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Porfirio López

El sismo: lo social, lo político y el gobierno

Los sismos ocurridos el pasado 7 y 19 de septiembre en la Ciudad de México, Oaxaca, Chiapas, Morelos, Puebla y Estado de México que costaron más de un centenar de vidas humanos, dejaron miles de damnificados sin patrimonio, derruidas carreteras y destruidas en todos sus aspectos amplias zonas locales reflejaron cómo estamos, qué hemos aprendido, cómo nos  comportamos, de qué carecemos y cómo le vamos a hacer a partir de esas dos experiencias trágicas.

A partir del 7 y del 19 de septiembre en lo social se reflejó lo mucho que la sociedad ha aprendido cuando ocurren eventos naturales ante lo cual la fuerza humana no puede hacer nada. El sismo sacó a relucir la solidaridad de los ciudadanos apenas minutos después de ocurrido el movimiento telúrico.

Si el sismo de 1985 había sacado a flote la unión de los mexicanos, ahora 35  años después un evento similar volcó a las calles y avenidas convertidas en zonas de desastre  a centenares de ciudadanos voluntarios que igual se dedicaron a mover piedras con sus manos, a recolectar agua, comida, enseres domésticos y utilizar sus propios medios materiales para transportar heridos o albergar vecinos que habían sido afectados.

A diferencia de 1985, cuando un evento similar inauguró la Protección Civil y la organización de la denominada sociedad civil, hoy centenares de fundaciones, organizaciones, artistas, cineastas, músicos, intelectuales, empresas de diversa índole y demás mecanismos de apoyo  se dedicaron a recolectar víveres, a reunir fondos, a transportar ayuda de todo tipo, a prestar su maquinaria pesada, a solicitar ayuda internacional y a trabajar mano a mano en todas las ciudades que resultaron afectadas.

Los sismos del pasado 7 y 19 de septiembre mostraron la unión de los mexicanos al margen de protagonismos y de la desigualdad social. Si algo hemos aprendido de estas tragedias es que la sociedad de repente requiere de estos momentos de angustia y desesperación para canalizar fuerzas ciudadanas que sobrepasan por mucho la actividad gubernamental, en mucho ayudo lo que ahora tenemos a la mano: uso e imágenes de teléfonos inteligentes, transmisiones en vivo, el uso de redes sociales, los avances en la prevención de desastres, los simulacros y la tecnología para buscar y ubicar sobrevivientes o fallecidos entre escombros.

Del otro lado está la respuesta del gobierno, de igual forma se comparó en muchos espacios la labor del gobierno federal respecto al sismo de 1985. En aquel momento el gobierno federal, estatal y local se pasmó, se quedó paralizado ante la magnitud de la tragedia. Tres décadas después el gobierno federal reaccionó rápido, las fuerzas armadas, militares y marinos ocuparon los espacios de la tragedia en la mayoría de las ciudades colapsadas por el movimiento  de tierra, se usó maquinaria pesada para remover las estructuras destruidas, se hicieron cercos sanitarios y funcionarios federales se movilizaron en las entidades y municipios.

El presidente de la República Enrique Peña Nieto  a diferencia de 1985 salió a emitir mediante mensajes a la Nación la situación en diversas entidades siniestradas. De forma ágil se emitieron cifras, datos y aproximaciones a los daños. La Secretaría de Educación Pública ha sido eficiente por primera vez anunciando de forma diaria el regreso a clases en zonas y entidades que resultaron afectadas.

En algo que para muchos ciudadanos fue inédito, por primera vez  altos mandos de la Marina ofrecieron disculpas al país de manera inmediata, luego de que durante un día completo se alimentaron falsas expectativas en diversos medios de comunicación del rescate de una menor de edad en una escuela siniestrada en la Ciudad de México. En tanto miembros del Ejército Nacional activaron de forma eficaz el Plan DN-III y han dado de desayunar y comer a centenares de familias.

Al igual que la ciudadanía, el gobierno federal utilizó los mismos mecanismos tecnológicos: drones para precisar espacios a acordonar, equipos sofisticados para ubicar víctimas y sobrevivientes, mensajería instantánea mediante redes sociales, de forma rápida acepto la ayuda internacional de rescatistas especializados en siniestros y comenzó a dar plazos para la destrucción y reconstrucción de edificios, casas, palacios municipales, además del anuncio de la entrega de tarjetas para la compra de productos de la canasta básica y  la reactivación económica de amplias zonas en entidades bajo la creación de las denominadas Zonas Económicas Especiales.

Por último queda comentar la acción de los políticos y sus respectivos partidos, los cuales no gozan de credibilidad y confianza y que ahora con sus declaraciones e intenciones han mostrado un oportunismo descarado y vulgar. Luego de la tragedia y ante la intención de figurar, los presidentes de partidos políticos, los legisladores, los senadores y aspirantes a la presidencia de la República sacaron a relucir sus ambiciones electorales a la luz de la emergencia nacional.

Todos los miembros de la clase política mostraron su lado generoso, todos anunciaron que donarían parte de su sueldo, todos se dijeron consternados por los sismos ocurridos en diversas entidades, todos de forma rápida comenzaron a emitir cifras y porcentajes de que entregarían miles de pesos a título personal y de forma partidaria para apoyar las zonas de desastre, pero no precisaron cómo, ni cuándo.

A pesar de atiborrar de anuncios los espacios de comunicación e información, de mostrar su creatividad en la tribuna legislativa para definir fondos de reconstrucción, de despojarse de sus onerosos sueldos o de enviar ayuda mediante despensas que llevan los logotipos de su figura o de su partido, los políticos y los aspirantes a puestos de elección popular para el próximo año,  son los más dañados por los sismos , los más distantes de la ciudadanía, serán los más cuestionados y los más aislados cuando intenten presumir que apoyan a los miles de ciudadanos damnificados.

 

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