Crónica

En la calle 5 de mayo

El reloj marcaba casi las 7:00 de la noche, y al menos un decena de personas aguardaba sobe la calle 5 de mayo, cual padres de familia esperando la salida de sus hijos de la escuela, sólo que esta vez, el objetivo era ganar el mejor producto para alimentarse y alimentar a su familia.

De pronto un empleado con un mandil blanco, botas blancas de hule, sale con una caja de reja y sin prestar mayor importancia a la presencia de las personas que aguardaban, tira su contenido al pavimento; de inmediato la gente se abalanza como en una fiesta infantil recién rompen la piñata.

La calle en plena zona centro de Ciudad Valles, es justo la zona de mercados. Restos de verdura, fruta y trozos de carne que los bodegueros desechan diariamente, son aprovechados por niños, jóvenes, adultos y personas de la tercera edad, quienes buscan el alimento diario entre la podredumbre y productos magullados.

Llega una mujer canosa como de 50 años de edad, no le importa la mirada de admiración de quienes pasan por el lugar, otros con gestos despectivos y asco, concentrada hurga sobre las verduras, encuentra algunas que lleva directamente a una bolsa de mandado que carga.

De pronto aparecen más bodegueros con cajas de reja, algunos hasta con alguna carretilla llevan el desecho para tirarlo en el mismo lugar, de vez en vez, aguardan expectantes y hasta divertidos por la forma en que la gente se abalanza sobre lo recién tirado.

Un hombre joven, con el ceño fruncido, refunfuñea y molesto expresa entre dientes, pero queriendo al mismo tiempo lo escuchen quienes buscan el mejor alimento “nada más vienen a regar todo, luego es más trabajo limpiar todo esto”.

La mujer canosa, continúa concentrada, y sin ver a la persona que lanzó la indirecta, le da tiempo de responder el comentario “éste palero es nuevo, por eso no sabe, y trata siempre de evitar que vengamos aquí a buscar verdura o fruta que aún está en buen estado. El que estaba antes, no decía nada, porque ya sabía, además, el limpiar es su trabajo”. El hombre le echa una mirada despectiva, y comienza con una pala a recoger las verduras en el suelo, para echarla en una carretilla como queriendo ganarle a la señora el producto.

No llevo más de 20 minutos, para que la zona quedara sin frutas o verduras podridas, todo fue “aprovechado” o recogido por personal de limpieza; lo único que queda es el hedor a podredumbre, un aire cálido llega de repente, una cortina de metal de algún negocio se escucha bajar, la calle comienza a quedar en penumbra; de pronto aparece un hombre, harapiento, con una bolsa de plástico en la mano en la que intenta ocultar su botella de aguardiente, algunos costales sobre su hombro, busca en donde ya no hay nada, balbucea y continúa su andar zigzagueado, al tiempo en que los grillos comienzan a cantar.

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