Porfirio López

El colapso del PAN

Del Partido Acción Nacional (PAN) como referente de la ética política, de la decencia partidista, de la posición de derecha, de los ideales de Manuel Gómez Morín, de la dignificación de la política, de las aspiraciones democráticas de los llamados “Bravos del Norte” y de una alternativa de cambio de gobierno a nivel local, estatal y federal para dar figura a un nuevo régimen político, hoy no queda nada.

Lo que se tiene hoy en el PAN es algo parecido al viejo régimen de partido hegemónico. El panismo de la última década ha ido de mal en peor, se atiborro el partido de todo lo que criticaba cuando no ejercía gobierno: la corrupción, los “moches”, los grupos internos, las riñas por las candidaturas, el reparto de posiciones de poder, los señalamientos entre miembros distinguidos, la desbandada de militantes distinguidos y simpatizantes, los presidentes del partido acusados de malos manejos, los dos presidentes de la República violando estatutos y con incontinencia verbal, la perdida de la militancia, sus diputados de dudosa reputación, la vinculación de sus candidatos con grupos criminales, sus gobernadores acusados de malversar fondos públicos.

En los últimos años el PAN ha ganado espacios de representación popular en las entidades federativas apalancado por una alianza antinatural con el Partido de la Revolución Democrática (PRD) así se hizo de gubernaturas estratégicas como Sinaloa, Oaxaca, Sonora o Veracruz, pero en la práctica el ejercicio del poder panista fue un remedo de mecanismos priistas, porque más de un gobernador gozó de pasado tricolor. Las alianzas desvirtuaron los ideales fundacionales del partido, echaron por tierra su ética y moral política de origen y si bien le dieron el acceso al poder en algunas entidades, también lo extraviaron en su rumbo como posición de derecha en el espectro político.

Las presidencias del partido en la última década han sido ocupadas por personajes de bajo calibre, que quedaron lejos de figuras emblemáticas como Carlos Castillo Peraza o Luis H. Álvarez. Por el comité directivo nacional desfilaron nuevas generaciones de panistas que no volvieron a los principios partidistas, sino que se alejaron de la doctrina panista original. Germán Martínez, César Nava y ahora Ricardo Anaya son tres postales del panismo nuevo que parece caduco o que es similar o genérico a la herencia del priismo hegemónico.

La salida de Margarita Zavala del partido para irse de candidata independiente es la punta del iceberg que demuestra las ansias de poder que privan al interior del partido desde que llegaron al poder federal en el año 2000. Ni Margarita Zavala es la demócrata que el partido necesita, ni Anaya es el villano que tiene el control del partido, en sí son las pugnas y los mecanismos panistas que operarán la candidatura presidencial del año próximo lo que precipitó la fuga de la ex primera dama de la República.

Al no tener cabida en el círculo íntimo de Ricardo Anaya, Margarita Zavala intentará sacudirse sus años de panista encumbrada para ser candidata independiente, lo cual ya permite delinear el rumbo de su discurso cuando sea candidata a la presidencia, denunciar la escasa democracia interna, golpetear a panistas que se queden con Anaya, cobrar facturas políticas en las entidades federativas a políticos panistas locales que se beneficiaron en el sexenio de su esposo y cobijar a los panistas que guardan rencor hacia Anaya y  que terminaran  arropándose en torno a su figura.

Lo que viene en el PAN y lo que veremos en las próximas semanas es lo que vimos en los años 80 con los priistas que no se subieron al tren del neoliberalismo o de la tecnocracia e iniciaron el éxodo al PRD y recientemente el mismo proceso de purga lo realizaron los perredistas que decidieron migrar hacia el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) para apalancar la figura y posterior candidatura de Andrés Manuel López Obrador. En pocas palabras nada nuevo en la clase política que tiene en el PRI una larga escuela de traiciones, lealtades, deslealtades, complicidades, contradicciones y simulaciones de democracia interna que lo mismo copian panistas, perredistas, morenistas y el resto de los partidos políticos.

Hoy el PAN de cara a la elección de julio del próximo año enfrenta tres dilemas, retomar su rumbo de derecha, aunque no le alcance para ganar la presidencia de la República, presentarse ante el electorado como una opción de cambio con un discurso creativo o perderse en el limbo político con la conveniencia que otorgan las millonarias prerrogativas electorales que le permitirán tener oxigeno político en el Congreso Federal, en congresos estatales y en los espacios locales.

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