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Íconos de la Huasteca

Museo Leonora Carrington el nuevo ícono de la Huasteca

Abierto en Xilitla, fue una promesa que le hizo su hijo Pablo Weisz antes de que ella muriera

“Hubiera sido una lástima que estas obras permanecieran guardadas o en un jardín secreto. Ahora tengo el enorme gusto de decir que se van a exhibir”, me contestó Pablo Weisz, hijo de Leonora Carrington, después de haberle preguntado cómo se sentía al haber donado y desprenderse de la obra de su madre.

La creación de un museo para exhibir las piezas de Leonora Carrington fue una promesa de Pablo Weisz antes de que muriera su madre, y al día de hoy hay dos que él mismo califica como “magníficos museos, tipo siglo XXI”.

El pasado fin de semana quedó abierto al público el segundo espacio dedicado a la artista surrealista en San Luis Potosí, en el que se exhiben 63 esculturas, algunas máscaras, tapices de lana grabados, fotografías, dibujos, litografías y herramientas de trabajo que Pablo (su hijo) dejó en comodato por 50 años, de acuerdo a un contrato que firmó con el Estado potosino. El primer museo dedicado a Leonora se abrió hace unos meses en la Capital potosina.

¿Pero por qué en Xilitla? ¿A qué se debe esa conexión de Leonora con un pueblo enclavado en la Huasteca Potosina?

“Ella era muy amiga de Edward James -me cuenta Pablo-, James (creador del jardín surrealista en Xilitla) fue el responsable de darle el empuje inicial para poder sobrevivir. Él tenía fondos y compró su obra, pero sólo estuvo una vez de visita en Xilitla conmigo y con mi hermano”.

Y aunque son pocos los recuerdos que tiene Pablo de su visita a Xilitla, porque era un niño de apenas 12 años, tiene un profundo amor y respeto por San Luis Potosí.

Pero la conexión entre Edward James y Leonora, una mujer nacida en Inglaterra pero que murió siendo mexicana, iba más allá de fondos monetarios y valor adquisitivo. En uno de sus textos, Elena Poniatowska habla de la empatía que sentían ambos personajes: Amor por la naturaleza, por los animales y por los insectos.

“Leonora Carrington y Edward James tenían en común el origen y la originalidad. Habían respirado el mismo aire, visto el mismo océano, escuchado la misma lluvia caer interminablemente sobre el techo de sus castillos Hazelwood y West Dean. Ambos venían del mismo reino: el británico. Incluso, Edward James quiso casarse con Leonora, pero lo que más deseó fue conservar en el gran jardín de Xilitla todos los animales que traía de sus safaris a América del Sur y a África: venados, tortugas, guacamayas, cacatúas, monos araña y hasta una boa, que formaban parte de su inconsciente y lo interpelaban todo el día y toda la noche. Edward James (al igual que Leonora) se comunicaba en forma instantánea con los animales: una guacamaya tenía su percha en su hombro y le sugería cosas al oído. Las cacatúas a veces son insistentes y los animales que hablan y los que no hablan, en vez de fieles sirvientes, acaban por volverse el dueño de sus amos y logran posesionarse de su vida”. (Texto de Elena Poniatowska)

Pero ya desde su paso por Xilitla, Leonora había dejado parte de su talento y creatividad. Pintó sobre uno de los muros de la casa de Plutarco Gastelum Esquer, heredero de James, una mujer de casi dos metros de altura con cara de carnero. Es un mural que sólo pocos han podido admirar, si mencionamos que ahora esa casa es una pequeña posada y sólo tienen acceso los que logran hospedarse en ese bello lugar.

Pero ahora, gracias a la generosidad de su hijo Pablo, el pueblo de Xilitla recibió con mucho orgullo esas piezas únicas de Leonora Carrington, para mostrarlas al mundo y seguir siendo un lugar fuera de lo real.

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