Porfirio López

La detención de Lozoya y la cena con empresarios: ¿separar el poder político del económico?

Justo cuando al presidente Andrés Manuel López Obrador le había explotado una crisis mayúscula luego de su expresión coloquial “fuchi caca” cuando se refirió a la corrupción de los sexenios pasados, ocurre la detención en Málaga, España de Emilio Lozoya Austin ex director de Petróleos Mexicanos (Pemex) un ícono de la corrupción del sexenio pasado y sucede la cena en Palacio Nacional con los cien empresarios más influyentes del país.

El presidente la había estado pasando mal en días anteriores: la crisis del sector salud, la crisis de seguridad pública, la crisis de fertilizantes en Guerrero, la crisis del desempleo, la crisis migratoria, la crisis del relevo en el Instituto Nacional Electoral, la crisis de los feminicidios, la crisis del bajo crecimiento económico y la crisis luego del anuncio de la simulada rifa del avión, había empezado por hacer estragos en la imagen presidencial.

Pero a partir del anuncio de la detención del ex director de Pemex, AMLO levantó vuelo, le volvió la frescura en la conferencia mañanera sabedor que esa acción legitima de nuevo su discurso contra lo que en su momento denominó “la mafia del poder”, pero también llama la atención que sea precisamente con el sector empresarial que tanto denostó en el pasado reciente con quien se siente a cenar para “pedir apoyo económico” con la simulada rifa del avión presidencial.

Apenas se supo de la acción de la Interpol en España, todo su equipo compacto se ha dedicado en las últimas horas a arropar al presidente. Irma Eréndira Sandoval en la Función Pública, Marcelo Ebrard en Relaciones Exteriores, Alejandro Gertz en la Fiscalía General de la República han dedicado tiempo para lanzar comunicados en redes sociales para vanagloriarse de la captura de Lozoya Austin. Para muchos adoradoras de la denominada 4T es un gran triunfo, es una gran señal que ahora si se van a capturar a los grandes saqueadores de la nación, en tanto para otros tanto la detención del ex director de Pemex, como la cena con empresarios para pedirles donación de dinero en efectivo,  no hace más que recordar otras detenciones espectaculares y otras reuniones con la clase empresarial en el pasado, que ocurrían precisamente para marcar un antes y un después de una gestión presidencial, para al final dejar todo igual.

La detención de Lozoya Austin representa para el presidente de la República un golpe espectacular en su cotidiana lucha contra la corrupción, que de acuerdo con él es el máximo mal de la sociedad mexicana y paralelo a ello, la cena con el empresariado mexicano es para el presidente un tanque de oxígeno económico dado la precariedad de las finanzas públicas y las pésimas noticias de crecimiento económico para este año. En ese sentido el “fuchi caca” emitido en días pasados adquiere sentido y lo alienta en su andar por la plaza pública y en su atril diario desde donde pontifica su cruzada contra la corrupción al más alto nivel, pero ese mismo “fuchi caca” aplica para la clase empresarial con la que se reunió a cenar, porque muchos de ellos mantienen intactas sus fortunas y sus ligas políticas, que obtuvieron al amparo del modelo neoliberal y de gobiernos priistas y panistas que según el dicho presidencial es lo que más detesta.

El presidente ha dicho en repetidas ocasiones que en México se tiene que separar el poder político del poder económico y al menos por lo observado en la reunión o cena con empresarios no se notaba esa separación, es más lo que parecía era una película vieja del salinismo o del foxismo cuando los empresarios eran convocados a cenar o comer con el presidente. Los empresarios que cenaron con el presidente tabasqueño para comprar boletos de la simulada rifa del avión presidencial son los mismos del modelo neoliberal: Carlos Slim (Grupo Carso), Emilio Azcárraga (Grupo Televisa), María Asunción Aramburuzabala (Grupo Tresalia) , Miguel Alemán Velasco (Grupo Interjet), Olegario Vázquez Aldir (Grupo Angeles), Carlos Peralta (Grupo IUSA), Carlos Bremer (Grupo Value), Carlos Salazar (presidente del CCE), Alejandro Ramírez (Grupo Cinepolis), Bosco de la Vega (Consejo Nacional Agropecuario), Daniel Servitje (Grupo Bimbo), Antonio del Valle (Consejo Mexicano de Negocios), Miguel Rincón (Grupo Biopapel), Daniel Chávez (Grupo Vidanta), entre otros.

En su momento eran “la mafia del poder”, “los machuchones”, “los de mero arriba”, “los camajanes”, “los pirruris” “la minoría rapaz”, el poder económico que tenía estrechos vínculos con el poder político que eran los causantes de todos los males nacionales, hoy a todos ellos se le pasa la charola para que donen dinero como un mecanismo de extorsión, aunque aún no nos han dicho a cambio de qué entregarán mil quinientos millones de pesos. Como si nada hubiera ocurrido en este país en los últimos cuarenta años, como en los tiempos del porfiriato, como en los setenta años de priato, como en los doce años de panismo, como en los seis de peñanietismo, ahí estaban todos juntos cenando tamales de chipilín y tomando chocolate, saludando y abrazando a un presidente que dijo que iba a combatir la corrupción a fondo, que iba a barrer la corrupción como se barren las escaleras. El corrupto es mal visto ha dicho el presidente una y otra vez, hoy estos empresarios son personas honorables. El único que sufre por el momento, con una fortuna personal y familiar inmensa se llama por el momento Emilio Lozoya Austin, a ese sí le cayó todo el peso de  la 4T, a ese sí “fuchi caca”.

 

 

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