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Migrantes responden con guante de oro: se unen por Juchitán, en el país que tanto los maltrata

Los 45 migrantes hondureños, salvadoreños, guatemaltecos y nicaragüenses escombraron las calles, casas y hospitales improvisados de Juchitán luego del sismo de 8.2 que dejó 96 muertos. Cavaron tumbas, limpiaron patios, quitando tabiques, desempolvaban muebles y curaron heridos.

Todos iban armados con 11 palas y con la voluntad de solidaridad con México, país donde muchos han recibido violaciones constantes a sus derechos humanos en su paso para llegar a Estados Unidos.

Un grupo de 45 migrantes hondureños, salvadoreños, guatemaltecos y nicaragüenses que se encontraban de paso por la región del Itsmo de Tehuantepeccuando ocurrió el sismo de 8.2 grados Richter el pasado jueves se sumaron a las brigadas de rescate en el estado de Oaxaca.

El estado que ha sido de los más golpeados con más golpeadas con 76 de los 96 muertos, heridos y cientos de casas derrumbadas así como más de 200 heridos.

Armados con 11 palas y voluntad de solidaridad con México, los inmigrantes se olvidaron de su condición de indocumentados y salieron a las calles de Ixtepec desde el albergue “Nuestros Hermanos en el Camino” –fundado por el sacerdote Alejandro Solalinde– guiados por el activista Ernesto Castañeda.

Migrantes en Juchitán, Oaxaca, donde el sismo hizo un enorme daño. Foto: Hermano José (@HermanoJose43)

Migrantes ayudando entre escombros. Foto: Hermano José (@HermanoJose43)

“Dijeron que querían salir a apoyar pero no tenían dinero así que nos movimos de ‘aventón’”, precisa Castañeda. “Después, cuando salimos a la calle la gente tenía miedo de aceptar la ayuda de los migrantes: pensaran que les iban a robar o aprovecharse de la situación, pero poco a poco los dejaron”, precisa Castañeda.

Entonces comenzaron por quitar escombro. Levantaron postes de luz y cascajo de las calles desde el mismo viernes por la mañana en Ixtepec y ya entrada la tarde se trasladaron a Juchitán, el municipio que concentró el saldo mayor de la tragedia con 17 muertos del total de los 46 fallecimientos en el estado (otros 15 fueron en Chiapas y cuatro en Tabasco).

Algunos de los centroamericanos conocían ya la cabecera municipal porque acudieron antes del temblor a levantar denuncias por diversos delitos como el hondureño Joel Álvarez, de 29 años, quien había sido asaltado la semana antepasada cuando atravesaba por primera vez el estado camino a Estados Unidos, huyendo de las extorsiones de pandilleros en su país.

“Probablemente estamos ayudando a gente que cometió delitos en contra, pero eso no importa. Sabemos que en México no todos tienen el mismo corazón y ha sido más la gente que nos ha ayudado”, reflexiona Álvarez en entrevista telefónica.

Migrantes centroamericanos ayudan a la reconstrucción de Juchitán, en Oaxaca. Foto La Opinión

Una brigada de centroamericanos indocumentados salió a las calles a ayudar tras el sismo. Foto: La Opinión

De acuerdo con la última Encuesta Nacional sobre la Discriminación, siete de cada 10 mexicanos siente algún tipo de rechazo hacia los migrantes, por lo que centroamericanos encontraron en la desgracia del sismo una oportunidad de demostrar su valía y sus “buenas intensiones” a su paso por México.

Escombraron las calles, casas y hospitales improvisados de Juchitán el viernes y sábado cavaron tumbas, limpiaron patios, quitarno tabicones, desempolvaban muebles y curaeron heridos.

En esas andaban cuando se encontraron a Ana María Clavel la Fiscal de Atención a Delitos contra Migrantes de la región.

“Su casa se derrumbó y nosotros la ayudamos a sacar sus pertenencias y rescatar cosas que puedan servirles: ella estaba muy sorprendida de que los muchachos migrantes la ayudaran porque ha sido muy dura con ellos”, precisa el activista Castañeda.

La brigada de inmigrantes se afanó en sus labores de Juchitán y en las últimas horas se movilizó a Ixcaltepec, donde murieron seis personas y decenas de casas quedaron totalmente destruidas, entre ellas, la de un padre soltero y su hijo.

“Fue muy impactante ver a este señor tratando de escombrar su casa solo y decidimos ayudarlo: sacamos las pertenencias que servían, organizamos, barrimos y le servimos todo lo que pudimos”, detalla. “Y el hombre, en medio de sus problemas, todavía tuvo el corazón de sacar 50 pesos y dárnoslos como agradecimiento porque sabía que nosotros, aunque de otra forma, también tenemos nuestras penas”.

Los indocumentados continuarán apoyando en la región hasta que ésta levante y vuelva a la normalidad o, al menos, ya no los necesite.

 

Vía La Opinión

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