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Porfirio López

Legislaturas estatales: onerosas e ineficientes.

El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) publicó un estudio en días pasados  denominado Informe Legislativo 2017 sobre el comportamiento de las legislaturas estatales mexicanas. Lo que se evidenció en ese trabajo es lo que da lugar al título de esta entrega y lo que muchos ciudadanos perciben del trabajo de un legislador local: los congresos estatales son caros, con altas dosis de ineficiencia y escaso trabajo en lo que se denominan comisiones.

El reporte del IMCO destaca el crecimiento de diputados locales ocurrido en el país en los últimos cuarenta años y que coincide con las décadas que lleva de desprestigio el quehacer legislativo en las entidades federativas. De 369 diputados locales que se tenían hace cuarenta años ahora existen 1, 125 diputados locales repartidos en las 32 entidades federativas de diversa manufactura política, lo cual refleja que la pluralidad política anidada en los congresos no es sinónimo de calidad o trabajo, sino un espiral de impunidad, recomendados y acomodados que han hecho obesas las legislaturas en cada entidad.

La cifra citada líneas arriba da un promedio de 35 diputados por congreso, pero el aumento de legisladores no corresponde a mayor eficiencia, eficacia o reconocimiento social. Al contrario la figura de un legislador local se ha deteriorado con el paso de los años hasta convertirlo en un sinónimo de ratero o corrupto. La desconfianza en los aparatos legislativos en  México ha alcanzado según las mediciones del instituto 82 por ciento. Una cifra muy alta para un trabajo que consiste en elaborar, revisar, derogar, adicionar y construir  leyes.

Un punto que refleja lo oneroso que es ser diputado en las entidades federativas es el presupuesto que se destina a los representantes populares estatales, de acuerdo con el estudio de IMCO ser diputado en la Ciudad de México alcanza la cifra es de 28.8 millones de pesos, lo que representa el costo de 8 diputados en una entidad como Puebla.

El informe presenta el caso de San Luis Potosí donde los representantes populares el año pasado se asignaron un aguinaldo de noventa días, lo cual corresponde al doble de lo estipulado en la ley. Por tanto el IMCO precisa que ser diputado local en el país es una garantía para asignar de forma discrecional sueldos, bonos y aguinaldos. Acciones que reflejan su ineficiencia, escaso trabajo legislativo y gasto exorbitante sin  transparentarlo o rendir cuentas.

Los diputados locales en México cuestan mucho, de acuerdo con el estudio presentado los más de mil legisladores cuestan  13 mil 551. 3 millones de pesos. Como ocurre con todo gasto público en el país la mayoría de ese dinero va a parar al pago de personal, gasto en comisiones y un rubro inédito en las legislaturas estatales: dar ayuda social.

Un tema que merece atención en el trabajo presentado es el rubro de comisiones, donde la mayoría presenta estudios escasos, opacidad y bajo monitoreo. En cada legislatura se arman comisiones sin rendir resultados, como ejemplo están los casos de Chiapas donde existen 42 comisiones legislativas y en Oaxaca y Veracruz hay 40 comisiones.

Un ejemplo de la opacidad y el exceso de recursos que realizan las legislaturas estatales lo refleja el gasto que realizaron 19 congresos el año pasado, en conjunto gastaron mil  millones de pesos adicionales a lo que originalmente presupuestaron. Y en el rubro de ayuda social –que no corresponde a las funciones de un legislador- 17 congresos locales gastaron mil 355.6 millones de pesos.

En conclusión ser legislador local es un disfrute de dinero público sin rendir cuentas a nadie,  es un exceso porque no representan el interés público, ni siquiera el de su partido político, mucho menos representan a los ciudadanos de su distrito, dado los escasos márgenes de votación con los que llega un personaje a ser diputado local de mayoría relativa o el monstruo denominado representante proporcional, mejor conocido como plurinominal.

La realidad legislativa está ahí expuesta por el IMCO,  pero como tienen fuero los diputados locales no tendrán vergüenza en seguir disfrutando de sus sueldos, de sus aguinaldos, de sus prestaciones, de elaborar informes en sus distritos, de regalar lo mismo una carretilla, un pantalón, un mandil, una sombrilla, un uniforme deportivo, un balón de futbol  o un sobre con cien pesos, porque así es su tradición, no se entienden o se perciben de otra forma y así han construido grandes arenas de opacidad y de impunidad legislativa.

 

 

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