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#RvParanormal Macabra procesión de niños fantasma pidiendo chichiliques

 

CIUDAD VALLES, S.L.P. Era el 1 de noviembre y en las casas del ejido Rancho Nuevo, los Altares de Muerto estaban listos con ofrendas de pan, café, juguetes de madera, golosinas sobre el mantel de colorido papel de china y encima mandarinas y naranjas colgando de las ramas de limonaria; los caminos de pétalos de cempasúchil marcaban la ruta desde el camino hasta los arcos para que los espíritus de niños fallecidos pudieran arribar sin contratiempos para convivir con sus seres queridos en este Mundo.

El ambiente olía a copal y la luz de veladoras iluminaba fotos de pequeños difuntos.

Por diversos rumbos el estruendo de cuetes encendía chispas efímeras sobre el oscuro cielo.

Grupos de niños se dispersaban por las callejuelas y veredas del caserío, algunos con disfraces y máscaras, con bolsitas de papel o ixtle pidiendo ofrendas en las casas.

Ese era el día dedicado a los Angelitos o sea niños pequeños fallecidos que bajaban al altar.

Alejados del núcleo de la comunidad vivían diversas familias entre los cerros y de una ellas salieron Severiana y sus tres hijos de 9, 7 y 5 años a los que se agregaron dos sobrinos para dirigirse al poblado.

Conocían el sendero entre la densa vegetación porque lo recorrían muchas veces por diversas razones.

Los niños caminaban delante de Severiana entusiasmados porque la madrina de Chucho, el mayor, los había invitado a cenar tamales y atole en el altar dedicado a Daniel su hijo muerto a los 6 años por la mordedura de una víbora.

Antes de salir al camino grande tenían que cruzar un arroyo que la mayor parte del año permanecía seco.

Sin saber la macabra experiencia que enfrentarían llegaron al cauce y comenzaban a adentrarse cuando un lejano murmullo que provenía de la corriente arriba los hizo detenerse.

Severiana les ordenó salirse para que pasaran lo que parecían ser un grupo de personas. El rumor se acercaba y poco a poco una frase quedó clara: Eran voces de niños que decían “Queremos chichiliques… queremos chichiliques”
– “Háganse a un lado para que pasen los niños, es dijo.
Así lo hicieron; se pararon en la orilla y otros se sentaron sobre piedras con curiosidad.

Las voces se acercaban y aunque alcanzaban a observar un tramo del arroyo por la luz de estrellas reflejada sobre las rocas nadie aparecía.

Pero sintieron una corriente de aire frío que cruzaba el lecho y de pronto frente a sus desorbitados ojos comenzaron a materializarse figuras espectrales de niños que vestían pedazos de ropa, flotaban sobre las piedras y sus cuerpos eran cadavéricos.

Aterrados por las macabras apariciones los pequeños se apretaban contra Severiana que temblaba sudando.

Los rostros de los fantasmas apenas eran visibles pero se apreciaban tristes y descarnados y despedían un extraño y pálido fulgor.

La visión era escalofriante y el momento se hizo eterno para la mujer y los menores.

Ls frase ” Queremos chichiliques …” llenaba el ambiente mientras los espectros se desplazaban.

De pronto como surgió el murmullo, cesó y los sonidos de la noche volvieron a escucharse.

Haciendo un gran esfuerzo Severina y los niños llegaron a la casa de la comadre quien a mirar el miedo reflejado en su cara les preguntó qué les había ocurrido.

Severiana se desplomó y comenzó a llorar y se convulsionaba, pero no podía hablar.

La comadre, Francisca, salió al patio, cortó ramas de albahaca, puso incienso en vasijas de barro y puso las hojas sobre Severiana los y los niños mientras oraba.

Minutos después, le comentaron la traumática experiencia y Francisca dijo por lo bajito..’ son los espíritus de los niños que se perdieron y murieron hace muchos años en la de sierra, y no saben cómo llegar a los altares”.

En el cruce del camino con el arroyo fue construida una pequeña capilla y en su interior cada 1 de Noviembre colocan golosinas para niños y encienden veladoras.

Foto Archivo

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