Regionvalles

Porfirio López

Lo que desnuda Javier Corral.

Las acusaciones que ha vertido en los últimos días el gobernador de Chihuahua Javier Corral Jurado sobre la forma de disponer de millonarios recursos públicos tiene diversas lecturas y desnuda la continua descomposición del sistema político mexicano.

En primer lugar, la temeraria acusación del gobernador panista muestra como la clase política llámese presidente de la República, senador, gobernador, diputado federal, diputado local o presidente municipal disfruta de miles de millones de pesos bajo diferentes ramos y diversos rubros, que en la mayoría de las ocasiones no tienen leyes o regulaciones jurídicas precisas, ni operan bajo criterios de responsabilidad, transparencia o rendición de cuentas.

En segundo término, el escándalo desatado por el gobernador norteño muestra la distribución de fuerzas políticas, un gobernador que desafía al gobierno central y que acusa con ligereza al presidente de la República, gobernadores que dicen no tener problemas con sus recursos asignados, un presidente que dice que todo es un acto político. En resumen, un gobernador panista que reclama airadamente a la Secretaría de Hacienda y que hace alarde de fuerza ante sus ciudadanos, pero que en la práctica ha recibido sus presupuestos ordinarios y extraordinarios en tiempo y forma conforme a lo presupuestado.

En una tercera pista habrá que colocar las denuncias del gobernador chihuahuense en una franca guerra política por la sucesión presidencial. El anuncio que realiza Javier Corral lo hace acompañado de miembros de la clase política pertenecientes a la alianza del PAN y del PRD, no es la sociedad civil preocupada y ocupada por la corrupción gubernamental, quienes lo secundan en el estrado donde él realiza la acusación son parte de la misma clase política que no tiene buena estima social, que ve todo lo gubernamental en negativo y que se supone combaten con fiereza.

En cuarto término, el affaire de Corral Jurado muestra como en los últimos años han corrido hacia los estados miles de millones de pesos, los cuales el gobernador en turno del partido que sea puede disponer de forma discrecional para controlar su congreso estatal, los medios de información, los presidentes municipales o algunos actores denominados poderes fácticos que en algún momento pueden ser incomodos al gobernante en turno, pero con dinero público se pueden controlar. Y si estos recursos están catalogados como extraordinarios es mejor, porque no pasan por ningún control de rendición de cuentas, ni de fiscalización, ni por procesos de auditoría.

En una quinta estación habría que colocar las denuncias de Javier Corral en un espacio de circo mediático ante una sociedad ajena a lo público y distante de obtener información. Con esos referentes y acostumbrado al pleito de callejón político, el gobernador se asume como actor beligerante y saca lo mejor que ha sabido realizar desde sus tiempos de legislador, ello lo hace fácil porque habita en un país donde sin mediar investigación seria se puede salir a la palestra pública a acusar, a difamar y a crear artificios mediáticos.

En sexto lugar la acusación de Javier Corral es una más de las denuncias de corrupción que pasarán sin o con razón a formar parte del gran anecdotario de corrupción y de acusaciones que inunda el sistema político y que se quedará en los medios impresos y digitales, en intentos de hacer justicia en las entidades donde se producen alternancias o donde regresa el PRI a gobernar, ello seguirá siendo un enorme laberinto en parte porque aún no existe una sociedad civil organizada de alta intensidad en las entidades, también porque el ciudadano permanece distante de la clase gobernante y de sus actos y finalmente porque si lo que pelea Javier Corral es dinero mañana o pasado se lo darán, porque como reza el adagio del viejo régimen: en política los problemas que se resuelven con dinero no son problemas.

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