Toño Martinez

Módulos habitacionales tortura, caos y suplicio

Vivir en casas del Infonavit o conjuntos “privados”, requiere de un temple espartano

Igual que el chiste de humor negro que presenta a un individuo reposando en las llamas del infierno plácidamente, porque le parecen caricias comparadas con el calor que priva en Ciudad Valles, vivir en un conjunto habitacional del Infonavit, Fovissste o las “privadas” residenciales que brotan como hongos por todos lados ofreciendo paz, tranquilidad y sana convivencia, es un auténtico martirio que pone a prueba día a día la resistencia de sus ocupantes.

Viviendas minúsculas unidas por una delgada pared donde la privacidad no existe, pues se escucha hasta los ronquidos del inquilino próximo o la respiración agitada cuando están cumpliendo sus deberes conyugales, llenan extensas manzanas de mundos dantescos donde convivir es un desafío a la valentía, que tal vez ni los espartanos podrían resistir.

Asomarse a uno de esos conjuntos habitacionales, es penetrar a un mundo sórdido con andadores llenos de toda clase de objetos y basura, oscuros, malolientes, de piso fracturado por la pésima calidad de la obra.

Permanecer en sitios así, es arriesgarse a sufrir daños psicológicos y físicos de fatales consecuencias, como lo demuestran los altísimos porcentajes de divorcios y enfermedades de tinte nervioso y neuronal que presentan los residentes de este tipo de casas, provocadas porque además el vecino tiene que soportar escándalos, gritos, riñas familiares, música estridente y borracheras, y todo ello en un calor casi volcánico que quiebra a cualquiera.

Durante décadas, las políticas del Gobierno Federal en materia de vivienda se han centrado en construir casas sin ningún sentido de proporcionar bienestar a quienes las ocupen.

Cuartos de 3 por 3 metros, techos bajos, espacios ridículos como “jardín” o área para lavar ropa, apretujados vertical u horizontalmente, constituyen la visión del Gobierno de un hogar para el trabajador, lo cual es una auténtica infamia, una humillación y una violación al sagrado derecho al bienestar.

Pero, además, impacta el estado de ánimo del trabajador o trabajadora que cuando llegan a sus empleos traen una carga emocional negativa, un rictus de angustia en el rostro que se traduce en baja productividad y mal humor, si tienen a su cargo atender clientela.

Remediar lo que está hecho es prácticamente imposible y las consecuencias seguirán arrastrándose. Pero, parece surgir una luz de esperanza para revertir las políticas de vivienda bajo el régimen del actual Gobierno que encabeza Andrés Manuel López Obrador.

La Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, o sea Sedatu, encargada de normar al sector de vivienda, aplicará lineamientos para abatir el rezago suprior a los 14 millones de familias sin casa, pero con un esquema digno. Por ejemplo, establece que las nuevas áreas habitacionales deberán estar bien ubicadas, con acceso a transportación y servicios, que se asignen cerca de los lugares de trabajo del ocupante, con escuelas, centros comerciales, parques cercanos.

Tendrán un diseño cómodo, en muchos casos con innovaciones tecnológicas, como por ejemplo calentadores de agua solares, paneles para electrificación, pero sobre todo, espacio.

Ojalá y que la Comisión Nacional de Vivienda, la Sedatu, el Infonavit, el Fovissste modifiquen de veras el tema de la vivienda, para ya no tener más hornos ni infiernos de convivencia.

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