Opinión

El presidente y Chico Che.

El presidente de la República Andrés Manuel López Obrador lo volvió a hacer, fiel a su estilo se burló de los Estados Unidos y Canadá debido a que estos gobiernos pusieron en evidencia la política energética de la Cuarta Transformación, misma que sí se pone en práctica estaría violando cinco artículos del T-MEC y pondría en riesgo mecanismos de cooperación y el cumplimiento de objetivos medioambietales firmados entre los tres países.

En lugar de diplomacia o de responder con argumentos acerca del tema, el presidente ni tardo ni perezoso pidió a sus colaboradores en Palacio Nacional una canción tropical de su paisano Chico Che cuando le preguntaron sobre las posibles repercusiones que tendrá la posición del gobierno mexicano; respondió burlonamente: “A ver ponme a mi paisano Chico Che, busca esa de Uy que miedo, mira como estoy temblando, ponla de una vez” y cerró afirmando: “No va a pasar nada”.

Declaración presidencial que dejo a la prensa nacional e internacional asombrada. No es la primera vez que el presidente de la República deja ver sus gustos musicales, no es la primera vez que acude al cantante guapachoso de los años 80 para eludir respuestas. Así ha transitado el político tabasqueño de canción en canción para desviar la atención sobre temas importantes para el país.

El presidente viene exhibiendo su exquisitez musical desde tiempos de campaña cuando pedía que le pusieran “De quen chon” del mismo Chico Che, ya como presidente ha pedido desde el atril presidencial más de un veintena de canciones que van desde “La Jaula de Oro” de los Tigres del Norte, “Los caminos de la Vida” de la Tropa Vallenata, “América”, “Digo lo que pienso” de Calle 13 y muchas más que el presidente ha ocupado para distraer la atención o para según él asentar lo que es su pensamiento y acción como presidente de la República.

No tiene nada de malo que el presidente exhiba su playlist, lo malo es que lo hace ante eventos o circunstancias que deberían tener otro tipo de respuestas. En lugar de explicar, fundamentar y argumentar con propiedad el presidente ha optado por vacilar, por ufanarse de que no pasará nada; ahí radica principalmente el problema, el presidente se comporta como un adolescente irresponsable y no como un presidente de la República.

Sabedor que ese tipo de respuestas serán del agrado de su feligresía y que ganará simpatías en las plazas públicas, no le importa al presidente aludir a las letras y acordes de Chico Che. El presidente olvida que el T-MEC se firmó precisamente para dar certidumbre a los empresarios de varios sectores que exportan e importan bienes y servicios y que de ello depende el empleo de millones de mexicanos.

El presidente presumió “Uy que miedo, como estoy temblando” y no le preocupo el sector automotriz donde se generan miles de empleos en México, tampoco se puso a pensar en el daño que hacen sus declaraciones al sector agroindustrial, tampoco le importo el efecto de sus declaraciones en el sector agrícola exportador, en los empresarios atuneros, en los agricultores aguacateros, en los empresarios tomateros, en la industria exportadora del tequila, en la industria textil o en el sector de inversión extranjera.

El presidente argumenta que no pasará nada, como si él no tuviera la titularidad del Poder Ejecutivo, como si él no gobernará se pone gustoso a escuchar cumbias del sureste mexicano, como si fuera un comediante; en lugar de asumir su figura de gobernante, prefiere pasar por un ignorante de los temas cruciales para el desarrollo del país, el presidente prefiere que nos vean de fuera como un país acostumbrado a la chunga y la pachanga, al dislate y las bromas de mal gusto.

El presidente minimiza problemas serios para el futuro del país, el panel de solución controversias en materia energética no le merece atención, simplemente se envuelve en la bandera para arropar financieramente a Pemex y mantener el monopolio de CFE y de ahí sacar su discurso nacionalista lo demás no le importa, puede seguir escuchando a Chico Che cómodamente desde Palacio Nacional.

Como si el país estuviera en bonanza económica, como si la inflación estuviera controlada, como si la violencia criminal se hubiera contenido, como si la salud pública fuera de primer mundo, como si la pobreza hubiera cedido, como si el cambio climático estuviera atendido, como si las perspectivas de empleo fueran positivas, como si la educación fuera de calidad, como si no hubiera crisis de desapariciones y feminicidios, como si sus programas sociales fueran ejemplo de transparencia y rendición de cuentas.

El presidente acude a su nacionalismo, a su concepto intrincando de soberanía nacional y vuelve a poner en el ánimo popular de sus adeptos y sus fanáticos el sentimiento antiyanqui del siglo pasado. El presidente no va a cambiar, quedan un poco menos de dos años para seguir escuchando sus ideas, sus ocurrencias, sus aficiones, sus pasiones y por supuesto sus canciones.

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