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Nuevo año: nuevas esperanzas y nuevos impuestos

Al inicio del año es común que reinicien las nuevas esperanzas. De corte personal, de tipo económico, de perspectiva social, de tipo político y en este rubro la esperanza se coloca en quienes ejercen la labor de gobierno. El problema es que es enero, la esperanza de buena ventura gubernamental se diluye rápido y hay que empezar a despertar de las fiestas decembrinas.

 

Enero siempre es complicado, luego de las fiestas de fin de año hay que darle la cara a la realidad y el 2014 no es la excepción. El año que recién inicia trae nuevos impuestos aprobados en el último tercio del año pasado.

 

En las regiones fronterizas a partir del primero de enero se empezó a aplicar el Impuesto al Valor Agregado (IVA) que aumentó de 11 a 16 por ciento para homologarlo con el resto del país. Ese aumento no ocasionó ningún resquemor social debido a que en la frontera norte existe una arraigada tradición de trabajo y esfuerzo de la clase trabajadora y a la capacidad financiera de las empresas instaladas a todo lo largo de los municipios colindantes con los Estados Unidos.

 

Y en la región de la frontera sur la pobreza no permite visualizar el impacto de ese aumento, debido a la presencia de otras problemáticas más profundas de larga tradición: corrupción, tráfico de personas, marginación, impunidad, delincuencia, etnicidad, entre otras cuestiones comunes a la región centroamericana.

 

El transporte de pasajeros vía terrestre en este año presentará un aumento de  un 16 por ciento. Los pasajeros saldrán perdiendo con el impuesto, debido a que al igual que otros servicios sensibles a la población en diversas regiones del país no existe competencia en el servicio, lo cual ocasiona que las regiones del país estén acaparadas por dos o tres empresas que disponen de las rutas y de los ciudadanos que requieren el servicio.

 

Transportarse por vía terrestre en este país representa casi un lujo pero el servicio es pésimo, la mayoría del parque vehicular de transporte de pasajeros no es reciente, las pocas empresas en el sector quienes disponen de horarios y el personal que opera las unidades no siempre es el adecuado, dado que no se tiene un eficiente control sobre  los conductores, mucho menos de sus condiciones de salud.

 

Este año será recordado como el año donde tener mascotas en casa es una causal de impuesto. El alimento para perros y gatos o comprar uno de estos aumentará a 16 por ciento. El problema del impuesto que se  impondrá a las “croquetas” es que no va al fondo del asunto el cual es en muchas ciudades de este país un asunto de salud pública.

 

Una problemática común en diversas regiones de este país es la presencia de canes callejeros, el mismo Distrito Federal abrió el año pasado los titulares de los medios impresos con una problemática de ataques de perros a ciudadanos. Los canes en la calle combinados con otros factores como la pésima recolección de basura son portadores de infecciones, de enfermedades y representan el desorden que tiene una ciudad.

 

El impuesto que causo más polémica es el gravamen a las bebidas azucaradas, la goma de mascar y los refrescos. Se cobrará un peso por litro al igual que a los jarabes, concentrados  o polvos con contenido de azúcar. El chicle este año deja de tener tasa cero porque no es considerado un alimento.

 

Con ello se pretende lanzar una campaña de las entidades del sector salud en el país para reducir los niveles de sobrepeso y obesidad de la sociedad mexicana, haciendo especial énfasis en la población juvenil e infantil que en pocos años se verá afectada en masa por enfermedades como la diabetes o complicaciones cardiovasculares producto del alto consumo de refrescos.

 

Por último, los legisladores aprobaron que para este año  los alimentos que tengan 275 kilocalorías o más por cada 100 gramos como dulces, chocolates, helados, bombones y galletas tengan un costo de  8 por ciento más. El gobierno federal pretende con ello disminuir el consumo de estos productos con alto contenido calórico y limitar al igual que con los refrescos su compra.

 

A pesar de los gravámenes aprobados el consumo de alimentos denominados “chatarra” no se detendrá; como en los impuestos anteriores el problema está en otro lado. Está en la ingesta balanceada de alimentos y en la activación física que cada uno tiene que hacer en su hogar, en su espacio laboral y sobre todo en los espacios escolares, donde actividades que tienen que ver con el cuidado del cuerpo humano son visto como acciones decorativas y lo peor en diversas ocasiones esas actividades son operadas por improvisados o “fanfarrones” en la educación física, en el conocimiento dancístico, coral, musical o teatral.

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