Íconos de la Huasteca

Xóchitl Zúñiga, un pilar en la educación de generaciones

Es directora de la Antero G. González desde 1968, y hasta que ya no pueda…

CIUDAD VALLES, S.L.P. “Una cosa es saber y otra saber enseñar”, cita una de las frases más famosas del ilustre filósofo romano Marco Tulio Cicerón, y es que el oficio de enseñar no es nada sencillo, y mucho menos si se trata de educar a varias decenas de niños dentro de un aula, para eso se requiere una verdadera vocación, y más difícil aún, mantener esa pasión viva con el pasar de los años.

Pese a ser conocida por tener un duro carácter, basta con prestar un poco de atención para darse cuenta que, aunque ya hayan pasado más de sesenta años desde que pisó por primera vez un salón de clases como docente, aún sigue vivo en su interior ese gusto por formar parte de la educación de las nuevas generaciones.

Me refiero a la profesora Xóchitl Zúñiga Fajardo, quien de acuerdo a sus propias palabras se encaminó por el camino del magisterio por imitación, siguiendo el ejemplo de vida de sus padres Luis Zúñiga y Rosa M. Fajardo, ambos maestros de profesión.

Nacida el 28 de noviembre de 1939 en el municipio de Ciudad Valles, Xóchitl Zúñiga recibió las primeras enseñanzas didácticas en la primaria ubicada en el ejido Ojo de Agua, la cual su señora madre ayudó a fundar; “yo era muy pequeña y aprendí muy bien el huasteco, pero una inspectora que tenía mi mamá le dijo te voy a cambiar de aquí, no vaya a ser que ésta se vaya a quedar aquí”, recordó entre sonrisas que denotan la alegría de esos tiempos.

“Entonces mi mamá se vino a la colonia Juárez, en donde yo hice segundo y parte de tercer año, y de ahí ya pasé aquí a la ciudad y mi mamá se involucró en la vida de Valles directamente, no obstante que había llegado aquí en 1922, y fue parte activa del mundo que en aquel entonces se movía, que era un mundo cultural muy escaso, pero que el maestro era lo máximo que había aquí de valor cultural”, agregó.

Al concluir su educación primaria ingresó a la Secundaria Pedro Antonio Santos y fue ahí cuando tomó la determinación de hacer caso a su vocación y encaminar su vida hacia la enseñanza, motivo por el que posteriormente viaja a la ciudad Capital para ingresar a la Escuela Normal del Estado de San Luis Potosí.

Corría el año de 1957 cuando comenzó a laborar frente a grupo en la comunidad de La Concepción y posteriormente en el ejido San Miguel, después fue transferida a Gustavo, Garmendia donde sólo estuvo tres meses, y de ahí fue asignada a la Delegación de El Pujal, donde fundó la escuela primaria de esa localidad.

Tras obtener su plaza como directora, a la cual se hizo merecedora gracias a que un alumno suyo de nombre Nazario Ángeles ganó el primer lugar a nivel nacional en un concurso de matemáticas, llegó a la comunidad de Tamán en el municipio de Tamazunchale, después estuvo en Tancanhuitz (entonces) de Santos, y finalmente en 1968 llegó a la que a partir de entonces sería su segundo hogar, la Escuela Primaria Lic. Antero G. González.

En sus primeros años al frente de esta escuela dijo sentirse insegura, pues varios de los maestros que le habían dado clase ahora estaban bajo su mando; “yo me sentía como que estaba ocupando un lugar que no me correspondía, porque los que estaban allí habían sido mis maestros y yo tuve que aprender a manejar con pinzas la escuela y con pinzas a los padres de familia, porque yo tenía a mis maestros y no quería que ellos se levantaran como unos jueces absolutos de que yo hiciera algo mal, ellos me enseñaron a manejar y a tener la prudencia y la astucia para poder manejar un conglomerado tan grande, porque era una escuela muy grande en cuanto a alumnos”, refirió.

Relató que fue un comienzo difícil, pero gracias a la participación y el apoyo tanto de los maestros como de los padres de familia, se logró levantar la escuela tanto en infraestructura y mobiliario como en la calidad, y el renombre que mantiene a día de hoy.

“La Antero González estaba en ruinas porque se la habían acabado los directores que me antecedieron, pero los maestros, los alumnos y los padres de familia hicieron el esfuerzo y se involucraron en la necesidad que había de que la escuela no perdiera el lugar que había tenido; he tenido la suerte de tener maestros muy buenos, todos los que han pasado en los 51 años que tengo yo ahí, han contribuido a que la escuela sea lo que es”, expresó.

Más de sesenta años en la docencia se dicen fácil, pero es toda una vida y esto le ha permitido observar cómo ha evolucionado el sistema educativo con el paso de los años, lo que a su particular opinión ha equivocado el rumbo; “ahora yo creo que tenemos mucha cosa que es paja dentro de los programas de estudio, ¿por qué?, no sé, yo creo que el gobierno quiere destruyentes, pero la educación siempre ha perseguido lo mismo, que el niño sea capaz de ser autodidacta, que sea un niño que tenga los instrumentos en la mano para abrirse camino en la vida”, afirmó.

Xóchitl Zúñiga Fajardo siempre se ha distinguido por ser una persona de presencia fuerte y, llamémosle, autoritaria, aunque esa percepción cambia cuando da la oportunidad de intimar un poco más dentro de una amena charla, y a la pregunta casi obligada de ¿hasta cuándo seguirá como directora de la Antero? No duda ni un segundo en responder: “cuando ya no pueda yo dirigir, cuando no entienda yo sobre educación, ese día me retiraré”, puntualizó.

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