de AMLO. La realidad es esta: el modelo neoliberal no ha muerto como lo prometió el presidente, puede haber T-MEC pero no habrá crecimiento económico, existe la Guardia Nacional pero encima existe la crisis de migrantes que deja en un segundo plano la crisis de violencia criminal, existe una presidencia fuerte pero no existe contrapeso al presidente, existe un partido político con mayoría en el Poder Ejecutivo pero la oposición partidista lleva más de un año sin aparecer, existe federalismo pero los gobernadores brillan por su ausencia en el debate público, existe demasiada información pero los medios tradicionales y los medios digitales tiene escasa relevancia mediática. En ese escenario el 2020 pinta para mantener lo que hasta ahora hemos presenciado: un presidente popular que cada mañana dicta la agenda pública, que acusa al pasado sin temores, ni recatos para no comprometerse con su presente.

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