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Porfirio López

La corrupción de Eva y Delfina: el mal de todos.

Recientemente Eva Cadena una política del sur de Veracruz  que pertenece al Movimiento de Regeneración Nacional (Morena)  y que aspira a ser presidenta municipal de Las Choapas y Delfina Gómez  la candidata del mismo partido a la gubernatura del Estado de México dejaron al descubierto que las prácticas del viejo régimen  de pasar la charola a empresarios y el cobro de cuotas al interior de los aparatos de gobierno son una necesidad cuando se trata de ganar espacios de representación popular.

Las prácticas políticas exhibidas por las integrante de Morena ya no es sorpresa para muchos ciudadanos, en los últimos años hemos sido testigos de esas formas para financiar campañas políticas, sobre todo en los espacios locales donde abunda la opacidad gubernamental y donde tanto Cadena como Delfina se habían vuelto expertas en la recaudación de dinero en efectivo.

De las ligas de René Bejarano a las bolsitas que pide Eva Cadena o a las cuotas de descuento que hacía Delfina cuando era presidenta del municipio de  Texcoco no existe diferencia, es la misma práctica para financiar al mismo aspirante político Andrés Manuel López Obrador. Entregar  dinero en efectivo, transportarlo en maletas, en helicópteros, en las cajuelas de los vehículos oficiales o privados se ha vuelto una tradición. Quién no recuerda las maletas de dinero del hoy detenido Javier Duarte que presuntamente eran para financiar el carnaval de Veracruz y la Cumbre Tajín.

Al igual que las operaciones financieras de los Amigos de Fox, al igual que el Pemexgate en el inicio de la alternancia democrática en la presidencia de la República  o el sospechoso caso Monex que llevo a la presidencia al presidente Enrique Peña Nieto hoy la práctica de pedir dinero a empresarios o de realizar descuentos a funcionarios públicos locales para que preserven su cargo se volvió un mecanismo recurrente de aspirantes a presidentes municipales, diputados locales, legisladores federales y gobernadores.

Luego de esos amarres en efectivo y ya con el poder público en la bolsa viene el retorno del favor financiero en forma de licitaciones, permisos, adjudicaciones directas, entrega de consulados,  uso y  abuso del recurso público etiquetados en diversos ramos gubernamentales, desvío de recursos federales, recomendaciones para colocar incondicionales en departamentos gubernamentales o secretarios de Estado, cabildeos en el Poder Legislativo Federal y Estatal para bajar recursos y entregarlos a familiares, hijos, sobrinos, ahijados, padres, madres y compadres.

Los vídeos donde aparece Eva Cadena es el mal de todos los partidos políticos y de todos los integrantes de la clase política, por más que  López Obrador grite iracundo en las plazas públicas que es la mafia del poder o que la propia candidata sureña explique que  fue ingenua cuando recibió los fajos de dinero, que se desboque en los medios diciendo que ya  regreso el dinero, que haya renunciado al partido y que Morena le haya retirado su candidatura para ser presidenta municipal.

Eva Cadena y Delfina Gómez son  un ejemplo de que los tufos de René Bejarano nunca se fueron del círculo cercano de López Obrador, un político que lleva más de una década defendiendo su honorabilidad y su figura de político incorrupto, pero cuando sus cercanos son pillados en actos de corrupción acusa complots, mafias, pandillas y actos orquestados por altos niveles de poder público, además de deslindarse de ellos, lo mismo le ocurrió cuando circularon sus fotografías con José Luis Abarca expresidente de Iguala detenido por sus vínculos con grupos criminales.

La práctica política de realizar un ahorro para las campañas políticas ha alcanzado a Morena y a  López Obrador que opera como su presidente nacional pero que se ha convertido en la práctica en candidato natural a la presidencia con amplia ventaja sobre el resto de los aspirantes presidenciales. El mecanismo está a la vista y los casos de Cadena y Delfina son una mancha para su frase de honestidad valiente y su imagen de político ajeno a la corrupción pública.

Hoy la ruta del dinero en efectivo obtenido mediante mecanismos opacos operados por políticos de bajo perfil como Cadena y Delfina deben ser una preocupación y ocupación para las autoridades encargadas de fiscalizar las cuentas internas de todos los partidos políticos y de todos los políticos como López Obrador que lleva más de una década diciendo que vive de la venta de sus libros, de sus conferencias y de las donaciones voluntarias de sus simpatizantes.

Lo evidenciado por Cadena y Delfina desnudan los dichos de AMLO,  su financiamiento, sus recorridos por todo el país, el dinero en efectivo  sean en pesos mexicanos o en dólares que corren y se distribuyen  en todos sus actos públicos responden al problema histórico que tiene México: la corrupción. Los vídeos de Eva Cadena y los diezmos de Delfina no son errores, ni “chamaqueadas”, tampoco nadie pide que le descuenten de su salario para financiar causas políticas. En los partidos políticos mexicanos viejos y nuevos no existen samaritanos, ni ingenuos, existe corrupción y esa está presente en Morena aunque se pregone honestidad y  principios como catecismo o doctrina.

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