Miscelánea

Cómo ha sido la pandemia para los niños y las niñas en México

En medio de la nostalgia y mientras nuestros muros de Facebook se llenan de fotos, en Sopitas.com pudimos platicar con algunos niños y niñas.

A veces agarramos de coto la icónica frase de Maude Flanders, pero, de verdad, durante los últimos meses ha sido más importante que nunca. Regularmente hablamos de economía, de empleo, de política o incluso de tráfico capitalino… y por eso, aunque sea para romperle a la rutina, aprovechemos el Día del Niño y de la Niña para escuchar las experiencias de los más pequeños. 

Cuando hablamos de escuelas, pensamos en cuándo regresarán a los salones. Cuando hablamos de clases, pensamos en el contenido educativo… ¿pero qué piensan los principales involucrados? ¿Cómo han sido estos meses para los niños y las niñas de México?.

En medio de la nostalgia por las caricaturas que nos tocaron y mientras nuestros muros de Facebook se llenan de fotos de nuestros amigos de pequeñines, en Sopitas.com pudimos platicar con algunos niños y niñas —de todas las edades— para saber cómo la han pasado en estos meses, qué opinan de sus clases y qué esperanzas tienen para las semanas venideras.

Obvio, estos testimonios no son la representación de tooodo lo que pasa en el país, pero una buena idea nos podemos dar… pero bueno, ya mejor cortarle a la introducción y vámonos a leer de los que importan este 30 de abril.

Santiago y Tamara: las horas en la pantalla

La única queja escolar de Santiago es que su compañera de salón de clases, su hermanita Tamara, no se pone audífonos.

Tamara va en segundo de primaria y Santiago va en sexto. Comparten muchas cosas, incluyendo materia favorita. Ambos disfrutan educación física que, nos cuentan, se ha vuelto completamente diferente. Ahora lo hacen frente a una pantalla y su profesor les pide aros o pelotas de esponja para que trabajen, aunque sea un ratito, al aire libre.

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El tiempo frente a la computadora ha aumentado tanto al grado que Santiago nos contó —en un Zoom, para acabarla de amolar— que antes de la pandemia no usaba lentes. “Ya me cansó la pantalla y me dañó la vista”, explicaba.

Cuando los entrevistamos, era el Día de Peinados Locos en su escuela y Tamara, botada de la risa, nos mostró la diadema que usó en sus clases. Han tenido días de vaqueros, de superhéroes y por supuesto, de pijama. ¿El resto del día? Intentan exprimirle el mejor humor posible, en compañía de su familia, de su mamá, Tania,  y le entran a los videojuegos en línea, para tener más oportunidades de platicar con sus amigos.

Sofía: un cuarto para jugar, tomar clase y descansar

Sofía tiene seis años y muchas ganas de seguir aprendiendo, de salir, de regresar al colegio, ver a sus maestras, amigos y amigas del kínder Francisco Gabilondo Soler en Estado de México.

La aventura de ir a la escuela cambió por la de despertar a las 7 de la mañana, desayunar y alistarse para prender un monitor que, al final, ha acercado a Sofía con quienes quiere estar o lo que quiere descubrir, aun si se trata de una materia no tan fav como el Inglés o si es aburrido hacer lo mismo todos los días.

Aunque para eso, Sofíasu hermana y su mamá han hecho de una simple habitación un espacio ideal para jugar, tomar clase o simplemente convertirlo en una casa de campaña para leer bajo las estrellas.

Hoy Sofía está emocionada. Nos cuenta con una sonrisa que este 30 de abril será diferente: “Nos vamos a conectar, pero ya no va a ser para trabajo, van a ser juegos”.

Giselle, Eder y el salto a la primaria

Como todas las niñas y niños, los hijos de Diana Escalante tenían una rutina todos los días. Eder, de seis años, se despertaba, se bañaba y desayunaba antes de entrar a su escuela particular a las 8 de la mañana. Luego, cuando regresaba a casa, comía algo y después se ponía a hacer su tarea. Mientras que su hermana Giselle o “Yaya”, como su mamá le dice de cariño, aún no entraba en aquel tiempo a preescolar, por lo que solo se la pasaba en casa.

Sería por la pandemia que los días de estos niños cambiarían radicalmente.

Eder comenzó a levantarse más tarde con las clases en línea, sentía que estaba de vacaciones y al inicio le fue difícil poner atención a su maestra. Al mismo tiempo, Giselle apenas comenzaba su largo camino escolar, y por la emergencia sanitaria, fue de una manera particular: a distancia y sin conocer en persona a su maestra y a sus compañeros.

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Por otra parte, Eder no tuvo la clásica ceremonia de despedida en el preescolar, solamente Diana tuvo que mandar pruebas de todas la tareas que había realizado para que le entregaran su certificado y luego pasó a la primaria. Mientras que su hermana comenzó con clases en línea, pero al notar su mamá que no ponía atención y que le era difícil aprender así, ella y los padres de sus únicos tres compañeros decidieron hablar con la directora de la escuela para que les dieran clases presenciales; caso único que se aceptó pero respetando todas las medidas sanitarias: desde el uso de cubrebocas y careta, hasta la sana distancia.

A todo esto… ¿qué piensan ellos? A Giselle no le importan las entrevistas ni las preguntas sobre la pandemia, ella solo quiere jugar, le gusta aprender, pero sobretodo danzar y escribir en la escuelaEder, por otro lado, es un poco más consciente de lo que pasa a su alrededor: extraña ir a la escuela, a su salón, estar con su maestra y con sus diez amigos. Y aunque no le gusta tomar clases en línea, le gusta mucho escribir y las clases de educación física.

Araceli y un preescolar en Ocosingo, Chiapas

Araceli tiene 5 años y vive en Ocosingo, Chiapas. Está cursando el último año de preescolar y sus papás ya la inscribieron al primer año de primaria, salto que muy pronto va a dar con todas las ganas del mundo. Araceli tiene más de un año sin asistir a su escuela de manera presencial y aunque su mamá la ayuda con sus tareas y actividades en casa, no es lo mismo sin sus compañeros.

Con una sonrisa de oreja a oreja y enseñándonos todos los dibujos que ha hecho con muchas pinturas de colores, Araceli nos cuenta que lo que más extraña de su escuela son sus amigos y su maestra. Su mamá, Celia, explica que en esta edad los niños necesitan mucho del contacto de otros niños para desarrollar las habilidades motoras, de socialización y motoras propias del preescolar.

Araceli, como muchos de los pequeñitos de esa edad, tiene una enorme capacidad de adaptación. Señala que sí le gusta tomar clases en su casa porque su mamá es buena maestra y le está ayudando a aprender a leer, pero como todos necesita regresar a su salón.

Esta pequeñita tiene mucha energía, le gusta mucho platicar y, de acuerdo con su mamá, desde que no va a la escuela de manera presencial se ha vuelto mucho más hiperactiva ya que no gasta la misma energía en casa que jugando con sus compañeros.

VÍA SOPITAS

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