Porfirio López

La consulta popular. ¿Qué es eso?

El próximo primero de agosto se realizará la denominada consulta popular, es la primera en la historia dicen algunos, es una ejemplar prueba de ejercicio democrático alegan otros, es la consulta para enjuiciar a los expresidentes de la República responde los adoctrinados de la autodenominada Cuarta Transformación. En fin, lo único seguro es que la consulta popular de los días próximos no servirá de mucho, dado que la pregunta confunde, no es clara, ni precisa.

La pregunta del próximo primero de agosto dice lo siguiente: ¿Estas de acuerdo o no en que se lleven a cabo las acciones pertinentes, con apego al marco constitucional y legal, para emprender un proceso de esclarecimiento a las decisiones políticas tomadas en los años pasados por los actores políticos, encaminado a garantizar la justicia y los derechos de las posibles víctimas?

En pocas palabras la pregunta de la consulta de agosto próximo dice mucho y nada a la vez. No dice que acciones pertinentes, no dice que decisiones políticas, no menciona que años pasados, no dice que actores políticos, mucho menos garantiza la justicia ni los derechos de las víctimas, en esa sintonía la consulta popular pasará a ser un fiasco, una tomada de pelo para aquellos ciudadanos que en realidad piense que se puede ejercer acción penal contra algún ex presidente de la República por tomar malas decisiones o por afectar derechos ciudadanos.

Cualquier estudiante de la licenciatura en Derecho sabrá que la pregunta planteada y redactada deja en el aire una serie de especulaciones, que la respuesta de un si o un no deja en el aire supuestas acciones o sanciones de corte administrativo o penal. La pregunta en sí, es confusa, larga y desvía la atención sobre lo que para muchos ciudadanos es una perogrullada: se debe o no ejercer acción administrativa o penal contra funcionarios de primer nivel de los últimos cinco sexenios. Para un segmento amplio de población es un sí, pero la pregunta no es expresa en ese sentido.

Muchos ciudadanos de este país viven agraviados por la toma de decisiones de los últimos gobiernos federales, razones sobran, todo ha aumentado en los últimos treinta años, la pobreza o desigualdad social, la violencia criminal, la corrupción, la opacidad gubernamental, la impunidad, la crisis de seguridad social, los feminicidios, los secuestros, los asaltos a mano armada, la ineficacia del gobierno en sus tres ámbitos de competencia, la pésima implementación de políticas públicas, el enriquecimiento ilícito, el peculado, el desvío de fondos públicos, la licitación amañada, la adjudicación directa, el sistema de botín en el ejercicio público.

Todos esos males han sido solapados en los últimos sexenios incluido el actual. En esa sintonía hay un segmento amplio de la población que quiere saber la verdad del supuesto fraude electoral de 1988 que llevo a la presidencia de la República a Carlos Salinas de Gortari, la crisis de 1994,  el fondo de rescate denominado Fobaproa, las matanzas de Aguas Blancas y Acteal generadas en el sexenio de Ernesto Zedillo Ponce de León , el aumento de la criminalidad durante la presidencia de Vicente Fox y la declaración de guerra contra el narcotráfico de Felipe Calderón,  existe un segmento amplio de población que requiere se esclarezca la corrupción anidada en el gobierno de Enrique Peña Nieto y se requiere información sobre la  crisis del sistema de salud, la eliminación de fondos para la ciencia y la sostenida tasa de homicidios dolosos en el actual sexenio.

Todo ese combo de problemas nacionales alimentó la llegada del hoy presidente la República Andrés Manuel López Obrador y en base a sus alegatos y su retórica es que hoy existe la consulta y la pregunta. El asunto de fondo es que la pregunta no va hacia ninguna parte, se extravía en un recoveco de deseos y de intenciones y terminará siendo una tomada de pelo o una vacilada en el marco de un país que tiene otros problemas más urgentes que atender.

El gran problema es que la pregunta del primero de agosto no indica nada de juicio contra ex presidentes, ni vincula a algunos de ellos a un proceso de corte administrativo o penal, ni genera el ejercicio de la acción penal de un ministerio público o de la Fiscalía General de la República, al contrario deja todo a la especulación y para un gran circo mediático, lo cual es benéfico para el presidente de la República y sus legiones de adoctrinados o fanáticos porque utilizarán ese ejercicio para realizar lo que mejor saben hacer: grilla política.

No debiera haber consulta, ni muchos menos pregunta si en este país hubiera Estado de Derecho y apego al ejercicio de la ley. Si el gobierno federal que encabeza Andrés Manuel López Obrador tiene la sospecha o tiene los elementos para ejercitar sanciones de corte administrativo o penal contra ex presidentes de la República como él ha dicho de forma reiterada, lo único que tiene que realizar es ejercitar esa acción por medio de las instituciones, no hacer un show matutino para amedrentar la institucionalidad democrática.

Si el gobierno de la República que se autodenomina de Cuarta Transformación tiene como eje central la lucha contra la corrupción que enjuicie con el peso de la ley a numerosos personajes del viejo régimen. Ahí tiene una larga lista empezando por ex presidentes, siguiendo por políticos del PRI, PAN, PRD, PVEM y el resto de partidos políticos, después puede continuar con los líderes sindicales y puede incluir si gusta a miembros de la clase empresarial que se beneficiaron con el periodo neoliberal.

Ahí los tiene a todos, como reza el argot popular “de a pechito”. En lugar de vaciladas como la consulta popular del primero de agosto, lo que debe hacer el gobierno del presidente López Obrador es empezar a gobernar, urge que el gobierno de la 4T genere resultados medibles, evaluables y creíbles, se requiere visión de futuro en lugar de venganzas o cobro de rencillas políticas. Se necesita una eficaz y ejemplar administración pública y menos grilla política electoral. En síntesis, la consulta de agosto próximo apuesta a más grilla, más caprichos presidenciales, más encono, más verborrea, más polarización y deja para después la consolidación de la gobernanza y la institucionalidad democrática.

 

 

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