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Más que culpa, los perros sienten miedo cuando los regañas

En el experimento, lo único que causó la tierna mirada asociada al sentimiento de culpa, fue la reprimenda de sus dueños, mas allá de si, efectivamente, habían cometido la travesura o no.

Para una persona que ha estado rodeada de perros durante una buena parte de su vida, interpretar su lenguaje corporal no es un proceso muy complejo. Sin embargo, de acuerdo a un estudio reciente, la mirada de los perros cuando son regañados, más que culpa, podrían indicar que están experimentando miedo.

En otras palabras, esa tierna mirada que todos interpretamos como un sentimiento de culpa en los perros cuando cometen una travesura, podría ser, más bien, una señal de miedo. Te lo contamos todo.

¿Qué hay detrás de la mirada de culpabilidad de los perros?

Todos conocemos, o creemos conocer, la tierna mirada de culpabilidad de los perros cuando son descubiertos cometiendo una travesura. De hecho, solo basta echar un rápido vistazo en internet, para encontrar curiosas muestras de ello. Sin embargo, podríamos estar más equivocados de lo que creemos.

Al respecto, siguiendo los resultados de un estudio, esa tierna mirada, más que reflejar el sentimiento de culpabilidad, podría ser una señal del miedo que están experimentando nuestras mascotas.

Se pone a prueba el comportamiento de los perros

Para llegar a esta conclusión, un equipo de investigadores trabajó con 14 perros y sus dueños. Específicamente, perros y dueños participaron en nueve ensayos distintos en los que las personas les mostraban a sus mascotas una golosina, indicándoles efusivamente que no podían tocarlo.

Luego de esto, los dueños debían colocar la golosina en un lugar del suelo fuera del alcance del perro y salir de la habitación. En tanto esto, un investigador quitaba la golosina y, mientras en unos ensayos se la ofrecía al perro para que se la comiera, en otros la escondía.

Posteriormente, el dueño debía regresar, ante lo que el investigador le reportaba que el perro se había comido la golosina, bien fuese esto cierto o falso. Así, cuando el dueño creía que el perro se había comido la golosina, este recibía un regaño.

Caso contrario, de creer que no se la había comido, el perro recibía elogios.

De esta manera, fue posible obtener y analizar grabaciones del comportamiento de estos perros ante distintas circunstancias.

Así, se observó que, ante las reprimendas, las mascotas emitían los comportamientos típicos asociados al sentimiento de culpa; a saber, eludir el contacto visual, acostarse sobre la espalda, dejar caer la cola y las orejas, bajar la cabeza, alejarse del dueño o lamerlo intensamente.

Lo curioso del caso es que estos comportamientos se observaron independientemente de si, en realidad, los perros se habían comido la golosina. Es decir, el haber comido la golosina o no, no influyo sobre el comportamiento de los perros. Por tanto, los investigadores sugieren que esta conducta, más que reflejar culpa, son una señal de miedo ante las reprimendas.

¿Culpa por la travesura o miedo ante el regaño?

A veces es imposible a la tierna mirada de los perros cuando los regañan.
Tal como vemos, los resultados sugieren que los perros, en lugar de sentir culpabilidad debido a sus travesuras, podrían sentir miedo ante la eminente reprimenda por parte de sus dueños.

Así, se observó que los perros del experimento, independientemente de si se habían comido la golosina prohibida o no, mostraban los mismos comportamientos ante la posible reacción por parte de sus dueños.

En este sentido, lo único que causó la tierna mirada asociada al sentimiento de culpa, fue la reprimenda de sus dueños, mas allá de si, efectivamente, habían cometido la travesura o no.

Teniendo esto en cuenta, se sugiere que, en lugar de culpa, cuando los perros se comportan de la mencionada manera, lo que sienten es miedo de haberse metido en problemas.

Finalmente, los expertos aseguran que la mejor manera de entrenar a los perros no es con miedo.

Más bien, se recomiendan métodos disciplinarios basados en recompensar comportamientos adecuados, a fin de no dejar lugar a comportamientos indeseables.

A fin de cuentas, cuando un perro siente temor, es menos probable que aprenda a comportarse mejor.

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