Porfirio López

Temporada de incertidumbre

No se alcanza a ver hacia donde se dirige eso que se autodenominó en diciembre de 2018 como Cuarta Transformación. A casi la mitad del sexenio y con las elecciones intermedias encima no existe crecimiento económico, el avión presidencial no se vendió, no se han barrido las escaleras de arriba abajo, no hay ningún indicador positivo en materia de combate al crimen organizado, la pobreza ha aumentado, la relación con Estados Unidos y Canadá en el marco del T-MEC están desangeladas, las reformas del sexenio anterior fueron eliminadas, pero en su lugar no existe nada.

En el contexto actual lo que existe es una gran dosis de incertidumbre. ¿Qué y por qué se produce eso? Nada más y nada menos por la labor que ha venido realizando el gobierno federal en su ejercicio de acción pública. El gobierno de la 4T desapareció todo: guarderías para niños y niñas, refugios para mujeres violentadas, no compró medicamentos para niños y niñas con cáncer y enfermos de VIH, despojó de recursos a la ciencia e investigación, quitó programas esenciales al sector agropecuario, desapareció el Seguro Popular y canceló la construcción del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, entre otras cosas.

El gobierno federal que encabeza Andrés Manuel López Obrador acusó toda esa desaparición al combate a la corrupción y los malos gobiernos, ese es su catecismo. Todos los días culpa al pasado, arremete y amedrenta por igual a la prensa y a jueces, pero de forma curiosa es el pasado que él ha querido construir y atacar. Generalmente se ocupa del sexenio de Felipe Calderón y ha preferido olvidar el sexenio de Enrique Peña Nieto. Su obsesión está en el 2006-2012, de ahí parte su encono, todo lo demás lo echa en un mismo costal y prefiere el adjetivo de “conservador” o “neoliberal” Así se ha mantenido el presidente López Obrador la mitad de su sexenio.

La incertidumbre entonces es provocada por la acción del gobierno de la autodenominada 4T. Nadie va a invertir en un país cuando su presidente se muestra renuente, sin seriedad, ni diplomacia con su socio comercial más importante que es Estados Unidos, pocos voltean a ver la marca país México si su presidente todos los días se dedica a atacar, denostar, descalificar lo que el denomina modelo neoliberal, nadie va a visualizar a México como un país serio cuando su presidente se envuelve en un discurso nacionalista y vocifera que le pidan perdón los españoles y El Vaticano por las ofensas del pasado.

Pocos países van a visualizar a México como un país donde existe legalidad, orden y seguridad, luego de que a tres años de gobierno estos tres conceptos no gozan de buena reputación, en gran parte porque la acción de grupos criminales aumenta y la cifra de violencia criminal se mantiene y el gobierno de la 4T que prometió acabar con eso, parece ausente o distante. Si en diciembre de 2018 había incertidumbre en torno a las acciones de López Obrador en la presidencia, con el correr de los meses y años, ese marco de incertidumbre se ha incrementado.

En tres años de gobierno López Obrador ha tomado decisiones. En política y como labor de gobierno esas acciones tienen un costo. Ha decidido inundar poblaciones y comunidades rurales en su natal Tabasco, ha decidido no ir con las víctimas de la Línea 12 del metro de la Ciudad de México, ha decidido entregarles demasiado poder y concesiones de infraestructura a las Fuerzas Armadas, ha decidido comprar una refinería en Texas con una deuda de 980 millones de dólares, ha decidido construir un Tren Maya, ha decidido dejar libre a Ovidio Guzmán y ha decidido limitar la acción de organismos autónomos.

Hoy tenemos un marco electoral complejo y eso abona a más crisis e incertidumbre. El presidente de la República ha decidido meterse de lleno a la elección, los candidatos de Morena que intentan llegar al Congreso de la Unión, una gubernatura, una curul estatal o una alcaldía usan de forma descarada la imagen del presidente para influir en el electorado, intentando conectar y repetir en el electorado el voto parejo o en cascada. En el otro sentido existen coaliciones y alianzas partidistas que en muchos distritos electorales opacarán las intenciones que tiene el presidente López Obrador de contar con una mayoría legislativa en los próximos tres años.

En días próximos habrá elecciones intermedias. Será un termómetro para medir o castigar al partido en el gobierno y a los diferentes partidos políticos en los gobiernos estatales y locales. Por supuesto que la radiografía electoral del domingo 6 de junio no será la misma de julio de 2018. Habrá voto de castigo al partido del presidente, es lo más obvio y de los resultados que se obtengan dependerá el futuro de los próximos años. Del lunes 7 de junio en adelante podremos observar si el voto ciudadano sirvió para limitar y quitarle poder a un presidente que añora tiempos pasados del priismo autoritario o sirvió para aumentar el intento de destruir todo para dar paso a un remedo de presidencialismo hegemónico.

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