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Porfirio López

Las cárceles en México: otra pesadilla

 

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) presentó la primera Encuesta Nacional de Población Privada de la Libertad (ENPOL), los datos que ahí se aportan dejan al descubierto que pasa en nuestros centros de reclusión federal, estatal y local. Cifras que de alguna manera dejan al descubierto la corrupción que se encuentra al interior de lo que se supone son centros de readaptación social, pero que en la práctica son escuela de crimen y violencia.

La realidad y la frialdad de las cifras demuestran lo que en su momento es vox populi. Caer en una cárcel mexicana para un ciudadano que es acusado o comete un delito de diversa naturaleza es sinónimo de entrar en una pesadilla y en un espiral de extorsiones. En nuestras cárceles abunda la corrupción, el cobro de cuotas de diversa índole, agresiones, abusos de autoridad, carencia de defensores, riñas y por supuesto ausencia de readaptación o reinserción social.

La ENPOL 2016 que se aplicó a 58 mil internos en 338 cárceles federales, estatales y municipales en las 32 entidades federativas del país revela una tasa de 173 personas encarceladas por cada 100 mil habitantes, de las cuales 68 por ciento tiene entre 18 y 39 años de edad, 94 por ciento no sabe leer ni escribir y 72 por ciento tiene apenas estudios de educación básica.

De igual forma el estudio indica que el 47 por ciento de los encarcelados se declaró culpable pero bajo presión, agresión o recomendación de su abogado o por medio de personal del Ministerio Público. De la encuesta se obtiene que el 21 por ciento de los presos fue detenido sin tener orden de aprehensión, 75 por ciento sufrió violencia psicológica, 63 por ciento padeció agresión física y 62 por ciento rindió su declaración ante el Ministerio Público bajo presión y terminó dando otra versión de los hechos.

La primera encuesta nacional refleja la gran corrupción que priva al interior de los penales mexicanos, el 87 por ciento de los reclusos nacionales paga cuotas a custodios y un 36 por ciento es obligado a pagar cuotas a otros internos. Si alguno de ellos no accede a ese mecanismo, la extorsión da inicio y entonces el preso tiene que conseguir dinero con familiares o es sometido por grupos organizados al interior de la cárcel a realizar diversas actividades al margen de su voluntad.

Pagar cuotas le permite a un recluso mexicano exentar el pase de lista, tener acceso a agua potable, usar un baño para sus necesidades fisiológicas,  acceso a espacios para visita conyugal, tener acceso a una cobija, una cama o colchoneta, acceder a servicio médico, tener aparatos electrónicos como una televisión o un radio en su celda y lo más cotizado tener acceso a dispositivos electrónicos de comunicación como un celular.

El hacinamiento de los reclusos mexicanos es un asunto recurrente en los centros de readaptación social, la ENPOL manifiesta que el 45 por ciento de los internos comparte la celda con más de 4 o 5 personas, ello hace que compartan cama, duerman en el piso y se roben objetos diversos. Ello puede explicar por qué en los últimos años se han generado motines, se han construido túneles y han ocurrido fugas masivas en diversos centros penitenciarios con consecuencias lamentables.

La ENPOL deja al descubierto la crisis de las cárceles mexicanas, donde lo que se nota son formas de autogobierno, bandas organizadas, reos estratificados social y económicamente que tienen acceso a privilegios,  además de anarquía que se genera con la complacencia de las autoridades encargadas de readaptar a presuntos culpables, a reclusos sin  y con sentencia y a delincuentes denominados de alta peligrosidad que en más de una ocasión permanecen todos juntos y ocasiona condiciones inhumanas y violatorias de derechos humanos.

En tiempos donde son detenidos gobernadores, presidentes municipales y capos del crimen organizado por igual, los datos aportados por la ENPOL 2016 es un termómetro que desnuda nuestra crisis carcelaria, es un reflejo de nuestra sociedad y es un aviso para que en el marco del Nuevo Sistema de Justicia Penal  las autoridades mexicanas en las tres órdenes de gobierno encargadas de procurar justicia  pongan atención al interior de las prisiones, para que éstas no terminen convirtiéndose en una pesadilla social y en una fallida administración del Estado mexicano.

 

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