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Porfirio López

El vocero presidencial: López Obrador


En los primeros días la presidencia de Andrés Manuel López Obrador ha sido meteórica. El mismo se ha convertido en su mismo vocero. En las mañanas anuncia, decide, reclama, califica, descalifica, acentúa, dirige, ordena. Desde su estrado matutino encabeza el día a día del país. Fija la agenda ante los medios de comunicación y decide el tono de las conversaciones.

Si se compara con su antecesor en la titularidad del Poder Ejecutivo Enrique Peña Nieto, Andrés Manuel López Obrador prácticamente ha seguido sus pasos. A partir de su llegada a la presidencia López Obrador no ha dejado el micrófono para anunciar las bondades su Cuarta Transformación. En torno a él han desfilado sus secretarios de Estado, asienten cada palabra y cada plan la Secretaría de Gobernación, la Secretaría de la Defensa Nacional, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, la Secretaría de Relaciones Exteriores y demás funcionarios de primer nivel. Nadie regatea, nadie se ofende, todos asienten con la cabeza, todos dicen sí al presidente de la República como en tiempos de antaño.

En menos de un mes el presidente opositor al neoliberalismo ha anunciado el Tren Maya, la construcción de aeropuertos en la periferia de la Ciudad de México, millones de hectáreas para plantar árboles frutales y de maderas preciosas, la creación de una nueva burocracia para los Pueblos y Comunidades Indígenas, la construcción de una mega refinería, la construcción de miles de kilómetros de caminos rurales con concreto hidráulico, el crecimiento y desarrollo económico del Istmo de Tehuantepec, aumento del salario mínimo, el desarrollo integral de la región de La Laguna en Coahuila y zonas económicas francas en la frontera con Estados Unidos.

En pocas semanas el presidente de la República anuncia planes para todo, como si México fuera el país del blanco y negro del siglo pasado. Para el sector energético, para el sector carretero, para el sector ferroviario, para el sector agrícola, para los sectores juveniles, para desmantelar a quienes se dedican al huachicol, para detener la violencia criminal en entidades federativas, para restablecer la paz en los municipios y pide dejar atrás los gritos y los sombrerazos.

A diferencia del sexenio pasado no hay quien entorpezca ninguno de los planes del presidente. Nadie ocupa las calles, nadie reclama impactos negativos al medio ambiente, no hay quien cuestione la transparencia de los proyectos, no existe fuerza opositora que exija rendición de cuentas por tener viviendo a un presidente en Palacio Nacional, nadie se preocupa ya por amplias zonas de bosque y selva deforestadas, nadie se ocupa de los patos del lago de Texcoco, nadie está en la calle o en el Poder Legislativo exigiendo que se limite la exposición mediática del presidente, nadie se ofende por el aumento de la publicidad oficial del presidente presentada y aprobada en el Presupuesto de Egresos del año próximo y nadie se preocupa por los pueblos indígenas, terrenos ejidales o comunales que serán agredidos por la infraestructura y la bonanza que acompañara a la Cuarta Transformación.

En torno a la Cuarta Transformación cabe todo, menos disentir con los dichos del presidente. Quien cuestione corre el riesgo de ser acusado de neofascista, conservador o ultra conservador. Cuando ocurre la pregunta dura –como lo sucedido recientemente con el accidente aéreo donde fallecieron la gobernadora de Puebla Martha Ericka Alonso y su esposo el senador panista Rafael Moreno Valle- el presidente se encoleriza, acusa y utiliza adjetivos poco diplomáticos para quien ostenta la titularidad de un Poder Ejecutivo. No asiste a los funerales de Estado para evitar los reclamos y usa su atril matutino para calificar de mezquinos un día y de canallas al otro, a quienes lo critican en medios impresos, digitales o en redes sociales.

En poco menos de un mes tenemos como presidente de la República a un político que parece no acaba de entender la complejidad del país o al revés, al conocerla tanto después de recorrer todos los municipios del país quiere hacer tanto que termina por no convencer. Tanto anuncio matutino y tanta exposición mediática sin contrapeso terminará por socavar la presidencia de la República y a un presidente que por el momento parece que camina solo, sin otra preocupación que sus dichos y anuncios mañaneros.

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