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Una ciudad de perros


Olvidados de políticas públicas, sufren y llevan en su cuerpo un universo de infecciones y enfermedades mortales para ellos y los humanos.

A los perros y gatos, pero sobre todo a los primeros, les sucede lo mismo que a muchos sectores de la sociedad humana: llenos de leyes, derechos y garantías qué solo se aplican a medias, a contentillo de intereses particulares o simplemente son letra muerta e iniciativas de gobiernos locales lucimiento o salir al paso de algún reclamo social.

Valles, como los 20 municipios de la Huasteca Potosina, son el más contundente ejemplo de una realidad que crece, una amenaza que se extiende y un desdén oficial aberrante.

Si en el Estado de San Luis Potosí los Servicios de Salud calculan una población cercana a los 600 mil canes callejeros, en lo concreto el número es de hasta un tercio  y en los 20 municipios de Huasteca se multiplica geométricamente en las zonas rurales por usos y costumbres así como por  razones de seguridad, mientras que en lo urbano copiando modas extranjeras, miles de personas adquieren perros de raza que se les llegan a escapar y se vuelven callejeros porque no supieron manejarlos.

Esos animalitos, sufren hambre, mal trato, desprecio; muchos mueren atropellados o apaleados, heridos tras una pelea con otros de su especie y, en el peor de los casos envenenados por gente sin conciencia para quienes se vuelven una molestia o los consideran amenaza.

Pero, falta lo peor en cuanto a la presencia de perros en las calles y en los hogares:

De acuerdo con Médicos Veterinarios Zootecnistas, los perros callejeros y aún los hogareños cargan sobre sus cuerpos un universo de patógenos y agentes infecciosos que son responsables de una gran cantidad de enfermedades en humanos desde  molestas hasta mortales.

Por ejemplo como señala el MVZ José Luis Cisneros Muñoz, sobre la piel, el pelo y dentro, un perro transporta parásitos y bacterias causantes de toxocariasis, toxiplasmosis, campilobacteriosis, tiña; garrapatas que pueden provocar la Fiebre  Maculosa de la Montaña, pulgas, rabia y otras patologías.

Los efectos en personas, especialmente niños que tienen baja capacidad autoinmune, provocan fiebre, inflamación del hígado, erupciones, solitaria parásito capaz de recorrer el cuerpo humano a través de la sangre hasta llegar al cerebro donde su efecto es devastador.

Un arañazo de gato por otra parte o el permitir su cercanía, puede generar dolor intenso de cabeza, fiebre alta, fatiga y malestar general.

Durante el año existen dos épocas cuyo riesgo es mayor de contagios masivos entre canes y para humanos.

Al iniciar la primavera, el incremento del calor altera la producción de hormonas en las hembras, entran en celo y eso le atrae jaurías de hasta 20 canes buscando aparearse; la otra es octubre y, en ambas temporadas las riñas entre ellos aumentan contagiándose de toda clase de enfermedades o llegan a atacar a personas.

Llenan las calles y banquetas de heces fecales repletas de parásitos y hongos que al secarse son levantadas por el aire, las respiramos o bien son depositadas en comidas callejeros de donde pasan al cuerpo humano.

Una de las peores amenazas para perros, gatos, y humanos es la rabia. Afortunadamente hace 23 años que no se registran casos de personas contagiadas, ya que es una enfermedad mortal y terrible en sus manifestaciones.

Rabia si es frecuente pero en el ganado vacuno; es trasmitida por murciélagos principalmente y se ha dado en mamíferos silvestres como tejones y mapaches o coyotes.

El problema es que no existe en Valles como núcleo de la Huasteca un Centro Antirrábico donde se diagnostique de manera oportuna.

Ninguna autoridad se ha preocupado por la creación de ese instituto; cuando se sospecha de muerte de ganado o perros a causa de rabia, sus cerebros son enviados al Centro Antirrábico de la capital del Estado, donde el trabajo se acumula a tal grado que tardan hasta semanas los diagnósticos.

Valles, opinan los veterinarios, debe contar con un Centro Antirrábico donde además se diagnostiquen enfermedades que portan, y una perrera donde los perros callejeros capturados sean encerados en condiciones dignas. No es un capricho sino una urgencia.

El 23 de este mes, inicia una campaña más de vacunación antirrábica a perros y gatos por la Secretaría de Salud pero esos son “mejoralitos” comparativamente con el abanico de riesgos que significan los perros callejeros.

Existe en el estado un marco regulatorio de la protección animal, que incluye perros y gatos, como es la Ley de Protección Anima creada para protegerlos, donde marca no solo obligaciones  de gobiernos para procurar el trato adecuado en este caso a perros y gatos, también corresponsabiliza a sus dueños, pero no se aplica.

¿Qué vamos a esperar? ¿que ocurran como epidemias morales debido a infecciones trasmitidas por perros callejeros o mascotas domésticas para entonces si actuar?

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