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Lupillo González

Los partidos políticos y el síndrome de la “chimoltrufia”

Por algo la ciudadanía no cree nada de las promesas y discursos de los jerarcas de los partidos políticos, convenencieros, engañosos, falsos, abusivos, desleales e hipócritas, en febrero pasado cuando estalló el problema del “gasolinazo” mostraban sus lágrimas de cocodrilo, supuestamente conmovidos por los estragos inmediatos que afectarían la economía de los mexicanos lanzaron su falso discurso sobre la necesidad de reducir radicalmente los recursos públicos que reciben los partidos para no ser un mal ejemplo de derroche en esta época de crisis.

Nada más como un descarado ejemplo voy a compartir una declaración del senador panista Francisco Búrquez : “La crisis económica (…) está requiriendo que los políticos, por instinto de supervivencia, estén siendo mucho más receptivos. Yo sí creo que en este año va a haber una reducción, no me cabe la menor duda (…) Ahora ya va a ser por las malas, por la presión ciudadana”. Entonces nos queda duda que el error es nuestro, porque al parecer la ciudadanía ha hecho las cosas por las buenas con los partidos políticos.

Los insultantes privilegios de la clase política en teoría serían un tema serio de debate y la partidocracia prometía revisar a fondo los millones y millones de pesos que se destinan a mantener en muchos casos a verdaderos parásitos que en nada le ayudan a la verdadera democracia, porque ya hemos visto como de norte a sur de nuestro país en cada estado existen partidos franquicia, regenteados por auténticos mercenarios que con tal de no perder el registro hacen las alianzas más increíbles.

Insisto con una doble cara, vieron que la situación económica del país, los altos niveles de desconfianza ciudadana hacia los partidos y la evaluación negativa sobre su desempeño, supuestamente llevaría a los propios institutos políticos a poner sobre la mesa una serie de iniciativas serias para reducir el millonario financiamiento público que reciben. Todo fue simple simulación y engaño.

Tal vez apelando a la poca memoria de los mexicanos, ahora en agosto nos llega como un verdadero balde de agua helada la noticia que los partidos para este 2018 se van a repartir nada más y nada menos que 6,788 millones de pesos, una locura, algo insultante, algo inadmisible y algo verdaderamente desproporcionado. Como dato, en 2012 se les dio un financiamiento de 5,142 millones de pesos.

Todo queda en mentiras y simulaciones su postura para disminuir de forma efectiva el financiamiento, solo dejaron que el tema de la crisis y el gasolinazo se enfriara y nos dan otra estocada al bolsillo de los mexicanos, acostumbrada ya a mantener a los partidos políticos.

Tan sólo en el año 2016 de acuerdo a datos del sistema de fiscalización del INE nos reveló que cinco partidos políticos en San Luis Potosí no recibieron un peso de aportación de sus militantes. Todo lo quieren de los recursos públicos, entre ellos el pago de sueldo de empleados y comilonas en restaurantes de lujo todo a costillas de usted. Estos partidos que sus militantes de plano no fuman son el Partido del Trabajo, PRD, Morena, Partido Verde y Nueva Alianza.

No debemos olvidar otra promesa incumplida de Peña Nieto que en campaña prometía disminuir cien diputados plurinominales. Sobre este punto el presidente del Pri, Enrique Ochoa, también a inicio de año se manifestó por que “se discuta ampliamente una solución para reducir el presupuesto de todos los partidos políticos”, e insistió en su propuesta de reducir 100 diputados y 32 senadores plurinominales, propuesta con la que estima, se ahorrarían 2,000 mdp anuales.

Mejor ya concluyo el tema porque con esta nefasta partidocracia sería interminable detallar sus dobles discursos y sus promesas incumplidas.

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