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Porfirio López

Javier Duarte: la corrupción que salpicará a todos en 2018.

 

El arresto de Javier Duarte de Ochoa ex gobernador de Veracruz ocurrido en Guatemala en días pasados obliga a realizar diversos cuestionamientos en torno a su proceso de captura. Muchas versiones, muchas explicaciones, muchas entrevistas, muchas conjeturas en torno al actuar de las autoridades mexicanas para dar con su paradero huelen más a negociaciones, a pactos electorales, a simulaciones políticas que a estas alturas ningún ciudadano mexicano medianamente  informado otorga una pizca de credibilidad.

En torno a ello hay que cuestionar quizá sin tener respuestas oficiales, sino solo explicaciones inverosímiles de las autoridades de la Procuraduría General de la República, la Auditoría Superior de la Federación, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público o del Congreso de la Unión, organismo que en un arrojo de valentía hasta podría construir una comisión para investigar el caso  Duarte y desaforar al diputado Tarek Abdalá ex tesorero del gobierno duartista.

Pero  ¿Qué significa la corrupción de Duarte? ¿Qué implica su detención en tiempos de rapiña electoral? ¿A quién le importa los millones de pesos que Duarte y sus cómplices desviaron para favorecer sus empresas fantasmas? ¿Por qué su esposa y sus amigos no han sido arrestados? ¿Cuántos millones de pesos fueron a parar a campañas electorales en diversas entidades? ¿Cuántos millones de pesos fueron usados para financiar partidos políticos como Morena? ¿Qué tanto la corrupción encarnada por Javier Duarte salpica a todos los integrantes de la clase política nacional y a los empresarios emergidos de las alternancias electorales en las entidades?

A nadie convence que Javier Duarte por sí mismo sea el causante de toda la corrupción pública y que se haya embolsado millones de pesos, que el ex gobernador además de gobernar se diera tiempo para lavar dinero, proteger delincuentes, comprar propiedades en territorio nacional, en Estados Unidos y España, desviar recursos públicos etiquetados para desarrollo social, apoyar con maletas de dinero en efectivo a candidatos de su partido que buscaban ser gobernadores, operar empresas fantasmas, contar a su disposición con una flotilla de helicópteros y avionetas, burlar a las autoridades de Hacienda, de la ASF y de la   PGR.

Toda esa capacidad tenía un ex gobernador como Javier Duarte por lo cual ahora es el nuevo demonio político, el nuevo engendro de la corrupción, el nuevo político maldito que surgió del nuevo PRI para tirar a la basura el regreso del partido al  poder presidencial, el ex gobernador es ahora la nueva ave del infierno que todos los partidos políticos y hasta  el presidente de la República quiere que lo castiguen de forma ejemplar, sin que nadie explique qué significa eso.

La corrupción de Javier Duarte no es exclusiva de él, corre por todos los nervios de la clase política, hoy más de una docena de ex gobernadores de diversa manufactura partidista y más de uno que está en funciones o que está próximo a dejar el cargo tiene acusaciones similares o peores  a las de Duarte de Ochoa. Esos personajes tienen propiedades suntuosas en el extranjero, cuentas bancarias en dólares, familiares vinculados con manejo irregular de dinero público, observaciones de la ASF, involucramiento con grupos criminales e incremento de la deuda pública durante su mandato.

Pero la corrupción exhibida por Duarte de Ochoa no es exclusiva de los gobernadores, existe la misma corrupción en senadores, en integrantes  del Congreso de la Unión, en los congresos estatales y en las presidencias municipales donde se otorgan contratos sin transparencia, donde se premia la opacidad, donde la rendición de cuentas es un cuento, donde se regodea la corrupción que Duarte de Ochoa enseño con apenas tres décadas de vida.

Hoy la corrupción de Duarte de Ochoa salpica a todos por igual, nadie está a salvo, desde el presidente de la República que fue destapado en el año 2011 por el hoy detenido como candidato oficial del PRI a la presidencia, hasta los funcionarios estatales del gobierno duartista que rellenaban las maletas con dinero en efectivo para el carnaval de Veracruz o la Cumbre Tajín, pero que presuntamente iban a parar a campañas políticas.

Javier Duarte de Ochoa se convirtió en el táctico de la campaña presidencial del 2012 que llevo a Peña Nieto a la presidencia y hoy puede convertirse en el táctico de la campaña presidencial del 2018 y con ello inclinar la balanza para que la corrupción exhibida en torno a él salpique a todos los candidatos del 2018, incluido Andrés Manuel López Obrador quien presuntamente ha recibido también dinero en efectivo del corrupto y siniestro Javier Duarte y quien presuroso ha sido el primero en realizar pronunciamientos en torno al caso.

 

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