Regionvalles

Porfirio López

El agua, su disposición y su uso irracional: desastre anunciado.

Cada año la problemática en torno al agua se torna en discusiones, en imágenes, en publicaciones en redes sociales. Cada año se dice y se documenta que el río Valles se seca, que las cascadas de Tamul son un páramo, que la zona de Micos muestra a los visitantes solo piedras, que los dueños de plantaciones extensas de caña de azúcar abusan de la disposición del líquido, que los manantiales de Tambaque y las demás aguas subterráneas de la región no vierten agua, que las cascadas de El Meco son un depósito de limo, que las pozas de Xilitla están secas, que las plantas de tratamiento son todo menos espacios con infraestructura para tratar y reutilizar el agua, que los organismos operadores de agua potable son una estructura burocrática, opaca y ajena a la temática del agua potable y que los proyectos hidráulicos están atascados de corrupción.

En torno a esas temáticas existen diversas formas de interpretarlo, el discurso gubernamental argumenta que falta recurso público para garantizar abasto, mantenimiento y tratamiento de agua en colonias, ejidos y comunidades indígenas y se han pasado echando culpas a gobiernos anteriores, para los escasos activistas sociales el problema de la disposición, uso y tratamiento del agua carece de conocimiento y políticas públicas y en diversas ocasiones solo dejan el tema en el debate estéril y en la denuncia digital, amplios sectores empresariales dedicados al turismo reclaman parar la extracción de agua para actividades agrícolas, porque sin agua se quedan sin una parte sustantiva de su modelo de negocio que involucra actividades acuáticas.

En razón de todo lo anotado, cada año cuando las temperaturas en la región rebasan los cuarenta grados centígrados en promedio, el tema del agua se vuelve en una encrucijada para todos los actores involucrados. El problema que hoy es mucho más complejo que hace dos décadas, lejos de resolverlo o administrarse es más agudo, debido al crecimiento de ciudades medias como Ciudad Valles o de ciudades con amplia presencia indígena y turística como Tamazunchale, Xilitla o Aquismón.

En dichos municipios, además de Axtla, Xilitla, Huehuetlán, Tamuín, El Naranjo o Ébano el problema de las aguas residuales representa problemas de salud pública, la presencia de empresas para industrializar cítricos, potenciar la actividad ganadera o explorar potencial energético en la región han ido agudizando el problema en torno a uso y abuso del agua en la única región del estado de San Luis Potosí que tiene amplias zonas verdes, boscosas y mantos acuíferos, tal como lo muestran las imágenes vía satélite.

Para los próximos años los afluentes de la región tales como el Valles, Tampaón, Coy, Moctezuma, Axtla, Tancuilín, Gallinas y sus correspondientes arroyos, pozas, cascadas, nacimientos y aguas subterráneas tendrán una mayor cantidad de materiales pesados y una mayor contaminación derivada de la ausencia de drenaje sanitario, del vertimiento de aguas residuales de industrias como la cementera o de la presencia de zonas de matanza clandestina, de la presencia de colonias irregulares en zonas ribereñas y de la generación de basura con sus correspondientes lixiviados que contaminan los mantos freáticos.

Un punto mucho más crítico en torno al agua es la creación de organismos operadores de agua potable, los cuales en los últimos gobiernos locales se han vuelto un problema complejo. En el caso de Ciudad Valles la creación de la Dirección de Agua Potable, Alcantarillado y Saneamiento (Dapas) en los años noventa no ha significado una solución a los problemas de abasto y suministro de agua potable. El crecimiento demográfico acelerado y desordenado de la ciudad ha permitido que el tema del agua sea una auténtica bomba de tiempo para los últimos cinco gobiernos y para el actual. La presencia de un sindicato que controla el organismo, una dirección general que depende de la voluntad del presidente en turno, una burocracia que llega al puesto en base a recomendaciones no en base a evaluación o meritocracia y abundantes recursos millonarios mensuales, han hecho que el problema del agua en Ciudad Valles esté convertido en un botín político-financiero para diversos actores de la política y de lo político.

Los próximos años el problema del agua en la región huasteca se irá agudizando y en la próxima década el problema no será solo de disposición de agua, sino de salud pública. La contaminación de los mantos freáticos, la sobreexplotación de ríos, el vertedero de agentes químicos derivado de la presencia de ingenios cañeros que carecen de prácticas sustentables, la alta presencia desordenada de turistas en parajes, la deforestación masiva y la precaria reforestación, la legislación en la materia que termina en lagunas jurídicas que alimenta la corrupción pública- privada, los incendios provocados y la irresponsable quema de montes y bosques para propiciar actividad ganadera y agrícola, la muerte de especies en ríos, arroyos y lagunas, el distanciamiento entre Comisión Nacional del Agua, Comisión Estatal del Agua, empresarios agrícolas y autoridades gubernamentales locales, la actividad energética de empresas termoeléctricas y la escasa cultura del agua en zonas urbanas harán que en poco tiempo el tema recurrente de altas temperaturas, la actividad ganadera y la actividad cañera no sean solo charlas de café, comentarios en redes sociales, investigaciones multidisciplinarias varadas en la academia o en espacios de opinión impresos y digitales, sino una verdadera catástrofe medio ambiental con efectos nocivos en la salud de los ciudadanos, que terminará por colapsar los sistemas de salud pública, las actividades productivas regionales y las finanzas municipales.

Por el momento lo que existe en torno a la crisis del agua en la región son solo fotografías y denuncias digitales como cada año. Como en muchos otros temas de vital relevancia para el futuro de la huasteca potosina el tema del agua es solo un asunto de vanidad política de la clase gubernamental en turno, es solamente posicionamientos y enconos políticos, porque lo que abunda en torno al agua son millonarios recursos públicos federales, estatales y locales en un espacio de opacidad que permite la recirculación de viejos vicios y problemas que se heredarán a los próximos tomadores de decisiones.

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