Toño Martinez

La muerte llega en el aire

Partículas PM 10 y PM 2.5 no sólo provocan aumento de cáncer y muertes en la CDMX; la amenaza es para todas las ciudades como SLP y Valles

Suponer que amenazas ambientales dramáticas derivadas de contaminación, con la carga de enfermedades letales como el cáncer y pulmonares entre otras, se dan sólo en ciudades como México, Guadalajara, Monterrey, Toluca o Naucalpan, altamente pobladas e industrializadas, es un error que nos puede costar la vida.

De pronto un término científico sobre contaminación, las Partículas PM 10 y PM 2.5 nos descubren una aterradora realidad sobre el veneno al que estamos expuestos por el sólo hecho de respirar.

Nos despertamos también a la tenebrosa realidad de que el país se quema; sufre en este momento una de las peores temporadas de incendios forestales.

Y otra vez, aunque les cause escozor y furibundas reacciones en redes a fanáticos del presidente Andrés Manuel López Obrador, tenemos que señalar que la mayor culpabilidad de que esto ocurra, es de su gobierno.

Lo que está pasando en la CDMX y en 30 estados del país en cuanto a la incidencia de contaminación e incendios forestales, es causado por la severa reducción que a tontas y locas aplicó al presupuesto de la Comisión Nacional Forestal (Conafor), disminuyendo con ello cientos de brigadas expertas en el control del fuego, equipo de apoyo como helicópteros, camiones, herramientas, cisternas y todo lo indispensable para esas tareas.

Como también por la jefa de Gobierno en la CDMX, Claudia Sheinbaum, quien redujo al personal para control de contaminación, y paralizó a las empresas.

Hasta el mes de mayo, Protección Civil nacional contabilizaba 4 mil 425 incendios en el país, y el humo generado contribuyó, junto con falta de protocolos para emergencias de este tipo, a que ciudades como México sufrieran la peor catástrofe ambiental de su historia, y que sus efectos se desdoblen hacia estados vecinos y distantes arrastrados por el aire.

Los índices de partículas PM 10 y PM 2.5 suspendidas en el aire, desbordaron todas las normas internacionales, lo cual quiere decir que los mexiquenses estuvieron expuestos a respirar tales moléculas que, por sus micro dimensiones, ingresan directamente a los alvéolos pulmonares e incluso al torrente sanguíneo, donde predisponen a detonar desde tos, afecciones bronquiales, dolor de garganta, enrojecimiento de ojos hasta cáncer, problemas cardiovasculares, derrames cerebrales, hipertensión y otras patologías.

Existen registros comprobados en el Sector Salud, de la muerte de 14 mil personas por haber sido expuestas a las partículas PM 10 y PM 2.5.

La diferencia entre ambas es su diámetro, ya que mientras las PM 10 miden 10 micrómetros y las segundas 2.5 micrómetros, equivalente, para que mejor se entienda, a 100 veces más pequeñas que un cabello humano.

Cada una está compuesta fundamentalmente de elementos muy agresivos para el ser humano, derivados de emisiones que arrojan vehículos y maquinaria movida por diésel, como humo, polvo de cemento, metales pesados y compuestos orgánicos, e incluso polen.

Ese fenómeno en el caso de la CDMX ha provocado el peor descalabro al Gobierno de Claudia Sheinbaum, porque a pesar de ser una científica no se preocupó por diseñar medidas preventivas, limitándose a lo que es costumbre entre la gente de López Obrador, “es que los que se fueron no nos dejaron protocolos”.

Si los sabelotodo de Andrés Manuel López hubieran aplicado un criterio lógico a la hora de los recortes presupuestarios, estuvieran enterados de que estaba vaticinado por expertos que el 2019 sería particularmente terrible en incendios forestales generados sobre todo por una severa sequía y el calentamiento global, hubieran pensado 10 veces antes de quitarle 1,229 millones de pesos a la Conafor y, al contrario, aumentarle recursos.

Más previsores e inteligentes con todo y lo corrupto que hayan sido, el Gobierno de Enrique Peña Nieto destinó en el 2018 un presupuesto de 4 mil 322 millones 222 mil pesos a la Comisión; este año con todo y lo complicado que resultaría como estaba advertido, el Gobierno de AMLO le dejó solo 3 mil 461 millones y el efecto inmediato fue despedir a muchos brigadistas que se sumaron a las filas del desempleo, pero lo más grave, dejaron desprotegido al país contra incendios.

Desesperados, gobernadores de 9 estados, incluyendo a Juan Manuel Carreras López de San Luis Potosí, han hecho mil malabares para atacar incendios como los de Ciudad Valles, donde hubo docenas de siniestros con destrucción de viviendas; en las sierras de Álvarez y de San Miguelito, Rioverde, Guadalcázar y muchos municipios, que llenaron de humo zonas urbanas.

Dijeran, pero en Valles estamos a salvo porque hay poca industria y baja flota vehicular; pero no es así.

Las descargas de contaminantes que expulsan los ingenios Plan de Ayala y Plan de San Luis, y Cementos Mexicanos con polvillo que tiene blancos a los árboles de su entorno; las quemas de caña que inundan la atmosfera de humo y tizne, los camiones del servicio urbano, materialistas, transportistas de caña, y quemas de terrenos enmontados urbanos, son contaminantes.

Cada semana y cada mes, se incorporan a la circulación docenas de vehículos de procedencia extranjera que en Estados Unidos son dados de baja generalmente porque pierden eficiencia en control de sus emisiones de bióxido de carbono, y contribuyen a contaminar el ambiente.

¿Qué harán el Gobierno del Estado y los presidentes municipales para prevenir que el viento envenenado siga aumentando como vehículo de muerte?

Commentarios

comentarios

To Top