Porfirio López

La unidad nacional de AMLO

Es curioso que quien se ha pasado toda su vida política y electoral dividiendo y polarizando a los mexicanos, ahora ya con la vestidura del Poder Ejecutivo llame a un acto político en favor de la unidad nacional. Andrés Manuel López Obrador el presidente de México que se ha dedicado a polarizar desde sus tiempos de luchador social ahora clama por la unidad nacional y por la dignidad de los mexicanos. El pretexto hacer frente a las anunciadas medidas arancelarias de Donald Trump.

En el fondo los dos mandatarios operan de forma muy similar, ni Trump va a cambiar sus bravatas respecto a los países que intenten frenar su economía interna, ni Andrés Manuel López Obrador va a cambiar su escenografía matutina y sus comentarios polarizantes con quien no está de acuerdo con lo que él diga. De forma paralela, los dos mandatarios persiguen con esos declaraciones y bravuconadas fines electorales. Trump quiere reelegirse por lo que él representa para el estadounidense promedio y el presidente López Obrador quiere afianzar la hegemonía de su partido político en las entidades del norte con miras a las próximas elecciones intermedias de 2021. En ese sentido habrá que ver el comportamiento de los dos vecinos.

¿Qué se va a lograr con la representación que intenta mostrar el presidente López Obrador en Tijuana? ¿En realidad los asesores del presidente creen que con una demostración de masas pueden detener el ansia de imponer medidas arancelarias en una economía desigual? ¿En verdad el presidente López Obrador piensa en la defensa de la dignidad y la amistad del pueblo de Estados Unidos? ¿Qué tan geopolítico es el presidente López Obrador cuando trata temas de interés para la economía y las finanzas nacionales? ¿Para qué un mitin de unidad nacional, si el presidente se la ha pasado seis meses como titular del Ejecutivo profiriendo amenazas y descalificando a diversos actores sociales?

Lo que habrá que ver cada que López Obrador y Donald Trump se enfrasquen en dimes y diretes y sea por los aranceles, por la migración, por el tráfico de armas, por el crimen trasnacional y por las exportaciones e importaciones de bienes manufacturados, es el potencial electoral que cada quien tiene en ambos lados de la frontera. Ni Trump quiere perder el poder acumulado por encima de los dos partidos tradicionales de Estados Unidos que están en crisis, ni el presidente López Obrador quiere perder la hegemonía que esta construyendo en torno a lo que representa Morena como partido político competitivo, en el marco de la erosión de los partidos mexicanos denominados tradicionales.

Sabedor de esa crisis de representación y de las recientes elecciones que marcan el avance de Morena en las gubernaturas del país es que el presidente López Obrador llama a la unidad nacional. El gran problema de la unidad nacional es que ha sido una constante desde que en México se implementó el proceso de apertura comercial y la unidad nacional nunca ha llegado, al contrario, habitamos una sociedad desigual en varios indicadores desde el tiempo del libre comercio y cohabitamos desde hace seis meses en medio de la crispación, el desdén, la irritación y la polarización permanente azuzada desde el Palacio Nacional cada que ocurre una conferencia matutina.

Los llamados a la unidad de los mexicanos no son cosa nueva, ni es obra de AMLO, ni significa la solución a los grandes males nacionales. Carlos Salinas llamó a la unidad nacional a través de Solidaridad. Ernesto Zedillo llamó a la unidad luego del avance de la criminalidad y el surgimiento del EZLN. Vicente Fox hizo exhortos por la unidad nacional luego de ver que no podría revertir la desigualdad social y la corrupción heredada. Felipe Calderón hizo de la unidad nacional su bandera una vez que aumentó la violencia criminal y se expandieron los grupos de delincuencia organizada. Recientemente el ex presidente Peña Nieto hizo llamados a la unidad nacional cada que ocurría una tragedia o cuando llegó Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos. En consecuencia, no nos debe extrañar que ahora ya instalado como presidente de la República Andrés Manuel López Obrador repita el mismo discurso y convoque a la unidad de todos los mexicanos como lo hicieron todos sus antecesores en los últimos treinta años.

Hoy como lo hicieron otros presidentes de la República la unidad nacional está en el centro de la discusión. La unidad nacional se hará presente en Tijuana, curiosamente en una entidad donde acaba de terminar el fervor electoral y acaba de ocurrir una alternancia en la gubernatura luego de treinta años de hegemonía del PAN para dar paso al partido del presidente. La unidad nacional otra vez será bandera para ocupar la plaza pública, para arengar a la masa, para provocar el aplauso barato, para alardear a los cuatro vientos, para vociferar contra quien tiene el monopolio del poder geopolítico y geofinanciero.

La unidad nacional otra vez a escena, porque no se tiene otra retórica desde hace tres décadas, porque no se entiende de indicadores económicos, porque no se entiende de calificaciones internacionales, porque no hay otro camino que el modelo neoliberal practicado en la 4T y porque en todas las mediciones luego de seis meses en el poder presidencial, un amplio sector social tiene todavía altas expectativas en el presidente de la República. Después de medio año en la presidencia el presidente López Obrador decide que es momento de mostrar el musculo electoral ante México y ante el vecino desde Tijuana.

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