Opinión

El Señor de la Salud, la esperanza de católicos contra la pandemia

Ha hecho sorprendentes milagros en casos de calamidades naturales, pestes, enfermedades y necesidades de protección.

 

Los mexicanos tenemos un escudo, una defensa intangible contra cualquier tipo de calamidades, que a lo largo de los siglos ha demostrado ser eficaz: La fe y la esperanza en el poder divino, para ayudar a superar hasta la peor de las contingencias.

Iconos de esa fe son el Dios, Jesús, el misterio de la santísima Trinidad, y la madre de Jesús, la Virgen de Guadalupe o María.

Pero, existen en lo particular figuras religiosas que por sus hechos constituyen íconos de y devoción y credibilidad absoluta para protección de los pueblos.

Uno, excepcional en este momento cuando el Mundo y México son azotados por la pandemia del Coronavirus o COVID 19, cuyos pronósticos sombríos tienen nervioso y bajo un terrible estado de psicosis a la gente, es el Señor de la Salud, conocido también como el Señor de los Milagros.
El Señor de la Salud es una figura de Cristo de dos metros de altura, labrada en madera que de acuerdo con datos históricos, fue traída a México por Monjes Franciscanos en 1522 y depositada en Templo del Tercer Orden dedicado a San Juan Bautista en el poblado de Puruandiro, Michoacán.

En ese lugar, la figura de Cristo permaneció junto con varias efigies acumuladas, pero la distinguían diversos elementos como su confección en madera al estilo barroco del siglo XVIII, propia de la Escuela Española de Castilla y el color marfil.

Posteriormente fue rescatada y llevada al área del coro de la iglesia, donde igual, permaneció entre otras imágenes.

De acuerdo con la restauradora Yolanda Sereno Ayala, la imagen pertenece a una colección o tallado de los Cristos implorantes, suplicantes. En si la figura es una obra de arte porque es perfecta en su armonía y en cada parte semejante a la humana.

La historia milagrosa:

Por el año de 1840, Puruandiro fue asolado por una epidemia de Cólera Morbus que provocó la muerte de cientos de personas, al grado que para enterrar los cuerpos fue abierta una fosa común porque en los cementerios ya no cabían.

El pueblo estaba angustiado sin saber cómo enfrentar la peste del Cólera, cuyos primeros síntomas eran –y son- una sudoración excesiva y palidez cadavérica a causa de la diarrea abundante y vomito.

Un día, el primer sábado de Mayo del 1840, el sacristán del templo subió al coro para limpiar la imagen, pero se llevó una gran impresión al observar que el Cristo estaba sudando y su color era casi blanco de lo palido.

Corrió a avisar  al sacerdote Francisco Oviedo, quien tras corroborar el extraño caso, cayó en la cuenta que se trataba de una señal; el Cristo había enfermado en solidaridad con los humanos.

Inmediatamente ordenó repicar las campanas para convocar al pueblo; pidió bajar la efigie al altar y a la gente, que había llenado el templo y permanecía aun fuera, les pidió orar con todo fervor.

Ocurrió entonces que se produjo un repentino vendabal que doblaba árboles y arrastraba objetos; el fenómeno meteorológico duró algunos minutos. Cuando cesó el milagro estaba hecho: Los enfermos del Cólera habían sanado por completo y la peste fue eliminada.

A partir de ese acontecimiento inexplicable, la imagen fue conocida como El Señor de la Salud, o de los Milagros.

Se le nombró patrono del pueblo, que siguió recibiendo sus beneficios, como cuando fue asediado por revolucionarios en 1918, que pretendían tomar a Puruandiro.

La gente oró al Señor de los Milagros, encendieron veladas, le ofrecieron ofrendas y tronaron cohetes de pólvora. El grupo armado al escuchar las detonaciones huyó porque suponían que eran armas.

Pero no fue todo, en fechas más recientes, en 1955, la región de Puruandiro sufrió una sequía atroz que impedía cultivar alimentos y el ganado moría.

Las reservas se agotaban y los habitantes del lugar estaban desesperados.

La gente pidió permiso al párroco para bajar la imagen del Señor de los Milagros y llevarla en procesión por los campos pidiéndole que les enviara lluvia.

Aun no salían del pueblo cuando torrenciales aguaceros se precipitaron terminando el estiaje.

Un dato igualmente extraño ocurrió cuando, al ver lo deteriorado de la imagen, el patronato de la iglesia buscó restauradores especializados pero no hallaban. Una noche tocaron a las puertas del templo y el cura al abrir vio a dos hombres que le ofrecieron resanar al Cristo de los Milagros, no cobrarían un solo centavo con la condición que nadie los interrumpiera.

 

A la mañana siguiente el sacerdote acudió a ofrecerles desayunar pero no encontró a nadie: en cambio, la figura estaba perfecta, como recién hecha.

Entre los feligreses corrió la versión que se había tratado de dos ángeles, porque la puerta cuando el sacerdote fue a buscarlos, estaba cerrada y no se explicaba por dónde salieron.

En la actualidad los prodigios del Señor de los Milagros o de la Salud continúan. En el año 2009, cuando la capital del país fue flegelada por la Influenza A H1NI, la Arquidiócesis de México autorizó que la figura del Señor de la Salud fuera sacada en procesión por las calles de la capital del país por los feligreses devotos, y se le atribuyó haber obrado el milagro del control de la enfermedad.
En los diversos templos del país existen réplicas de la imagen del Señor de la Salud o de los Milagros, y en el caso de la región Huasteca, son cada vez más las voces de católicos que piden sacarla en peregrinación y orarle para pedirle protección contra la epidemia del Coronavirus.

Es, fe y la esperanza.

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