Porfirio López

Querer y prometer: el camino simple a la presidencia

Todos los candidatos a presidente municipal de Ciudad Valles en la actual contienda electoral han estado desbocados en promesas y aspiraciones, muchas de ellas difíciles de cumplir. En esa sintonía de promesas y de anhelos presentados a diestra y siniestra en las colonias, comunidades y ejidos, hay quien quiere y promete construir espacios deportivos, quien quiere y promete fundar nuevos organismos públicos, quien quiere y promete ordenar los mercados municipales, quien quiere y promete regular el comercio ambulante.

En esa retahíla de candidatos existe quien quiere y promete regularizar terrenos, quien quiere y promete dotar de agua potable, quien quiere y promete proteger al sector femenino, quien quiere y promete mejores policías, quien quiere y promete tener mejores empleos, quien quiere y promete el saneamiento del río Valles, quien quiere y promete traer empresas, quien quiere y promete ayudar a comunidades indígenas y quien quiere y promete tener mejor recolección de basura.

En ese sentido, prácticamente todos quieren y prometen lo mismo: el bienestar de la ciudad. Lo único que no dicen es la forma de cómo alcanzar esas condiciones que permita cristalizar el querer y prometer. Querer y prometer es una formula simple para ganar adeptos y simpatías electorales, es lo más fácil de hacer cuando se inscriben como candidatos al gobierno local, pero no es lo mismo que tener la facultad presidencial, cumplir promesas y dar resultados de gobierno. De la promesa a la realidad hay un largo trecho. Ya se saben los qué, ahora hay que dar respuesta a los cómo y con quién. Sentarse en la silla de la presidencia municipal para tomar y firmar decisiones públicas no es lo mismo que andar saludando y riéndose desde un estrado en una colonia popular.

Los últimos presidentes locales y los respectivos cabildos que se han tenido y estructurado se han quedado muy cortos en sus aspiraciones y promesas. Han mostrado su incapacidad para sanear las finanzas locales, han mostrado sus limitaciones para procurar desarrollo económico, han exhibido sus carencias para limitar la acción criminal, han quedado rebasados por la demanda de servicios básicos como luz eléctrica, agua potable, empleo, salud pública, educación y pavimentación y han sido lentos para dar respuesta en el marco de la transparencia y la rendición de cuentas.

De ahí que en la actual contienda electoral se siga por la misma ruta de los candidatos de antes: el querer y el prometer. Nadie visualiza todavía la campaña como un espacio para la revisión de cuentas públicas y la edificación de un presupuesto participativo basado en resultados. Nadie visualiza la administración pública local como una oportunidad para dar resultados basados en evidencia y en rendición de cuentas, nadie habla de un modelo de ordenamiento territorial de la ciudad, nadie habla de la profesionalización de los servidores públicos.

En esa misma sintonía de limitaciones y de promesas al aire, nadie pone un alto en su verborrea pública para ofrecer una radiografía presupuestal del municipio, nadie presenta sus planillas para regidores y síndicos para que los ciudadanos los conozcan, nadie habla con certeza de la movilidad urbana, nadie visualiza el futuro en temas nodales como el agua potable, nadie ofrece un panorama local en el contexto de la post pandemia y nadie habla de la necesidad de tener capacidades institucionales para dar respuesta a los anhelos de la ciudadanía.

Todo está centrado en lo mismo de siempre, presentar al candidato a presidente municipal como si el personaje en automático fuera a resolver todas las deudas sociales del municipio. En cada lugar, esquina o poste vemos el espacio público inundado de pegotes, de publicidad, de slogans, de caras conocidas y desconocidas. Vemos a los aspirantes a la presidencia en poses de actor de televisión, con amplias sonrisas, con miradas desafiantes, con marcos de colores, pero no se alcanza a ver que pretensiones de gestión pública tienen.

Por esas limitaciones de los diversos candidatos es que vemos lo mismo de todas las campañas políticas, existen quienes recorren las calles y avenidas a bordo de automóviles, hay quien se para a repartir volantes, abrazos, sonrisas y saludos en los tianguis y mercados públicos, existen quienes se plantan en las plazas más populares para llevar acarreados, existen quienes llevan tras de sí carretadas de jóvenes haciendo bullicio para generar falsas imágenes de efervescencia y simpatía política. Parece que nada ha cambiado, sigue el reparto de despensas, de camisetas, de calcomanías, de instalación de mantas y espectaculares, se mantiene como tradición la entrega de sombreros, gorras y de mochilas con los logotipos de los distintos partidos políticos.

Con o sin alianza los partidos políticos y sus candidatos siguen la misma inercia del pasado, querer y prometer como un camino simple para llegar a ser presidente. No importa si los partidos políticos son los tradicionales (PRI, PAN, PRD, Morena, PVEM, MC, CP) o son nuevos (RSP, PES, Fuerza por México). Una vez conseguido el puesto de presidente municipal no hacen realidad sus promesas, solo se dedican a incrustar en direcciones de gobierno y en zonas estratégicas del andamiaje de la administración pública a sus allegados y a sus benefactores.

 

Commentarios

comentarios

Más vistas

To Top