Porfirio López

Temporada de promesas

Apenas son precandidatos a puestos de elección popular y prácticamente todos los políticos y políticas andan ofreciendo promesas. No importa si van por el cargo de gobernador, diputado local o es aspirante a ser candidatos a presidente municipal, todos y todas andan desbocados en lo que ya es una tradición de política electoral: prometer. 

Para la elección de junio del próximo año, hay quien dice desde ahorita que con él o ella nos va a ir mejor, que son la mejor opción, que no se puede dejar la oportunidad de votar por la posible candidata o candidato, que se va a detonar el crecimiento económico, que se va a acabar con la inseguridad, que se va a potenciar el turismo, que el estado será una potencia en inversión, que se tendrán mejores condiciones sociales, entre otras promesas que cada tres y seis años hemos venido escuchando. 

Es una moda que cada precandidato y candidato prometa, sabedor que cuando llegue al poder puede hacer o no realidad lo que promete. Reza el refrán popular que “el prometer no empobrece” y de ahí la retahíla de promesas aventuradas que cada político o política presenta en la plaza pública. 

Si es precandidato o candidato a gobernador prometerá lo que siempre hemos escuchado en los últimos veinte años. Echará culpas al pasado, prometerá juicio político contra quien deja el puesto, dirá que irá por una exhaustiva revisión de cuentas públicas, se desbocará en los mítines, en sus “slogan” y “jingles” de campaña, repetirá que con él o ella la entidad estará en paz y habrá empleos suficientes para vivir en armonía social. Casi el paraíso en tierras potosinas, dependiendo siempre de la zona que pise el candidato o candidata a gobernador o gobernadora. 

Si es aspirante a la presidencia municipal la historia es similar a quien busca ser candidato a gobernador. No importa el partido político o la alianza partidista que lo postule, el político o política que resulte candidato ofrecerá de todo. Irá de colonia en colonia, de ejido en ejido, de comunidad en comunidad, ofreciendo hacer obra pública que nunca nadie ha realizado, se desgañitará ofendiendo a sus contrincantes si es que se desarrolla un debate, prometerá un cambio como si el municipio tuviera siglos de atraso. 

De forma similar si el candidato o candidata es aspirante a una curul local o federal, hará lo mismo que hemos presenciado en los últimos cuarenta años. Prometerá hacer y reformar leyes, aunque no sea un experto, ni sepa de los temas legislativos, dirá que eliminará acciones de gobierno que ofenden a los ciudadanos, no importa si el político o política que aspira a la curul es joven o ya está entrado en años, en más de una ocasión hablará de los sueldos onerosos de los legisladores y prometerá ganar poco, aunque ya instalado en el puesto se le olvide tal promesa. Así ha sido la historia de los últimos legisladores que tan pronto se instalan en el puesto, no retornan a sus distritos, salvo que sea la siguiente elección. 

¿Qué hace que los miembros de la clase política -no solo de San Luis Potosí- sean del partido político que sea, hagan de las promesas un autentico carnaval? Simplemente porque no existe un mecanismo eficaz de participación ciudadana. Hemos visto como los presidentes municipales, los diputados federales, locales y los gobernadores una vez que entran en funciones se le olvidan sus promesas, incluso hemos tenido en la historia reciente a quienes en un afán de protagonismo han firmado sus promesas ante notario público, pero nada de eso ha servido, la desigualdad social persiste y hoy existe una brecha más amplia entre quienes tienen recursos económicos y quienes carecen de lo básico para vivir cotidianamente. 

En la zona huasteca existen municipios con altos indicadores de marginación como estaban hace veinte años. Por ejemplo, Tanlajás, San Antonio, Tamazunchale y Aquismón son cuatro municipios con alta población indígena y desigualdad y ahí escucharemos a los futuros aspirantes prometiendo lo mismo de siempre: acabar con la desigualdad, se dirán hermanos de las comunidades y pueblos indígenas, ofrecerán desterrar de una vez y para siempre la pobreza, se les irá la campaña en ofrecer apoyos sociales, entregar laminas, dar becas, se ofrecerán como constructores de caminos, de hospitales y se aventurarán en decir que van a dotarlos de médicos y enfermeras, dirán que edificarán comedores comunitarios, llevarán electrificación y demás servicios básicos, sin faltar la fotografía oficial del evento masivo. 

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