Porfirio López

El inicio del 2022.

Los primeros días del año 2022 van en sintonía con los pronósticos realizados en el último trimestre del 2021. La economía mexicana no levanta, la crisis de salud pública se mantiene ante la llegada de la variante Ómicron, se han elevado los precios de los energéticos y de la canasta básica, la violencia criminal sigue una tendencia al alza, los gobiernos estatales no han dado resultados luego de diversas alternancias partidistas y el presidente López Obrador se empeña en su política de polarización social.

Nada que no se supiera o no se hubiera previsto, por ejemplo en materia de violencia y cifras de crímenes, recientemente diez cuerpos fueron arrojados en plena Plaza de Armas de Zacatecas, Cuauhtémoc Blanco gobernador de Morelos fue exhibido en una fotografía junto a líderes criminales en su estado, él lo negó y un día después apareció una manta con amenazas, en San Luis Potosí los enfrentamientos entre grupos criminales y cuerpos de seguridad no han cesado en los primeros días del año y así puede uno seguir en diversas entidades federativas.

En materia de seguridad pública la estrategia presidencial de abrazos no balazos no ha surtido efecto positivo, tampoco ha bajado la criminalidad otorgando apoyos sociales a los jóvenes para que estos no se enrolen en grupos de crimen organizado como tanto pregonó el presidente de la República. En 2022 como ha sido en años anteriores la presencia militar ha aumentado en las calles de entidades y municipios, pero la criminalidad se ha mantenido, rompiendo todos los récords de homicidios dolosos, hoy se puede decir con mayor evidencia y con datos certeros que el gobierno de la 4T en esa materia no ha podido, ni podrá ofrecer resultados positivos.

En materia de salud pública el gobierno de la autodenominado Cuarta Transformación ha sido un desastre. El presidente de la República aseguró abasto de medicamentos en los últimos meses de 2021 y en caso de no concretarse ese abasto dijo que se quitaría el nombre. Ni una cosa ni otra ha sucedido, lo que sí ha ocurrido son los mismos problemas de falta de medicamentos para niños con cáncer, para enfermos de VIH y para otras enfermedades crónico degenerativas.

En el caso de la pandemia de Covid-19 ya se sabe que nunca se domó la misma, ni le cayó como anillo al dedo, ni tardó unos meses, mucho menos se tiene un sistema de vacunación ejemplar. La vacunación a niños y niñas es un asunto que no le interesa al presidente tabasqueño y en un alarde de indolencia el secretario de Salud Jorge Alcocer expresó en días pasados que los infantes contagiados de Covid pueden ser tratados en casa con té, el ungüento Vaporub y paracetamol. En 2022 tenemos el mismo sistema de salud pública de años y sexenios pasados, nunca se consolidó un sistema de salud como Dinamarca, mucho menos el Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi) resultó ser una solución al desabasto de medicinas.

En materia económica el arranque del año ha sido como se había pronosticado. Lo único real es la incertidumbre que ronda el escenario nacional, los cambios en la Secretaría de Hacienda y el nombramiento de Victoria Rodríguez Ceja como la nueva gobernadora del Banco de México no han tenido buena recepción en el mundo financiero global. Han aumentado los precios de los energéticos a pesar de que hoy se diga que es un ajuste, la realidad indica que la gasolina, diésel y el gas tienen precios al alza en el arranque del 2022, eso ha provocado que productos como el limón, tomate, carne de pollo, azúcar y demás insumos de los hogares mexicanos hayan sufrido ajustes o variaciones en los precios.

Ni la distribución del denominado Gas Bienestar, ni la entrega de apoyos sociales de mano en mano, ni los excesos verbales del presidente López Obrador -quien insiste en que México es atractivo para la inversión y que sus obras como la refinería de Dos Bocas, el Tren Maya y el Aeropuerto Felipe Ángeles son muestra de lo bien que está el país en materia económica- han servido para elevar la tasa de crecimiento y desarrollo económico nacional.

Basta con salir a la calle en cualquier ciudad para darse cuenta del crecimiento de la informalidad. Igual que en otros temas donde se puede apreciar que el presidente desconoce por completo, el primer mandatario presume con gran orgullo  el crecimiento de las remesas de mexicanos que residen en Estados Unidos, alguien debe avisarle al presidente que eso no es ningún logro, mucho menos debe ser anotado como un éxito de su gobierno, tampoco se debe alardear que las remesas han “sacado del hoyo al país”; al contrario el crecimiento de los envíos de dólares de connacionales es una muestra de lo mal que está haciendo en materia de inversión y de economía su autodenominada Cuarta Transformación.

Los primeros días de 2022 no lucen bien en varios frentes, el presidente insiste en su actitud rijosa y en su consulta de revocación de mandato, cada día está decidido a hacer propaganda no a gobernar; así se va a mantener de cara a las próximas elecciones de junio próximo donde se renovarán gubernaturas estratégicas como Oaxaca, Hidalgo, Tamaulipas o Quintana Roo. Los tres deseos del presidente que se termine la pandemia, que la cultura mexicana sea fuerte y que haya menos mexicanos en condición de pobreza no se podrán cumplir en este año.

En pocas palabras, la felicidad presidencial no es la felicidad de millones de mexicanos que cada día ven como desaparece o fallece un familiar producto de la criminalidad, el optimismo del presidente no es el optimismo de millones de mexicanos que pasan muchas horas en un trabajo y ven que la  canasta básica aumenta, el presidente en 2022 está viendo un país que no es el de millones de mexicanos que cada día padecen por la falta de medicamentos y se tienen que resignar a velar a sus fallecidos porque el gobierno pone por encima la grilla electoral a la adquisición de medicinas.

 

 

 

 

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