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Lupillo González

Opacidad crónica

No entiendo porque se han negado a cumplir simplemente con lo que marca la ley de transparencia, así de fácil.

¿Por qué la Universidad Autónoma de San Luis Potosí le tiene tanto temor a la transparencia? Debería ser un ejemplo a seguir en transparencia y rendición de cuentas, sin embargo en esta materia la máxima Casa de Estudios en San Luis Potosí sale lamentablemente reprobada.

No entiendo porque se han negado a cumplir simplemente con lo que marca la ley de transparencia, así de fácil. Sin embargo de forma sistemática se han opuesto a publicar de forma correcta los sueldos de sus funcionarios entre otros temas obligatorios. Bien dice el dicho que el que nada debe nada teme. Si las cosas las están haciendo bien entonces cumplan con ley. 

Compras bajo sospecha

Y ya que andamos en temas del oscurantismo y la opacidad, donde anda la cosa que arde es en las compras de medicamentos oncológicos en el Hospital Central. Existe una enorme de red de empresas fantasmas que abarca a ciudades como Monterrey y Guadalajara, incluso varias de ellas ligadas a un fuerte político norteño y que aparecen facturando millones de pesos beneficiadas por adjudicaciones directas del Director del Hospital Francisco Alcocer. Tanto la Contraloria General que encabeza el gran encubridor Gabriel Rosillo como la Auditoria Superior extrañamente en más de tres años no han detectado la más mínima irregularidad. Muy pronto quedarán una vez exhibidos por su irregular labor.

Fraccionadores premiados

Como ya lo he mencionado en columnas anteriores, el mal ejemplo pronto se contagia entre los voraces desarrolladores inmobiliarios, ya que el no cumplir con la ley no les causa consecuencias y sin embargo pueden conseguir más permisos de construcción a cambio de eternas promesas incumplidas. Tal es el caso del Fraccionamiento La Vista que en tiempo record acaba de recibir cinco licencias de construcción a cambio de por fin regularizar su situación con Interapas, sólo que el Ayuntamiento de la capital extendió las licencias y el fraccionador por enésima ocasión no cumplió. ¿Quién tiene la culpa?

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