Porfirio López

Muñoz Ledo: una herencia del pasado

Porfirio Alejandro Muñoz Ledo y Lazo de la Vega es uno de los políticos de la vieja guardia nacionalista revolucionaria, es el primer gran “chapulín político” de los últimos cuarenta años, en consecuencia, los halagos que hoy hacen de él sus compañeros en el Poder Legislativo no es otra cosa que reconocer que toda la ruta de la consolidación democrática ha sido piloteada por personajes del viejo sistema político de partido hegemónico con sus variantes conocidas hoy como Movimiento de Regeneración Nacional (Morena).

No hay más, ni Muñoz Ledo es un héroe de la democracia, ni es un hombre del sistema, ni es el hombre providencial del Estado mexicano, ni es un político de altas miras, ni es el salvador de la Patria, a pesar de sus discursos incendiarios. Viene de la retórica de Díaz Ordaz, ha pasado por el populismo de Luis Echeverría, se hizo a un lado cuando se adelgazó el Estado mexicano y transito toda la ruta del modelo neoliberal a la sombra de lo que se denominó como izquierda. Es un político que ha brincado de un puesto público a otro, con oficio y tacto político y nada más.

Que nadie se equivoque o le exalte virtudes en esta época de ansiedad por aparecer en los libros de historia mexicana.
Muñoz Ledo con sus ocho décadas de vida a cuestas para recordarle a las nuevas generaciones y también para recordarle a sus mismos compañeros de bancada morenista ha pasado del Partido Revolucionario Institucional (PRI) al Partido de la Revolución Democrática (PRD), luego aterrizó en lo que quedaba de Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM), después cuando inicio la alternancia en la presidencia de la República muto al foxismo para encabezar la denominada Reforma del Estado que terminó en un fracaso y en los últimos años se cobijó en el Partido del Trabajo (PT), cuando surgió Morena se echo a los brazos de uno de sus pupilos más aventajados Andrés Manuel López Obrador.

Muñoz Ledo fue incendiario en su discurso, hábil para la retórica por lo cual ocupó un espacio en la Organización de las Naciones Unidas, la titularidad de la Secretaría del Trabajo y en la SEP, además del IMSS. Por sus tablas políticas y su largo recorrido en el andamiaje de la clase política llegó a lo más alto del Poder Legislativo en la actual legislatura, pero aún con eso Muñoz Ledo no ha podido hacer gran cosa, más que recrear el modelo de donde él viene. Asumir el modelo del partido hegemónico. Morena tiene hegemonía en el Poder Legislativo como en su momento el PRI mantuvo ese poder hegemónico y en esa sintonía Muñoz Ledo se sintió cómodo, tan a gusto que se atrevió a proponerse para una reelección legislativa.

Lo que vino después no es nada que el mismo Muñoz Ledo no conozca o que no haya padecido. Conocedor de las tripas del sistema político mexicano el octogenario Muñoz Ledo se hizo a un lado por dos situaciones, la primera no tanto porque quiera parecer un demócrata, sino porque los años no pasan en vano y porque su salud parece deteriorada. Y la segunda es por la lucha de poder interna que se libra en Morena por agradar al presidente de la República.

Hoy estamos en el umbral de lo que México padeció cuando se inauguró el sistema político del siglo XX. En las primeras cuatro décadas del siglo XX se derrumbo el viejo acuerdo político, se sometieron a todos los generales de la revolución, se formó un partido hegemónico con partidos pequeños orbitando a su alrededor y vinieron los nuevos políticos. Se alejaron Calles y Cárdenas, se habían maniatado todos los intentos golpistas y las rebeliones, vino la modernidad y la corrupción con el cachorro de la revolución Miguel Alemán y después el sistema dio un vuelco al presidente denominado caballero Adolfo Ruiz Cortines, un político de la vieja guardia que venía a sacudir toda la indecencia gubernamental heredada por los amigos de Alemán Valdés.

Es precisamente en ese entorno donde nos encontramos hoy que se habla de la construcción de un nuevo régimen y de una nueva transformación de la vida pública. A diferencia del inicio del siglo XX, hoy tenemos un país mucho más complejo, en consecuencia, no puede verse la renuncia de Muñoz Ledo con demasiado optimismo, ni con altas dosis de democracia. El problema es que no existen personajes de la clase política que puedan ayudar a entender en que nivel del proceso democrático nos encontramos y por cuando anuncia Muñoz Ledo su retiro vienen los elogios y los halagos de personajes como Ricardo Monreal o Mario Delgado, por ejemplo.

Por eso la mayoría morenista en el Congreso de la Unión que en la mayoría de los casos no sabe ni como llego ahí o porque llego a ocupar una curul legislativa, aplaude los dichos de Porfirio Muñoz Ledo, por eso el mismo Muñoz Ledo asumió como un “delirio estar con Porfirio”. Si alguien sabe de delirios políticos es precisamente el representante más vetusto del viejo sistema político que se resiste a morir y que como dinosaurio da coletazos. Quien venga o ocupar su espacio, no va a entender como se camina en las tripas del sistema político, el único que conoce los drenajes del gobierno mexicano y el accionar del andamiaje de la clase política es Muñoz Ledo, quizá por eso él tiene el ansia delirante que lo reconozcan como hombre de Estado, así como aquel que tiene el ansia de pasar a la historia como el mejor presidente de México.

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