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Editorial

LA EDITORIAL RV

El turismo en la Huasteca no deja de estar en un muy primitivo estado de cosas, porque se ha mantenido una política de desarrollo solamente de los prestadores de servicio que quizá se han diversificado pero que no lo han hecho (la gran mayoría) apegados a derecho.

Se ha vendido la idea de que Valles puede no sólo albergar a la mayor cantidad de turistas que pueden venir a la Huasteca, sino que tiene el potencial natural para atraer a todo tipo de visitantes, pero hay muchas asignaturas pendientes que habría que revisar una a una.

La suciedad de Valles es ejemplar. Ciudades turísticas del centro del país que tienen su atractivo turístico en la cultura y en la arquitectura vieja que roba las miradas de propios y extraños han aprobado el tema de la limpieza con creces. Es decir, antes de ofrecer su poder arquitectónico de un centro histórico bello, lo que primero les preocupó fue la limpieza de sus calles, parques, calzadas, avenidas y parajes. Sufrir de basureros no es una opción para ellos, porque saben que el amor nace de la vista.

Aquí hay poca cultura de la limpieza, primero, porque el basurero a cielo abierto está en la entrada poniente de Valles, es decir, del punto cardinal de donde viene el turismo del centro, ávido de paisajes naturales, ríos y cascadas. Ese basurero es un problema añoso que debería avergonzar a todos, pero que no ha sido suficiente motivo para tener un relleno que está pactado y programado desde hace décadas.

El otro pendiente sobre la limpieza es el de las calles, avenidas, parajes, centros de comercio y lugares de interés, en donde bolsas rasgadas por los más de dos mil 500 perros callejeros que ha contabilizado la Secretaría de Salud y que son un problema no por ellos, porque los canes no tienen conciencia de moral, sino de miles de ciudadanos que dejan a la buena de Dios a sus mascotas y, por otro lado, la falta de cultura ciudadana de abandonar las bolsas repletas de desechos en las calles, sin esperar a que pase el camión de la basura.

Por más que se ha propuesto en Cabildo imponer multas severas a todo aquel ciudadano que ensucie o que propicie la suciedad, los regidores han sido tibios y les tiembla la mano al imponer estas multas y hacerlas válidas en la calle, con el uso de la sanción pecuniaria.

Además del mal aspecto, otra cosa que llama la atención es la falta de señalización y guía para visitantes en la ciudad. Los policías y los taxistas no saben inglés y los ciudadanos no han sido concientizados sobre la imperiosa necesidad de tratar bien a los de fuera y ayudarles con la confusión de no poder ni saber llegar a sus destinos, debido a que no hay suficiente señalización de tipo turístico que guíe y sea amable con el de fuera. Es más, ni siquiera en cuestiones de señalización de tránsito hay amabilidad con él forastero y en lugar de guiarle, se le multa cuando da vueltas en U o cuando transita en sentido contrario, precisamente porque no conoce la vialidad ni hay indicadores viales que lo conduzcan.

La naturaleza atrae a los turistas, pero Valles está
lejos de ser un lugar amable para la actividad

El agarrotamiento en las temporadas altas es otro de los contratiempos, porque no hay suficiente oferta hotelera, a pesar de que muchos empresarios de otros ramos se han apurado a abrir hostales y casas de asistencia, así como hospedajes Airbnb, que no cuentan con regulación de ninguna clase o que no tienen la capacitación para el trato correcto al cliente-turista que quiere ser bien tratado porque obviamente está gastando su dinero en la ciudad y la región.

Según la Asociación de Hoteles de San Luis Potosí, en Valles hay 1 mil 500 habitaciones disponibles (algo así como lugar para 3 mil o 3 mil 500 personas por noche, pero la afluencia rebasa ese número en Semana Santa o temporada decembrina, cuando hasta 5 mil personas circulan en la ciudad hasta por día.

La Huasteca tiene 3 mil 400 habitaciones, ya contadas aquí las 1 mil 500 de Valles, cosa que limita el movimiento imparable de visitantes cuando las vacaciones están en su apogeo.

Y como se dijo, el boom turístico ha hecho que muchos neófitos acometan con empresas inexpertas que, para empezar, ni siquiera tienen los permisos y regulación de Protección Civil dentro de sus reglamentaciones internas, por más bonito que esté o hayan arreglado la estancia de reposo.

Eso sin contar con que la mayoría de las operadoras turísticas que llevan a los visitantes a pasear y a practicar actividades de riesgo, no están ajustadas a las Normas Oficiales de la Secretaría de Turismo, poniendo en riesgo serio de lesiones o de muerte a quienes vienen a divertirse.

Esta columna se queda corta con las necesidades urgentes que tiene una ciudad con el potencial natural de Valles, pero los temas deben estar en la agenda perentoria de los comités de turismo, de las delegaciones de turismo y de todo lo que tenga que ver con esta noble actividad que le está dando dinero y vida económica a una región que sólo vivía de la caña de azúcar y del comercio local.

 

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