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Toño Martinez

Podrá AMLO convertir a México en reino de bienestar

  • Mensaje de toma de posesión como presidente de México, liberó esperanzas y pocas dudas, en que se puede alcanzar la conversión que nos relance a otros niveles de desarrollo.

 

Escuchar el mensaje de paz, amor, desarrollo económico, honestidad, justicia, igualdad y convivencia sana que pronunció ayer Andrés Manuel López Obrador tras rendir protesta como nuevo presidente de México – el número 64- hizo detonar la esperanza de que podemos lograr la reconversión de México si todos participamos.

Escéptico sobre la figura de Andrés Manuel por el discurso que a lo largo de casi 20 años ha guiado su aspiración al poder, una mezcla de autoritarismo, socialismo, liberalismo y populismo, debo reconocer que su mensaje cambió en gran parte tal percepción -aunque con sus reservas, y le doy el beneficio de la duda-.

Mientras escurría su disertación verbal sobre el sustento que explicaba, daría soporte a la “Cuarta Transformación”, hizo imaginarme un México convertido en un reino de felicidad con altos estándares de calidad de vida de cada mexicano, como Bután, Dinamarca, Suiza, Suecia, Reino Unido, Islandia o Finlandia.

Y soñé que, como en Bután, donde sin restar importancia al tema económico, su gente da la misma categoría a la cultura, espiritualidad y medio ambiente, – es el único país con un indicador de Bienestar Interno Bruto, para medir el índice de calidad de vida de la población-, entrabamos en el camino para acercarnos.

Y la verdad no es descabellado el proyecto de nación de El Peje, al que dejare de llamarle Lagarto y Lagartija al menos durante los próximos tres años, dependiendo del cumplimiento de los ofrecimientos.

Me pareció correcto que echó mano de números, estadísticas, análisis y de la cruda realidad que ha vivido México, desde la implementación del neoliberalismo, uno de cuyos dramáticos ejemplos es que el trabajador mexicano sea el peor pagado del mundo; que la corrupción ha sido la madre de la inseguridad y el desequilibrio de oportunidades; que la riqueza se haya concentrado en una minoría rapaz, empobreciendo a millones de ciudadanos.

Ese esquema político que enmarañó tanto a los Gobiernos priistas, panistas, perredistas y de todas clases, creando círculos viciosos sin salida, que día a día expandían como globos la pobreza, hambre, desigualdad de oportunidades, violencia, y falta de confiabilidad en las instituciones oficiales.

La misma maraña que en el sexenio que terminó ayer ubicó a México en el lugar 135 de 176 países en índice de corrupción.

Que creó una casta obesa de políticos que cada tres o seis años medraron con el dinero público ganando exorbitantes sumas de dinero, mientras crecía y crecía la miseria popular.
Que desplomó la producción de petróleo entregando su procesamiento para elaborar gasolinas a refinerías de Estados Unidos y hasta China contribuyendo a encarecer su precio.
Que canalizaba miles de millones de pesos en el culto a la personalidad de políticos gobernantes través de convenios con medios de comunicación.
Un país que en pocos años duplicó el número de diabéticos y devaluó la atención médica selectivizandola.

Por eso y toda la podredumbre que tenía apolillada a la justicia social y expulsó a 24 millones de mexicanos para buscar el sustento en Estados Unidos, me generó ilusión y buena dosis de certidumbre, el anuncio de las nuevas reglas de gobernanza que presentó Andrés Manuel López Obrador.

Es más, hasta el tema de Perdón y Olvido me pareció saludable, para que no pierda tiempo en perseguir e investigar a políticos corruptos del pasado reciente, para no perder tiempo. Total, de ese se encargarán las instancias de justicia.

A nosotros, periodistas y ciudadanía, corresponde orientar y aplicar una posición participativa pero critica en apoyo a las propuestas, para que el presidente nuevo no se amilane ni se acobarde, no de pasos atrás en el proyecto de nación que es una urgencia, y no quede en buenas intenciones.

 

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