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LA EDITORIAL RV

AMLO tomó protesta como presidente de la República

Poco después de las 11 y media de la mañana de hoy, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) tomó protesta como Presidente de la República, ante el Congreso de la Unión y mandatarios internacionales de todas partes del mundo. Su discurso fue diferente. No fue lento y no fue aburrido, a pesar de que duró más de una hora hablando, desarrolló los mismos temas que ha tocado durante los cinco meses de presidencia electa en los que ya parecía más el presidente él que Enrique Peña Nieto. Agregó algunas cosas que tienen que ver con miedos de la oposición y de círculos intelectuales críticos a su persona y vapuleó al presidente saliente, lanzando diatribas contra la reforma energética, que no ha servido para nada a los bolsillos de los mexicanos y de manera tajante advirtió que la reforma educativa iba para abajo.

El Presidente de la República llegó al recinto legislativo exhibiendo austeridad, porque su vehículo de traslado fue un Volkswagen Jetta, blanco, que es un coche de la clase media y que lo coloca ya no como el Presidente inalcanzable de los coches blindados, sino como el mandatario que puede vivir sin un avión de cientos de millones de pesos, que no vivirá en la lujosa casa de Los Pinos, que prescindirá del aparato de seguridad del Estado Mayor Presidencial, o sea, el jefe de Estado que se equipara a los ciudadanos para que éstos confíen en él, sean cuales sean sus verdaderas intenciones.

El discurso en el Congreso, que es la representación de todos los mexicanos, fue ágil, aunque extenso y al principio alabó la actitud del Presidente saliente por no intentar entrometerse en las elecciones de julio pasado, aunque después lo avasalló con críticas que nadie le ha negado al actual mandatario.
Incluso hizo una revisión histórica del daño que ha hecho el neoliberalismo al país desde 1983 y comparó los crecimientos económicos desde 1930 y hasta 1970 y cómo el país se desmoronó con crecimiento lento y crisis que han postrado a los ciudadanos.

Habló de proyectos y dijo que para empezar haría que 2 millones 300 mil jóvenes obtuvieran empleo temporal con 3 mil 600 pesos al mes, mientras se capacitan en empresas y en oficios y que otorgaría 10 millones de becas a igual número de estudiantes de todos los niveles.

También dijo que en su política de proteger primero a los desposeídos haría que los discapacitados recibieran una pensión igual que la de los adultos mayores.

Dijo qué bajará los sueldos porque subirá los sueldos de los de abajo (el pueblo) y bajará las prestaciones de los de arriba (los funcionarios).

Para contestar a muchos que auguraban una especie de República Bolivariana en México, AMLO dijo que él no se reelegirá, sino al contrario, en dos años y medio, se someterá a una consulta en la que los mexicanos votarán por si se queda o se va del poder.

AMLO sorprendió a muchos con un discurso más congruente, menos ofensivo y más político. El presidente después de una estancia de varias horas en Palacio de Gobierno, donde va a vivir, salió a ser vitoreado al Zócalo capitalino, en donde decenas de miles lo esperaban y donde las etnias del país le entregaron el bastón de mando que es una simbología de jefe en la tradición prehispánica de pueblos originales de América.

Ahí pidió que le tuviera paciencia, porque le habían dejado un país quebrado, refiriéndose a que no podría bajar la gasolina de inmediato.

Para la mayoría, es tiempo de esperanza, pero hay un amplio sector que no cree en él y que lo ve como una amenaza para la economía, empezando por Claudio X. González, presidente de la COPARMEX, quien llama retrógrado al discurso, aunque el magnate Carlos Slim opinó que sí había condiciones para la inversión.

 

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